Movistar ha presentado la quinta temporada de House of Cards largamente esperada y que no decepciona a los espectadores: los “Underwood” realizan una fuga hacia adelante y muestran, una vez más, lo peor de sí mismos y uno de los aspectos más preocupantes de la política norteamericana. Una temporada a la altura de las anteriores que certifica que este serie le corresponde un lugar destacado en la historia de las producciones televisivas.

HOUSE OF CARDS : CRITICA Y FICHA SERIESTVINFO

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Por aquellos misterios y contradicciones de la televisión los suscriptores de Netflix no han sido los primeros en ver la quinta temporada de House of Cards, sino los de Movistar, por mucho que la serie sea un producto con el marchamo Netflix. La cosa se entiende mucho mejor si se distingue entre “producción” por un lado y “derechos de emisión” por otro. Ya pasó con la cuarta temporada que tardó un año en llegar a Netflix y volverá a pasar con la quinta. La buena noticia es que habrá sexta temporada.

En la quinta temporada, la serie no ha defraudado y sigue seduciendo al espectador. En esta, los temas esenciales son la manipulación del terrorismo para obtener situaciones favorables, el falseamiento de los resultados electorales, la liquidación física de algunos protagonistas, las intervenciones exteriores, los centros de poder paralelo, la amenaza de un golpe interior, el “empeachment”, que, en su conjunto constituyen una verdadera fuga hacia delante de la pareja protagonista y se unen a los ya presentes en otras temporadas: las críticas a la democracia, la astucia y la maniobrabilidad que junto a la falta de escrúpulos y la voluntad de poder, constituyen una especie de denominador común de la serie.

Hay algo de “historia americana” en esta temporada: es inevitable recordar –y la serie lo ha hecho con prudencia- que lo que nos presenta son episodios recientes de la política de EEUU. ¿O es que vamos a recordar que George W. Bush ganó las elecciones presidenciales después de que el país permaneciera casi un mes atento a los resultados electorales en Florida sobre los que no había forma de ponerse de acuerdo y que fue, finalmente, Al Gore, quien cerró una polémica que no se sabe hasta dónde hubiera podido llegar, aceptando simplemente su derrota? ¿Es que vamos a olvidar que todo el período de ocho años en el que Bush se sentó en el “despacho oval” estuvo presidido por la “lucha antiterrorista” y por unos atentados que, milagrosamente, aparecían abriendo el camino a cualquier aventura presidencial? ¿No debemos recordar como su antecesor, Bill Clinton, desviaba la atención de cualquier crítica a su gobierno emprendiendo dramáticos bombardeos en el exterior que el pueblo serbio o el pueblo iraquí debieron soportar con su cuota de dolor y muerte?

Algunos comentaristas han querido ver en la deriva de los “Underwood”, una crítica a la presidencia de Donald Trump… Difícilmente: a fin de cuentas, Trump es un espontáneo, un outsider, mientras que “Frank Underwood” es un producto del stablishment norteamericano: conoce bien las cámaras de representantes, conoce la dinámica interior de su partido y conoce, por supuesto, la regla esencial de la democracia americana: una cosa es el poder político que se puede manejar desde la Casa Blanca y otra muy diferente el poder real que está en otras manos.

En esta quinta temporada aparece un episodio axial: “Underwood” acude a la reunión de “Los Campos Elíseos”, una especie de picnic que reúne de manera informal a millonarios, industriales, magnates de las nuevas tecnologías, de la industria petrolera, de las corporaciones financieras, de la cultura… Es el “verdadero poder”. No solamente se dirige a los asistentes, sino que es allí en donde recibe la información con la que logrará imponerse a su rival. Bajo la aparente e inofensiva forma de picnic, lo que estamos viendo es una de esas “conferencias de notables” con las que se ha movido la historia desde los primeros años del siglo XX: les llamemos “Consejo de Relaciones Exteriores”, “Club de Bildelberg”, “Comisión Trilateral”, “Pugwash”, etc, etc, son los verdaderos centros de poder. ¿Usted cree en las votaciones? ¿Usted cree que su voto sirve para algo? ¿Cree en las instituciones que usted elige? ¿Cree usted que algún político hará algo por quien no sea él mismo? No sea ingenuo, hombre, con el rótulo de “democracia” a usted se le permite creer que “gobierna”, pero ni usted gobierna ni aquel al que ha elegido lo hace: gobierna quien tiene las riendas del poder y esté está en manos de quien tiene las riendas de la economía. Sin olvidar que usted vota porque se deja llevar por una propaganda electoral de la que, desde luego, no puede fiarse o por unos instintos que siempre, absolutamente siempre, son víctimas de los maestros de la manipulación mental. Así que no sea ingenuo: vea cómo “Frank Underwood” le ilustra sobre quién gobierna realmente y escuche con atención lo mejor que tiene la serie, los soliloquios del protagonista describiendo el panorama político norteamericano (no olvide que el resto de panoramas políticos nacionales no son más que la fotocopia reducida de aquel que es ejemplo, guía y  camino para cualquier otro).

En esta quinta temporada aparecen algunos personajes nuevos. La temporada arranca a medio gas, pero es un subterfugio de los guionistas que están operando como aquellos jugadores de ajedrez cuyas primeras jugadas son banales y poco ilustrativas sobre su calidad, pero cada dato que se sirve al espectador constituye un elemento que será desarrollado luego o adquirirá en los episodios siguientes importancia decisiva.

Como en las anteriores temporadas, la serie no se alude sólo a “Frank Underwood”, sino a su esposa, “Claire” que, va ganando cada vez más protagonismo, entre otras cosas, porque está hecha de la misma pasta que su marido y en esta temporada, en los dos episodios finales protagoniza una de las escenas más escalofriantes (e imprevistas) de esta temporada. “Claire” queda situada en una posición excepcionalmente favorable para ser el personaje central de la sexta temporada que ya se ha contratado y para la que habrá que esperar un largo año.

Entre las novedades de la temporada figura la presencia de “Patricia Clarkson”, protagonizada por Jane Davis, un personaje que aparece de improviso, viperino, conspirador, serpentino, que odia a “Frank” y ama a “Claire”. La “Clarkson” lo sabe todo, está en todo, se adelanta a todo, sin que esté muy claro al servicio de quien está. Practica alguna forma de yoga, parece emocionarse en algunos momentos por mucho que aparezca siempre como fría y calculadora. El suyo promete ser otro papel estelar en la siguiente temporada. Puede intuirse que es el nexo de unión entre el “poder político” y el “Poder” con mayúsculas, ese que, al que finalmente, “Frank Underwood” en aquella reunión en “Los Campos Elíseos” tuvo la iluminación. Porque (y esta es la conclusión de la quinta temporada explicitada en la última media hora del último episodio) “Frank” lo que quiere no es el “poder del despacho Oval”, sino ese verdadero “Poder”. El otro se lo deja a su mujer, “Claire”.

Las piezas de ajedrez de los primeros episodios, llegan a su apoteosis en los dos últimos. Cuando termina la serie uno espera impaciente la próxima entrega y luego, cuando en la soledad se relaja y piensa en lo que ha visto, no puede asaltarle una duda: ¿qué se pretende con esta serie? ¿Es simplemente una serie de televisión, brillante como lo fueron Boardwalk Empire, True Detective, Fargo o cualquier otro de los éxitos del último lustro, sin más, sin mensaje, sin trasfondo, recurriendo solamente a elementos efectistas para fijar el espectador al plasma? ¿O más bien es como si un diosecillo anónimo nos expusiera lo que verdaderamente está ocurriendo en las esferas del poder y que, algunos, desde hace mucho pensamos que está efectivamente ocurriendo? Y en este último casi, es evidente que no se trata de una denuncia (a fin de cuentas, los “Underwood” son los anti-héroes con los que el espectador se identifica), sino casi de una burla (“sabemos que eres ciego y tonto, sabemos que eres carne de cañón, sabemos que a las ovejas se les puede contar claramente que van al matadero y explicarles su papel bovino y el de los perros guardianes, total, no entenderán nada”).

Hay un elemento preocupante en esta temporada: la cuestión del “empeachment” (procesamiento del presidente por el congreso y destitución). Resulta curioso que el “empeachment” sea la posibilidad que tienen los adversarios de Donald Trump para expulsarlo de la presidencia (y que ya acabó con la carrera de Richard Nixon). Pero hay algo inquietante: la serie se estrenó el 30 de mayo de 2017 y hay que pensar que los guionistas habían terminado su trabajo mucho antes (la serie se terminó de montar el 14 de febrero de 2017). Pero Trump no juró su cargo hasta el 20 de enero de 2017 y el fantasma del “empeachment” presidencial no apareció hasta finales de mayo de 2017… Una de dos, los guionistas, o son profetas o habrá que aceptar la versión conspiranoica de que han elaborado el contenido central de esta temporada como una especie de “guía” sobre cómo actuar en la “era Trump” (esto es, contra Trump). Porque, en el fondo: el problema de este presidente es que está en la Casa Blanca, detenta el poder político, pero en absoluto pertenece al “stablihsment”, no tiene ese Poder con mayúsculas que está en otro lugar. ¿Hay que recordar que el tráiler de la 5ª Temporada de la serie se lanzó el mismo día de la toma de posesión de Donald Trump?

En este sentido, esta temporada es diferente a las anteriores: si las otras nos mostraban cómo habían sido los EEUU hasta ahora y de qué material estaban hechos los inquilinos de la Casa Blanca, en esta quinta temporada, además de esto, se nos indica cómo va a evolucionar el país (hacia el “empeachment”), quién dirige verdaderamente los EEUU (los centros de poder: económico, tecnológico, petrolero e industrial). Y yo me pregunto: ¿tiene este giro inédito en la serie algo que ver con la renuncia de Beau Willimon (su creador) a seguir ejerciendo como “showrunner” y su sustitución por Melissa James Gibson y Frank Pugliese, con mucha menos experiencia y, por tanto, mucho más dóciles a las influencias exteriores?