FICHA

Título original: Channel Zero: Candle Cove
Título en España: Channel Zero: Candle Cove
Temporadas: 2 temporadas (6 episodios)
Duración episodio: 43 minutos.
Año: 2016-2017
Temática: Drama.
Subgénero: Terror.
Resumen: Cada temporada es, en la práctica, una miniserie de tres episodios con argumentos de terror basados en leyendas urbanas de los años 80 que llevan el título de la primera temporada.
Protagonistas: Paul Schneider, Fiona Shaw, Shaun Benson, Natalie Brown, Cassandra Consiglio, Luisa D’Oliveira, Abigail Pniowsky, Luca Villacis, Keenan Lehmann, Marchant Liam, Liam Marchant, Connor Peterson, Kristen Harris.
Lo mejor: Integra elementos que antes que han estado en la base de otras series de éxito.
Lo peor
: No siempre el relato es coherente.
Lo más curioso: Los dos relatos han sido tomados de relatos que circulaban en los 80 y que en los 90 empezaron a ser llamados “creepypastas”.
¿Cómo verlo?: Se emite por HBO y en el canal SyFy.

Puntuación: 7

PROMO 1ª temporada (en inglés)

PROMO 2ª temporada (en inglés)

CABECERA

MÚSICA

VER SERIE

WEB OFICIAL

Comprar DVD en Amazon (no está a la venta)

Lo mínimo que puede decirse sobre CHANNEL ZERO: CANDLE COVE

Hay series que no son muy difíciles de hacer. Lo más difícil es convencer a una productora de que, efectivamente, puede triunfar ante la audiencia joven. Porque sólo la audiencia joven, habituada a utilizar Internet como instrumento de ocio está pendiente de los “creepypastes”, concepto que deriva del “copypaste” propio de la red: a usted le gusta algo, lo copia, lo pega y se lo envía a todos sus amigos. Así nacen los fenómenos virales. Pues bien, los “creepypastes” son historias de terror que circulan de esa manera. Hay de todo tipo, pero las que remiten a leyendas urbanas de los años 80 y que refuerzan digitalmente su contenido terrorífico son las utilizadas en esta serie de la que, de momento, han aparecido dos “temporadas” que en realidad son dos miniseries de tres episodios cada una.

Channel Zero parte de una “creepypaste” que se va actualizando a medida que circula y que, inicialmente, se conoció simplemente como “1999”. La leyenda urbana original aludía a “Elliot”, un chaval canadiense, fanático de Pokemón, que vivía cerca de Toronto ese año. Su padre le compró una tele que instaló en su habitación y, hurgando canales, descubrió uno inédito, el Caledon Local 21. Este canal ejercía una seducción particular sobre “Elliot” a pesar de que sus programas estuvieran mal hechos, uno especialmente: “La bodega del señor Oso”. El protagonista, secuestraba a niños de la zona y los utilizaba para realizar este programa. Obviamente, los niños eran luego, regularmente asesinados. Poco a poco, este “creepypaste”, a medida que iba pasando de unos a otros era enriquecido con más detalles. Tal fue la idea que Nick Antosca utilizó para componer la primera temporada de esta serie que fue incorporada al canal norteamericano Syfy.

Lo que nos muestra la serie es un psicólogo que regresa a un pequeño pueblo en el que transcurrió su infancia, bruscamente interrumpida por la muerte de su hermano gemelo y de otros chicos de su edad cuyos cadáveres aparecieron colgados de un árbol en el bosque, sin dientes. Ahora, todos los que eran niños en el pueblo y vivieron aquellos hechos, empiezan a recordar una serie que habían visto en los días anteriores a los asesinatos: “Candle Cove”, un programa de marionetas en el que el protagonista es un pirata con el cráneo descarnado y unos ojos y dientes terroríficos. Era un programa que ninguno de los adultos había visto y que nadie de aquellos niños logró localizar jamás clip o fotografía alguna. Todos empiezan a pensar que fue aquel programa el que, de alguna manera, “poseyó” a los niños y les hizo cometer los asesinatos de sus compañeros.

Aparte de la influencia muy directa y reconocida de los “creepypaste”, son reconocibles las influencias de varias series recientes de TV: los relatos tienen algo de American Horror Story (2011-hoy), otro poco de Stranger Things y de Outcast e incluso podemos localizar alguna remota influencia de la primera temporada de True Detective. El escenario rural de la serie, lo truculento e inexplicable de los crímenes, los elementos icónicos de la serie (dientes, habitaciones), los fenómenos de posesión (alteraciones de la personalidad y del comportamiento a causa de factores externos que se apoderan de la voluntad del sujeto y le obligan a cometer acciones de las que sería incapaz en condiciones normales), las sospechas que recaen entre los protagonistas sobre sus niveles de culpabilidad, el misterio que da lugar a la leyenda urbana, están bien engarzados en esta serie sin alcanzar niveles de genialidad ni excelencia.

Las dos temporadas de Channel Zero se dejan ver con facilidad e incluso algunas incoherencias del guión pueden perdonarse, especialmente porque tan solo nos exige ver tres episodios: lo justo. No marea, no extiende la trama más de lo necesario, no cae en reiteraciones, no queda, finalmente, la sensación de que nos han tomado el pelo y hemos perdido horas y más horas en saber algo que ni siquiera el último episodio de la serie acierta a explicarnos (recuérdese Perdidos, La Cúpula y series similares). La brevedad de las temporadas autoconclusivas es uno de los elementos más de agradecer en esta serie.

Desde el punto de vista estético, los productores han jugado con algunos elementos interesantes. A diferencia de otras películas de terror, en ésta, la noche, la oscuridad, las puertas que chirrían, están ausentes: la mayoría de las escenas ocurren a plena luz y los sueños de los adolescentes parecen luminosos. El hecho de que sean niños los protagonistas contribuye a aumentar la sensación de terror, porque se intuye que alguno de ellos es, además de angelical, se convierte en matarife después de ver los episodios de Candle Cove. La misma falsa serie de marionetas del falso canal que solamente ven los niños, pero que permanece cerrado para los ojos de los adultos, tiene algo de inquietante detrás de una aparente banalidad. Y si no, miren ustedes al “Mandídula”, el pirata que lo protagoniza, y ya me dirán…

Paul Schneider protagoniza la serie. Lo hemos visto recientemente en Café Society la última película de Woody Allen. Tiene experiencia suficiente para salir airoso del trance. El resto de actores, más discretos, aportan menos. En cuanto a la fotografía es igualmente discreta, no nos dejará admirar ningún encuadre especial, pero los responsables conocen su trabajo. Es una serie de presupuesto limitado y la parte del león se la llevan algunos efectos especiales, como ese niño cubierto completamente con dientes infantiles. Porque los dientes son un distintivo de la primera temporada de esta serie. Recuerden: soñar con dientes es soñar con muertos. Decididamente, no hay nada original en esta serie, pero el cocktail resulta inquietante.

Anuncios