FICHA

Título original: Beverly Hills 902010
Título en España: Sensación de vivir
Temporadas: 10 temporadas (296 episodios)
Duración episodio: 43 minutos.
Año: 1990-2000
Temática: Culebrón juvenil.
Subgénero: Drama.
Resumen: Un grupo de jóvenes, todos ellos pijos y pertenecientes a familias con posibles, viven en el famoso barrio californiano y frecuentan la misma High School. Todos los personajes vivirán e interactuarán en esos escenarios dando pie a situaciones típicamente juveniles.
Protagonistas: Shannen Doherty, Jason Priestley, Luke Perry, Jennie Garth, Tori Spelling, Ian Ziering, Brian Austin Green, Carol Potter, James Eckhouse, Hilary Swank, Tiffani Thiessen, Gabrielle Carteris, Kathleen Robertson, Josie Davis, Dina Meyer.
Lo mejor: Estaba muy bien diseñada y presentada para gustar solo y nada más que a adolescentes.
Lo peor
: Algunos protagonistas eran sencillamente impresentables.
Lo más curioso: Todos los que en su momento la disfrutaron, apenas dos décadas después son sus críticos más mordaces.
¿Cómo verlo?: Se emitió a través de Telecinco y posteriormente en FDF y algunos canales autonómicos. Se puede encontrar a través de programas P2P, comprar en DVD y algunos de los mejores momentos están en youtube.

Puntuación: 5,5

PROMO – 1  (en inglés)

PROMO – 2

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Lo mínimo que puede decirse sobre SENSACIÓN DE VIVIR

Fue el culebrón juvenil de los 90. No hay otra serie que pudiera rivalizar mundialmente con ella, ni a la que los adultos fuéramos tan impermeables. Fue copiada en infinidad de ocasiones y en todos los países tuvo réplicas y sus hechuras copiadas una y otra vez hasta nuestros días. En España tuvimos Nada es para siempre, Sin miedo a soñar, Física o química, Al salir de clase, y alguna que otra que olvidamos por olvidable. Fue una fiebre que todavía dista mucho de haber pasado y el resultado de una forma de segmentar el mercado televisivo para apostar en productos que gusten a determinadas franjas del público: a los jóvenes, a los adolescentes, a los adultos, a los maduritos, a la tercera edad… y que, sorprendentemente, consiguen que cuando alguien que las haya admirado, las vuelta a ver unos años después, cuando el inevitable paso del tiempo, ya ha operado lo suyo, sienta vergüenza de lo que admiró en otro tiempo. Sensación de vivir es una serie que solamente se puede ver cuando se es adolescente. Si has superado esa época, visionarla causará una sensación de aburrimiento cósmico.

Y sin embargo, la serie lleva la marca del productor Aaron Spelling (de hecho, su propia hija se “acopló” a la serie en el personaje de “Donna”). Y, como se sabe, Spelling sabe lo que le gusta al público de cada edad. En nuestra ingenuidad infinita ignoramos si la banalidad y la superficialidad de esta serie fue un signo de los tiempos presente en otros productos de los años 90, o bien se trató de una conspiración deliberada como que los jóvenes crecieran con la capacidad crítica de una hormiga aquejada de parálisis cerebral. Lo cierto fue que, a partir del gozne entre la década de los 80 y la de los 90 y, desde entonces, este tipo de productos se han apoderado de las franjas horarias de mayor audiencia.

Si a esto unimos el que en algunos países el sistema educativo empezó a entrar en decadencia desde esa misma época y que la mayoría de los gobiernos no han hecho absolutamente nada para reorientarlo, entenderemos el porqué los espectadores, cuanto más jóvenes son, se conforman con productos de menor calidad. Éste, por ejemplo, es de calidad ínfima, pero encajó con el perfil de los jóvenes de la época, constituyendo un verdadero fenómeno social. Criticarla, supone, en el fondo, criticar a aquel tiempo. Ya hemos recordado al tratar Melrose Place, el contexto de la época. De hecho, Melrose Place era casi un spin-off de esta serie y en sus tres primeros episodios pudimos ver a los personajes más conocidos de Sensación de Vivir, desfilando por aquel bloque de viviendas de Los Ángeles en tareas de promoción de la serie.

Porque, en efecto, cuando empieza a emitirse Melrose Place, Sensación de vivir lleva dos años en pantalla y algunos de los que empezaron a verla, ya tienen edad suficiente para poder apreciar el spin-off. Precisamente, esas dos primeras temporadas fueron las más interesantes, acaso porque no conocíamos todavía a los personajes, quizás por la novedad del formato, o, simplemente porque se trataba de “criar fama”. El caso es que la serie, posteriormente, fue degradándose más y más, sin, sorprendentemente, perder el apoyo del grupo social para el que había sido creada: los adolescentes.

A esta serie seguirían otros productos adaptados para jóvenes y –si se ha leído lo que hemos escrito a propósito de Melrose Place– se entenderá el porqué, en la década siguiente, ya en el siglo XXI, empezaron a aparecer series juvenil y de adolescentes, con tintes cada vez más sombríos (Buffy cazavampiros, Crónicas vampíricas, la saga Crepúsculo en pantalla grande, series innumerables de vampiros juveniles, Crazy Head, zombies adolescentes de ida y vuelta: In the flesh, Les revenants, etc, etc, y en España, El internado, El don del alba, Hay alguien ahí). A la superficialidad de los 90 siguió la angustia del nuevo milenio (iniciado en la práctica el 11-S de 2001). Si las series encarnan el zeitgeist de una época (su espíritu), basta seguir las series más seguidas por los jóvenes para entender que encarnan, precisamente, los rasgos más significativos de cada tiempo. Y hoy, son la angustia, el terror, la incomodidad, como ayer, en los 90, eran la banalidad, lo superficial, lo insípido y fútil.

En Sensación de vivir podemos encontrar interpretaciones aceptables y actores que demostraron cierta calidad y savoir faire (Jason Priestley, Shannen Doherty, Luck Perry), otros más limitados (Tori Spelling, que apenas volvió a actuar) y algunos que estaban en sus primeros pasos y luego han ido mejorando (Ian Ziering). Las actuaciones, está claro, no eran lo esencial en esta serie que se basaba sobre todo en que a los jóvenes les pasaran cosas en cada episodio: por una parte aparecían los problemas ligados a los tópicos de la época (las drogas, el racismo, el aborto, la sexualidad, los nuevos modelos familiares, los embarazos no deseados, el suicidio, las sectas) y que siempre se trataban desde la óptica de la corrección política; por otra, las hormonas hacían que unos y otros protagonistas se acercaran y se alejaran unos de otros; en efecto, lo sentimental y sexual fueron ganando espacios cada vez mayores; luego estaban los problemas en los estudios. Todos ellos eran alumnos de la escuela secundaria West Beverly Hills High School. A medida que pase el tiempo, irán ingresando en la universidad del Estado. Los protagonistas indiscutibles son los hermanos Walsh, mellizos, “Brandon” (Priestley) y “Brenda” (Doherty), apoyados por “Dylan” y por “Andrea” (Gabrielle Carteris).

La serie, va cambiando a medida que avanza, especialmente de la segunda a la tercera temporada, cuando ya está consolidada y se empieza a producir una visible pérdida de calidad que entonces fue percibida por el público. De hecho, fue en la tercera y cuarta temporadas cuando alcanzó sus cotas más altas de audiencia, llegando a los 20.000.000 de espectadores de los que apenas quedaban 8.000.000 en la última temporada.

Serie sólo para adolescentes mientras sigan siéndolo. Quedan contraindicadas revisiones años después. Serie hija de su tiempo que, como Melrose Place, solamente debería ser reexaminada para entender cómo fueron los años 90. Las buenas series –entonces y ahora- están en otros lugares.