FICHA

Título original: Sex and the City
Título en España: Sexo en Nueva York
Temporadas: 6 temporadas (94 episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 1998-2004
Temática: Comedia de situación.
Subgénero: Mujeres.
Resumen: Cuatro mujeres solteras, independientes y con buen nivel económico, viven y debaten sobre su sexualidad y sobre temas controvertidos, pero siempre desde la corrección política y el progresismo más sofisticado.
Protagonistas: Sarah Jessica Parker, Kim Cattrall, Kristin Davis, Cynthia Nixon, David Eigenberg, Chris Noth, Willie Garson, Kyle MacLachlan, John Corbett, Evan Handler, Jason Lewis, Lynn Cohen, Mario Cantone, James Remar, Frances Sternhagen, Mikhail Baryshnikov, Ron Livingston, Sean Palmer, Ben Weber, Bridget Moynahan, Blair Underwood, Amy Sedaris, Anne Meara, Sonia Braga, James Goodwin, Molly Shannon, Pierre Epstein, Candice Bergen, Eleni Fuaixis, Emily Cline, Andrew Stewart-Jones, Vicky Cunningham, Craig Bierko, Justin Theroux, John Slattery, Robert John Burke, Daniel Gerroll, Anne Lange, Marc Grapey, Molly Price, James McCaffrey.
Lo mejor: Mostrarnos otro aspecto de la vida neoyorkina moderna; muy realista sobre los modelos humanos presentados.
Lo peor
: A fin de cuentas son cuatro mujeres que se pasan el día hablando de sexo, saqueando tiendas, quemando plástico, con pretensiones de chicas “in”, superficiales hasta la exasperación y más vacías que un biberón recién exprimido por un bebé sediento.
Lo más curioso: La serie se desarrollaba en un barrio ficticio de Los Ángeles, “Fair Oaks”, ciudad que verdaderamente existen pro cerca de Sacramento.
¿Cómo verlo?: Se emitió a través del canal Divinity y Cosmopolitan. Actualmente puede verse a través de Netflix. Se puede encontrar a través de programas P2P, comprar en DVD y algunos de los mejores momentos están en youtube.

Puntuación: 6

PROMO (en castellano)

CABECERA – 1

CABECERA – 2

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Lo mínimo que puede decirse sobre SEXO EN NUEVA YORK

Nueva York es una ciudad muy particular. Casi una excepción. Se la suele presentar como la meca del fashion y de la modernidad. De ella se suele decir: “que gran ciudad, salvo por los neoyorkinos”. Cualquiera que no ha nacido allí y no vive con un status respetable es considerado un paleto por el neoyorkino de Manhattan, desde Greenwich Village hasta Central Park e, incluso del Upper East Side. El neoyorkino parece hecho de otra raza. Y en cuanto a las mujeres de la ciudad –si hemos de creer lo que nos presenta esta serie- su único deseo natural es de la libertad, independencia y sexo libre. Muy encomiable, porque, a quién no le gusta vivir su vida con estos tres elementos… De esto va, como su nombre indica, esta serie que tuvo un éxito desigual entre hombres (que, generalmente, la aborrecían) y mujeres (algunas de las cuales, de mayores, quisieron ser como las cuatro protagonistas).

La serie nos mostraba a cuatro mujeres, amigas y residentes en “la City” (porque Nueva York no es una ciudad más, el “la city” por excelencia, la única que parece merecer esta consideración). “Carrie” (Sarah Jessica Parker) escribe en un prestigioso diario local. Le va la moda, los restaurantes y los clubs, viste “de fusión” muy cuidada, se pierde por los zapatos (la serie es un catálogo de marcas de zapatos). Vive en el East Side. “Charlotte” (Kris Davis) es su amiga del alma, vende obras de arte, es la más conservadora y tiene fantasías de familia tradicional con esposo que corte el césped los sábados y niños correteando en el jardín. Realiza la fantasía y va a casarse con un impotente del que se divorcia recibiendo un apartamento en Park Avenue. Vuelve a casarse con un abogado judío y se convierte al judaísmo. “Miranda”, abogada y cínica, pasa por ser la mejor amiga de “Carrie”, al menos es la que mejor coincide con ella, vive en el West Side, termina casándose con un camarero y se muda a Brooklyn. Finalmente, “Samantha” (Kim Cattrall), pasa por ser una devoradora de hombre, a lo mantis religiosa, usa a los hombres para sexo, preferentemente diferentes y parece ser lo único que busca en la vida.

Se trata de cuatro mujeres, relativamente diferentes, presentadas como modelos de estilo de vida para la mujer del gozne entre el siglo XX y el XXI, pero que, decepcionan: lo más terrible es que, detrás de una pretendida sofisticación, de ansias realizadas de libertad sexual y de vida sin trabas, a medida que va avanzando la serie se confirma la impresión que se tiene desde los primeros momentos, que se trata de mujeres vacías, superficiales, frívolas, planas, con pocas ideas en la cabeza, consumistas, vanidosas, plagadas de lacras y comportamientos pequeño-burgueses y que para colmo resultan ser el estereotipo machista solo que con faldas y “look fashion”; su único objetivo es encontrar un compañero –fijo u ocasional- al que puedan poner a su servicio. Bueno… a fin de cuentas pasa por ser una comedia de situación. Pero lo más terrible es que estos modelos son los que están proliferando en estos momentos en Nueva York y se ofrecen, a través de esta serie, para uso y disfrute de las mujeres de todo el mundo. Y, en general, cabe decir que la serie no es de las de gags y risas continuas como correspondería al género de sitcom.

Llama la atención la obsesión sexual que recorre la serie. Mienten quienes dicen que esta serie solamente puede ser criticada desde posturas reaccionarias, patriarcales y conservadoras. No es cierto. De hecho, la propia serie muestra sus debilidades cuando  casi 20 años después, en la serie Divorce, aparece con sus 50 años convertida en esposa divorciable. En realidad, Sarah Jessica Parker, desde Sexo en Nueva York hasta Divorce, no ha realizado mucho cine, así que resulta inevitable que unamos ambas series: en la primera era un ser libre, su lema “pleaser for pleaser”, los años la acosaron (a medida que aumenta la edad, disminuye la “competitividad sexual” a la vista del propio curso de la naturaleza y de la competencia ejercida por hembras más jóvenes sobre los machos alfa del lugar), así que optó por la seguridad: se casó. Mal asunto, porque a su edad ya no tenía tiempo de elegir: era una opción desesperada, el primero que pasara bajo su ventana, o “a vestir santos”. Supera los cincuenta, su vida de casada no le convence y piensa con el patrón de Sexo en Nueva York: “todavía tengo tiempo de una segunda oportunidad”… El problema que subyace en la serie sobre las cuatro neoyorkinas desinhibidas es que quieren experimentar nuevos modelos de comportamiento sin ser conscientes del futuro. Cuando presienten que el futuro ha llegado es cuando anhelan los modelos tradicionales. Pero el tiempo les apremia y realizan la elección bajo presión. Sexo en Nueva York se presenta como una comedia de situación, pero en realidad es un drama envuelto en conceptos a la moda, feminismo de manual, fashion y dólares a cascoporro.

La crítica no fue unánime. Ni siquiera terminó de gustar a las feministas. Gustó, eso sí, a las mujeres que anhelaban un estilo de vida similar (y el elemento de autonomía económica era, para estas, mucho más importante que la libertad sexual o los caprichos de la moda, en sí mismos). Para que esta serie guste, en realidad, hay que compartir las opiniones de las protagonistas en muchas materias, tener las mismas edades (maduras más cerca de los 40 que de los 30), y creer que Nueva York es la meca de la modernidad. No es cierto que los diálogos sean “inteligentes” y “profundos”, en realidad, son como los personajes, bastante simples, elementales en algunos momentos, de una simplicidad que genera una irreprimible tristeza por la falta de originalidad de los guionistas (véase éste considerado como “el mejor diálogo de Sexo en Nueva York” o este otro sobre “las maneras de romper”).

Obviamente, la actitud ante esta serie, si gusta o no, por sus características, no depende sólo de sus cualidades cinematográficas, de sus guiones o de las actuaciones de las protagonistas, sino, más bien, de la actitud que cada cual adopte ante la vida y de sus circunstancias personales. Resulta muy difícil ser objetivo respecto a la serie en sí, pero si hacemos un esfuerzo de voluntad y nos atenemos solamente a sus contenidos, a las innovaciones que aporta, a la calidad de las interpretaciones o a los guiones, veremos que es una serie discreta, quizás solamente destaque algo más en fotografía, algunos de los actores invitados sorprenden (aparece el propio Donald Trump en uno de los episodios -“El hombre, el mito, el viagra”-, Hugh Hefner, Geri Halliwell, Matthew McConaughey, Bon Jovi…). El hecho de que la serie recibiera casi medio centenar de premios (Emmys, Globos de Oro, Premios del sindicato), lo único que quiere decir es que estuvo de moda durante unos años. No que fuera excepcional. Los dos largometrajes que siguieron pasaron desapercibidos.