FICHA

Título original: Makinavaja
Título en España: Makinavaja
Temporadas: 2 temporadas (39 episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 1995-1997
Temática: Humor.
Subgénero: Comedia.
Resumen: Serie basada en el personaje de cómic de Makinavaja, basado a su vez en el personaje creado por Bertold Brecht y Kurt Wiel para su Ópera de tres centavos, y del que no quedaba absolutamente nada en la serie de televisión.
Protagonistas: Pepe Rubianes, Ricard Borrás, Mario Pardo, Pedro Reyes, Llàtzer Escarceller, Florinda Chico, Laura Bayonas, Mayte Caballero, Manel Castillejos, Adriá Collado.
Lo mejor: Se procuraba –algo raro en España- atenerse al metraje propio de las comedias (no más de 30 minutos)
Lo peor
: Cuando un cómic se lleva a la pantalla siempre pierde y si el cómic, ya de partida, es flojo, el personaje resulta irreconocible.
Lo más curioso: Andrés Pajares debía ser el protagonista de la serie al haber encarnado al personaje en el cine, pero estaba rodando otra serie en la que hacía de cura (Ay, Señor, Señor…).
¿Cómo verlo?: Fue emitida por TV2. Puede verse en el enlace indicado. En youTube también pueden encontrarse.

Puntuación: 5,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre MAKINAVAJA

Decididamente cuando un clásico cae en manos de guionistas españoles puede ocurrir cualquier cosa. Y el personaje de Makinavaja sufrió distintos malos tratos por parte de todos los que lo han tocado desde la transición hasta nuestros días. Remontémonos a los orígenes: Bertold Bretch, miembro del Partido Comunista Alemán, intelectual de izquierdas en la República de Weimar, en uso de su militancia política compuso el guión de una obra teatral en tres actos en la que denunciaba el capitalismo desde su óptica marxista. Fue la obra de teatro más famosa de la República de Weimar. El compositor, Kurt Weil (que no era comunista, pero sí judío) realizó la parte musical. A todo esto, la obra se llamaba La ópera de tres centavos y su protagonista en “Macheath”, también llamado “Maki Messer” (Messer en alemán quiere decir “cuchillo”). El mensaje de la obra es que la vida, especialmente para algunos, es muy dura y bastante castigo hay con vivir; no hace falta que la justicia machaque al ladrón y satisfaga al poderoso.

La obra, tal como fue compuesta, se estrenó en España no hace mucho (en el teatro Atalaya en donde estuvo en cartel desde 2006 a 2009). Pero, algunas gentes de izquierda habían oído campanas en los años de la transición y, llevados por el relativismo de la época, les hizo gracia la figura del ladronzuelo amante de la justicia social y que, aunque no repartiera con los pobres, si robaba a los ricos. De ahí nació, de la mano del dibujante “Ivà” (Ramón Tosas Fuentes, 1941-1993), el personaje de “Makinavaja, el último choriso” (1986-1994) que junto con sus “Historias de la puta mili” serán los dos ciclos de cómics que le darán fama. Sus dibujos son “feistas”, sin fondos, cabezones, el globo con el texto ocupa lo esencial de la viñeta. Ivà se consideraba un “hombre de izquierdas”, pero no era, desde luego, un intelectual; sus historietas indican, más bien, que tenía un vago concepto de la izquierda, más próximo del anarquismo que del marxismo e, incluso, dentro del anarquismo, considerándolo a éste como la vertiente más “fácil” de la izquierda: no era necesario creer ni en la dialéctica de la historia, ni en el materialismo filosófico, ni en la lucha de clases, ni siquiera tener presente la concepción leninista del partido o la ciencia de la revolución desarrollada por Trotsky, simplemente había que creer que toda autoridad era mala y que la libertad en lo mejor del mundo. Así que, de momento, del personaje de Brecht y Weil al de Ivà, ya había una degeneración muy visible. Sin embargo, en la transición y especialmente en la primera década de democracia –los años 80- cuando el PSOE ya había renunciado al marxismo y el PCE sentía que la crisis de esta ideología le perseguía y decidió crear Izquierda Unida (lo que coincide, precisamente, con la creación del personaje de “Makinavaja” por Ivà), la forma más simplona y accesible de “ser de izquierdas”, era dárselas de anarquista, por pedestre que fuera la concepción que se tenía de esa doctrina.

El personaje de “Makinavaja” tal como irrumpió en España en los 80 sufrió una segunda degeneración cuando del cómic simplón, pasó a una serie de televisión todavía más simplona. Nos habla ¡en 1995! de una delincuencia que hacía 40 años que ya no existía e incluso la situaba en un área (el Barrio Chino de Barcelona) que había sufrido una remodelación en los años 90 y, simplemente, había dejado de existir. Obviamente, se trataba de una ficción que no tenía que ser demasiado fiel a la realidad, pero lo peor era que, en unos momentos en los que la delincuencia empezaba a repuntar en la Ciudad Condal, se intentaba mitificar a los marginados, presentándolos como tipos simpáticos, enrollados de la vida e incapaces de hacer el más mínimo daño. Y para representar a todos ellos se eligió a un “hombre de izquierdas” como Pepe Rubianes, cuya idea de lo que era la izquierda no se había formado leyendo publicaciones de izquierdas, sino que respondía a la imagen dada por Ivà en sus dos ciclos de cómics: un esquematismo casi infantil que, a falta de profundidad intelectual, tiraba por la parte graciosa para hacerlo digerible. Al desconocimiento de la delincuencia se unía la ignorancia absoluta de lo que era la izquierda y una superficialidad absoluta en el tratamiento de los temas y de los personajes, mayor si cabe que la que ya había hecho gala el pobre Ivà (que a todo esto había fallecido en accidente automovilístico). El personaje de “Maki Messer” estaba desfigurado hasta la saciedad, su aspecto chulesco había sido sustituido por un look de entre mangui y rockero vieja escuela, sin ser una cosa ni otra y por un entorno de personajes (“Popi”, “Mojamé” –también llamado “Moromielda”- “la Maru”…) igualmente idealizados y, en su conjunto, más simples que el mecanismo de un botijo.

Las prostitutas (que en aquel momento ya habían desaparecido del “Chino” y se habían reubicado en otras formas de ejercicio del oficio), los moros (que mientras duró la serie iban ampliando su presencia e instalando sus “puntos de oración” en aquel barrio), los bares en los que se daban cita los choricetes (que habían ido desapareciendo a principios de los 90 cuando se remodeló el barrio) y el propio “Makinavaja”, modelo de delincuente que nunca existió, podían suscitar alguna sonrisa, especialmente de un público poco exigente, pero, en su conjunto, la serie fue pobretona desde el punto de vista de su desarrollo y sus temáticas, simplista hasta la exasperación por su mensaje y desenfocada desde cualquier aspecto que se le contemple. La deformación del lenguaje fue otro de esos elementos que algunos no pudimos soportar: una cosa es el argot mangui hablado por manguis y otra muy distinta, el intento de asumirlo por parte de gentes que no lo han utilizado nunca. Incluso la famosa Balada de Maki Messer que hubiera podido ser utilizada como banda sonora fue sustituida por otra música olvidable, estilo punkarra.

Lo peor era que, especialmente en los últimos episodios, cuando la serie ya agonizaba, los guionitas quisieron dignificar al personaje y volver por los pasos de Brecht, dándole un giro existencialista y grave a sus disquisiciones. El resultado fue aumentar lo increíble del personaje y lo absurdo e irreal de las situaciones. Demasiada épica para tan poco chorizo.