FICHA

Título original: Doogie Howser, M.D.
Título en España: Médico precoz
Temporadas: 4 temporadas (97 episodios)
Duración episodio: 30 minutos.
Año: 1989-1993
Temática: Médicos.
Subgénero: Comedia.
Resumen: Un niño prodigio que ha terminado la carrera de medicina a los 1 años, sigue viendo la vida con ojos de adolescente.
Protagonistas: Neil Patrick Harris, James Sikking, Max Casella, Belinda Montgomery, Lawrence Pressman, Kathryn Layng, Markus Redmond, Lucy Boryer.
Lo mejor: Que cada episodio no se prolongaba más de 30 minutos
Lo peor
: Que la serie se extendió a lo largo de cuatro temporadas.
Lo más curioso: La serie se inspiró en el caso real de un joven que obtuvo el título de medicina a los 22 años de edad (aquí, el protagonista tenía 14).
¿Cómo verlo?: Fue emitido por TVE, por TV2 y por Antena 3. Puede bajarse en versión original a través de programas P2P o comprarse en DVD.

Puntuación: 5

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Lo mínimo que puede decirse sobre MÉDICO PRECOZ

Hay series que a uno se le crucen y que no hay forma que pueda ver de manera objetiva y serena. Esta es una de ellas. Las series “con niño” dentro se hacen cada vez más difíciles de ver. Aquí, en Médico precoz, ni el tema era genial, ni estaba bien desarrollado, ni las interpretaciones apuntalaban un guión débil. Se conjuraban una serie de circunstancias para que la serie resultara francamente increíble, soberanamente aburrida y ñoña hasta en sus menores detalles.

Verosimilmente, la serie quería ser una “comedia de situación” con el añadido hospitalario. Se trataba de hacer reír y, de paso, suscitar vocaciones de adolescentes para que siguieran el camino de la medicina y salvaran la particular situación en la que se encuentran los EEUU en este terreno: coto cerrado del sector privado, sin prácticamente incidencia de la sanidad pública. Dado que el estadounidense, primer perjudicado por esta fórmula sanitaria, parece el primer interesado, paradójicamente, en no alterarla, la ley de la oferta y la demanda debería rebajar los precios de la sanidad. En efecto, cuantos más médicos haya, menos cobrarán por sus servicios… por tanto, no es raro, que en los EEUU se trate de tener un parque médico suficientemente alto como para que los precios de la sanidad no se disparen. De ahí la proliferación de series “de médicos” nacidas en los EEUU.

Esta fue una más y, desde luego, la más tramposa: tenía como protagonista a un niño prodigio que a sus 14 años era médico residente en un hospital de Los Ángeles. Al actor lo vimos crecer a medida que avanzaban las temporadas. Pero ni en la primera ni en la última el actor protagonista, un Neil Patrick Harris adolescente, suscitó grandes sonrisas. Y eso que la serie estaba concebida, insistimos, como “comedia de situación”. El cálculo de los guionistas era claro: si la fórmula maestra para un producto de este tipo consiste en colocar en el mismo espacio dos personalidades completamente diferentes, en este caso, vamos a unificar la personalidad seria y madura del protagonista en su faceta profesional como médico y su carácter infantil propio de un adolescente. Dos en uno, una contradicción en el interior del mismo personaje, disociado interiormente entre lo propio de su edad y las exigencias de la profesión. Buena idea, algo esquizofrénica, pero que no se supo llevar a la práctica. Por otra parte, entre el primero y el último episodio mediaron cuatro años: el protagonista pasó de tener 14 a lucir 18 años, a convertirse de niño en lechuguino espigado. Lo que hubiera funcionado en la primera temporada, era evidente que iba a dejar de funcionar en las siguientes. Pero este era un problema más de los que tenía esta serie.

El personaje era increíble. Tan increíble como insoportable. Simplemente: no podía existir. El actor que lo encarnaba, Neil Patrick Harris, ni entonces, ni ahora, ha lucido por sus cualidades interpretativas, ni por la credibilidad que otorga a sus papeles. Incluso en Cómo conocí a vuestra madre (2005-2015) resulta el eslabón más débil de la cadena interpretativa y solamente en Una serie de catastróficas desdichas, el maquillaje y lo hierático del personaje logran que pase desapercibido y desaparezca la verdadera personalidad del actor.

Los episodios mostraban a algunos pacientes ingresados en el hospital y tratados por el doctor adolescente y el equipo del que formaba parte. Entonces aparecía como médico competente. Pero cuando se juntaba, al acabar la jornada laboral con su amigo “Vinnie” (Max Casella) volvía a recuperar la infancia perdida entre batas blancas y aromas hospitalarios. Eso era todo: serie de médicos con niño. Nada más.

Dejó buen recuerdo en adolescentes de la edad del protagonista. Pero esos mismos adolescentes ayer, maduritos hoy, que la revisan, experimentan una sensación de vergüenza ajena. Sólo para muy admiradores de Nel Patrick Harris que quieran tener un cuadro completo de su filmografía y, si se nos apura, de sus carencias interpretativas.