FICHA

Título original: Northern Exposure
Título en España: Doctor en Alaska
Temporadas: 6 temporadas (110 episodios)
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 1990-1995
Temática: Comedia.
Subgénero: Rural.
Resumen: Un joven médico neoyorkino de origen judío, obtiene una beca para ejercer en un lugar remoto de Alaska en donde viven una serie de personajes pintorescos que, poco a poco, le van enganchando.
Protagonistas: Rob Morrow, Janine Turner, Barry Corbin, John Cullum, Darren E. Burrows, John Corbett, Cynthia Geary, Elaine Miles, Peg Phillips, Don McManus, William J. White, Moultrie Patten, James L. Dunn, Earl Quewezance, Teri Polo, Adam Arkin, Anthony Edwards, Graham Greene.
Lo mejor: El clima de amistad y solidaridad entre los vecinos de Cicely, Alaska.
Lo peor
: Después de ver en dos ocasiones la serie nos resulta difícil encontrar aspectos negativos.
Lo más curioso: La serie no se rodó en Alaska sino en el Estado de Washington.
¿Cómo verlo?: Se emitió por TV2 y en la actualidad puede comprarse en DVD. En youTube pueden encontrarse muchos fragmentos e incluso episodios completos en castellano

Puntuación: 9

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Lo mínimo que puede decirse sobre DOCTOR EN ALASKA

Hay series de las que resulta muy difícil encontrar un “pero”. Cuando la vimos por primera vez en TV2 cada episodio nos mostraba una pequeña maravilla siempre sorprendente, habitualmente surrealista y que suscitaba sonrisas constantes, no carcajadas, y, sobre todo, una sensación de satisfacción y paz interior. Quizás sea porque los paisajes remotos, excepcionalmente distantes de nuestro hábitat natural, genera expectación y admiración, el caso es que esta serie –como indica su título, ambientada en Alaska—resultaba extremadamente seductora.

Pero la magia que emanaba de esta serie no radicaba solamente en los paisajes remotos, sino sobre todo en una guionización que nos ofreció durante cinco temporadas un producto absolutamente original y que no se parecía en nada a otras series anteriores (M.A.S.H.), coetáneas (La doctora Quinn, 1993-1998) o posteriores (Everwood, 2002-2006). Esa guionización llevaba a situaciones sorprendentes (a menudo surrealistas) protagonizadas por personajes con rostro propio y, podemos decirlo así, “alma”. Todos eran reconocibles, todos tenían tics personales, humanidad y, para colmo, estaban asumidos por actores que no parecían esforzarse: como si estuvieran representándose a sí mismos. El resultado era, simplemente, espectacular.

El “doctor Fleischman”, llega a la remota población de Cicely, como primer destino después de cursar estudios de medicina en Nueva York. Es un producto típico de aquella urbe: cosmopolita, neurótico, altivo y, para colmo, judío. Porque el judío neoyorkino es como el neoyorkino de a pie pero elevado a la enésima potencia. O al menos así les gusta pintarse a sí mismos. El hombre que llega a Cicely no es el mismo que permanecerá allí durante cinco años. La inmensidad, la lejanía y las gentes de la Alaska profunda ha conseguido cambiar su carácter neoyorkino, simplemente enriqueciéndole con algo que está ausente en la ciudad de los rascacielos: la dimensión humana. Ha sido el precio de convivir con gentes excepcionalmente simples, pero ricas en matices, originales y, digámoslo ya, “auténticas”.

El repertorio de habitantes de Cicely está compuesto por la chica guay (Maggie O’Connell), quizás la más próxima al “doctor Fleischman” al llegar, neurótica como él, feminista, amiga de la corrección política y antigua alcaldesa del lugar. No hay muchas chicas “libres” en el lugar, así que ambos están predestinados a mantener una tensión sexual a lo largo de todos los episodios. “Chris Steven” es el locutor de la emisora de radio local, ex convicto rehabilitado y convertido en artista creativo, es también el “reverendo” del lugar. Es el intelectual de la zona, capaz de programar las más increíbles “performances” (de todas, el lanzamiento de un piano en catapulta es, sin duda, la más excéntrica). Y “Ed Chigliak”, permanentemente embutido en chupa de cuero, cinéfilo compulsivo, extremadamente bienintencionado. O el ex astronauta cascarrabias y todopoderoso (siempre hay un cacique en cualquier lugar del planeta) “Maurice Minnifield”, un conservador prepotente, adversario de “Holling Vincoeur”, de ascendencia quebeois, propietario del bar del pueblo, verdadera fuerza de la naturaleza, casado con una joven encantadora, “Shelly”, que ha “robado” al cacique y con la que ha tenido un hijo a sus 60 años. En la recepción de la consulta del “doctor Fleischman” encontramos a una nativa canadiense, “Marilyn”, provista de un lenguaje lacónico de silencios eternos, resuelta y fiel a su tierra natal. Y, finalmente, la propietaria de la tienda del pueblo, “Ruth”, una anciana viuda. Éste es el pequeño mundo de Cicely, Alaska, a unos cientos de kilómetros de Anchorage.

Los 110 episodios de los que consta la serie son de una calidad media muy similar, en todos ellos hay una –o incluso varias—  moralejas, todas sin excepción nos hacen meditar. Hay poca acción, todo es diálogo, gestualidad, pero los cambios de plano y la sucesión de escenas son constantes y en ningún momento llegan a cansar.

Obviamente, la serie se fue agotando: Cicely es un universo cerrado, resultaba muy difícil (y arriesgado) introducir personajes nuevos. Por otra parte, si tienes una fórmula que funciona, nunca la cambies: alterar alguno de los elementos de la serie o introducir personajes nuevos hubiera supuesto un riesgo inasumible. Por eso, a poco de superar los 100 episodios la serie se extinguió voluntariamente. Se había mantenido bien en las audiencias, pero no era cuestión de caer en errores habituales en este tipo de producciones: insistir en caminos ya trillados, convertir en increíbles a personajes cuyo atractivo era ser absurdos, pero reconocibles en sus rasgos humanos, introducir con calzador a personajes nuevos a la vista de que ninguno de los que figuraban desde el primer episodio podían desaparecer… Así que Doctor en Alaska tuvo el mejor final que podía tener: terminar voluntariamente cuando estaba en la cúspide.

Como siempre en este tipo de series, cada espectador tiende a identificarse más con tal o cual personaje. Hay que decir, que el más atractivo de todos, no era el protagonista y, desde luego, no era quien resultaba más empático. A decir verdad, era todo lo contrario. También en esto la serie fue original. Y si me pregunta a mí, les diré que el seminativo de Alaska, el cinéfilo, “Chigliak”, siempre en contacto con los grandes del cine mediante la correspondencia, con su ingenuidad y su rectitud, era aquel que más admiraba… Ahora que, sobre gustos, lo saben, no hay nada escrito.