FICHA

Título original: Breaking Bad
Título en España: Beakng Bad
Temporadas: 5 (62 episodios)
Duración episodio: 47 minutos.
Año: 2008-2013
Temática: Drama.
Subgénero: Drogas.
Resumen: Un profesor de química, con la vida personal y familiar algo complicada, decide utilizar sus conocimientos para fabricar anfetaminas que serán vendidas por un antiguo alumno suyo. Todo el proceso va cambiando la personalidad del profesor que cada vez se vuelve más desaprensivo.
Protagonistas: Bryan Cranston, Aaron Paul, Anna Gunn, Dean Norris, Betsy Brandt, RJ Mitte, Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Giancarlo Esposito, Steven Michael Quezada, Jesse Plemons, Christopher Cousins, Laura Fraser, Matt Jones, Charles Baker, Michael Shamus Wiles, Lavell Crawford, Ray Campbell, Krysten Ritter, Ian Posada, Carmen Serano, Emily Rios, Tina Parker, Mark Margolis, Robert Forster, Caleb Landry Jones, Jeremiah Bitsui, David Costabile, Dale Dickey, Jere Burns, Steven Bauer, Daniel Moncada.
Lo mejor: Bryan Cranston en su papel protagonista.
Lo peor
: las fronteras de la moralidad se van diluyendo poco a poco
Lo curioso: La serie contó con un asesor químico, a pesar de lo cual algunas escenas eran manifiestamente exageraciones.
¿Cómo verlo?: Se emite por Netflix.

Puntuación: 8

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Lo mínimo que puede decirse sobre BREAKING BAD

Somos contrario a definir a una serie como “la mejor de la historia” (como máximo, una serie puede ser “la mejor en su género”), pero éste ha sido el título que frecuentemente se ha atribuido a Breakng Bad, lo que dice mucho sobre sus cualidades. Y, efectivamente, en ella no hay mucho que sobre, ni casi nada que falte: idea original, actores que se ajustan al papel como un guante, desarrollo dinámico, interés constante, verosimilitud aceptable, escenarios  espectaculares. Así pues, si no es la “mejor serie” se acerca a ello. Por lo menos lo fue hasta 2013. Entonces era, sin duda, la mejor serie de “anti-héroes”, es decir, de personajes que realizan actividades criminales y protagonizan hechos permanentemente al otro lado de la ley, pero con los que la narración –y consiguientemente, el público- empatiza. Después de “Walter White”, protagonista de esta serie, hemos visto a Ray Donovan, o al mismo “Saul” de Better call Saul, el único spn-off al que ha dado lugar Breaking Bad, y antes ésta serie tuvo que competir con Los Soprano, estando durante los años que se emitió en franca competencia con Sons of Anarchy… series, todas ellas, se excelente calidad y que merecerían el título de “mejor serie de anti-héroes”.

Lo que tiene de factor diferencia esta serie es que los guionistas se han preocupado de destacar el “factor diferencial” que distingue a “Walter White” (Bryan Cranston) de otros personajes similares: “White” entra en el negocio de la metanfetamina por lo que parecen ser buenas razones (tiene un hijo con problemas, está aquejado de un cáncer avanzado y sabe que no podrá dejar a su familia seguridad para cuando falte). Sin embargo, a medida que avanza la serie y el protagonista tiene que bregar con todos los elementos que pueblan ese mundo del tráfico de drogas, poco a poco va siendo ganado por lo que podríamos llamar “el espíritu de su oficio”: cada vez se va volviendo más desaprensivo, muestra una moralidad más dudosa y termina por ser uno de tantos narcos que solamente piensa en términos de salir adelante, evitar pasar largos períodos de cárcel y deshacerse de policías, deudores y competidores como sea.

“White” utiliza el alias de “Heisenberg” (apellido del Premio Nobel alemán de Química que diseñó la primera pila nuclear) y tiene a un antiguo alumno, “Jesse Pinkman” (Aaron Paul), hasta ese momento un traficante de poca monta, toxicómano a su vez y con problemas de conciencia. Para colmo, “White” tiene una “extraña familia”: su hijo tiene problemas físicos a causa de una parálisis cerebral, su mujer empieza a tener problema con él a partir de que inicie su nueva actividad delictiva y, por si esto no fuera poco, su cuñado es el agente de la DEA encargado de investigar la aparición de una nueva metanfetamina en la zona.

Otro elementos interesante de esta serie, además de su planteamiento inicial, es que cada temporada es diferente de las demás. En cada temporada los recursos van cambiando, los guionistas introducen personajes y situaciones nuevas (incluso formas de enmascarar la fabricación de anfetaminas). La serie, en ningún momento pierde fuelle y es de las que pueden verse en maratón estando seguros de que no va a aburrir en ningún episodio. De hecho, una de las características que acompañan a las “grandes series” es que, a medida que avanza, también va aumentando el interés y la tensión. Si las dos primeras temporadas fueron aclamadas por público y crítica, las dos últimas se convirtieron en míticas. Los premios que fue acumulando la serie son también significativos: el actor protagonista, Bryan Cranston  se llevó 13 nominaciones a los Awards (quedándose con 4 premios).

Hay que reconocer el acierto de los productores en elegir el cuadro de protagonistas. Cranston tenía una larga experiencia en cine y televisión que se remonta a los años 80. Es uno de esos rostros que “suenan” por su intervención en innumerables series (desde Seinfeld, hasta Walker, y desde Diagnóstico Asesinato (1993-2001) hasta Falcon Crest, pasando por Malcolm en el que era el cabeza de familia. El haberse movido bien por todos estos registros (muy diferentes unos de otros) fue lo que le catapultó a la fama como profesor de química atribulado en este serie. En cuando a su compañero de reparto, Aaron Paul, tenía un historial igualmente nutrido en cine y televisión, repleto de papeles secundaros desde que cumplió los 19 años. Empezó a rodar esta serie cuando cumplió los 28 años, pero parecía bastante más joven. Con posterioridad ha seguido participando en largometrajes e interviniendo ocasionalmente en algunas series, prestando frecuentemente su voz a personajes de animación. Ganó en tres ocasiones el Emmy como “mejor actor de reparto” por esta serie.

En la actualidad, la serie puede verse a través de Netflix o bien comprarse en DVD. A pesar de haber pasado casi una década desde que concluyó, no ha perdido nada de intensidad y parece difícil que lo haga. Es muy difícil que una serie vuelva a discurrir con la misma temática y con unos personajes y unas situaciones tan bien diseñadas. Surgirán –de hecho ya han surgido- otros antihéroes, pero es fácil que dentro de una o dos generaciones, el público siga empatizando con la figura de “Walter White”… La marca de lo que permanece es el atributo de las series excepcionales.