FICHA

Título original: Cold Case
Título en España: Caso abierto
Temporadas: 7 (156 episodios).
Duración episodio: 42 minutos.
Año: 2003-2010
Temática: Investigación.
Subgénero: Casos de otra época.
Resumen: Una detective de homicidios y su equipo investigan casos que han sido archivados por falta de pruebas. La reapertura del caso, en un tiempo variable que oscila entre los 5 y los 70 años después de ocurridos los hechos, conduce siempre a una resolución tardía.
Protagonistas: Kathryn Morris, John Finn, Jeremy Ratchford, Thom Barry, Danny Pino,Tracie Thoms, Nicki Aycox, Jonathan LaPaglia, Tania Raymonde, Josh Hopkins, Daniel Baldwin, Susan Chuang, Raymond J. Barry, Bobby Cannavale, Sonja Sohn, Sarah Brown, Marisol Nichols, Ashley Johnson, James Hanlon, Meta Golding, Cynthia Ettinger, Meagan Good, Katee Sackhoff.
Lo mejor: la propuesta era completamente original y sin precedentes.
Lo peor
: había un poso de melancolía y tristeza en todos los protagonistas.
Lo curioso: La serie en España se llamaba “Caso abierto”, mientras que en Iberoamérica fue bautizada como “Caso Cerrado”, aunque su tradcción más directa sería “Caso sin resolver”.
¿Cómo verlo?: Fue emitida por FDF, La Sexta, Fox y Divinity. Puede verse mediante programas P2P.

Puntuación: 7,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre CASO ABIERTO

Se trata de una serie extremadamente original en su planteamiento. Podría haberse titulado “detectives en el tiempo” y hubiera hecho alusión directa a su contenido. Llamarla Caso Abierto parece demasiado intrascendente. Se trata de un grupo de detectives de Filadelfia cuya función es desempolvar casos que, por algún motivo, estén archivados como “sin resolver”. En cada episodio, los miembros del equipo reciben una visita de parte de algún afectado por el caso, que quiere aportar algún dato complementario para conseguir que se reabra la investigación. Así pues, los casos que este quipo investiga no son casos “en caliente”, sino otros que permanecen olvidados en las estanterías del almacén de archivos de la policía Todos huelen a moho y están cubiertos con la patina del tiempo. Algunos de ellos son relativamente recientes, con apenas cinco años de antigüedad, otros, en cambio, tienen varias décadas y alguno, incluso, remite a los años 40.

La serie dedica el 95% de su tiempo a que los policías resuelvan el caso. Hay muchos cambios de escenarios, visitas a testigos supervivientes, recopilación de pruebas, desfile de sospechosos, pero siempre, podemos estar seguros de que la nueva investigación logrará dar con los culpables. Y, solo en ese momento, la caja que contiene todos los elementos del caso es devuelta a los almacenes, pero con una inscripción definitiva: “Caso cerrado”.

Desde el punto de vista del tratamiento del tema, obviamente, los flashbacks son continuos, pero también una nueva fórmula: los policías, especialmente, en las escenas finales, tienden a imaginar cómo eran los detenidos cuando cometieron sus crímenes; ven también a los asesinados cuando el tiempo se interrumpió para ellos. Los detalles de este estilo, contribuyen a acentuar el interés de la serie, reforzar la idea de que el grupo está realizando una investigación más allá del tiempo y transmitiendo la idea de que un crimen nunca queda impune. El que la idea no se ajuste por completo a la realidad, no es óbice para que no sea una buena forma de lanzar un mensaje educativo: el que la hace, la paga, por mucho tiempo que haya pasado.

En la serie se realiza un portentoso esfuerzo por situar a los personajes en el tiempo que les es propio: si estamos atentos, podremos ver en la serie, las tendencias dominantes de la sociedad norteamericana en los últimos 60 años, primorosamente reconstruidas tanto en vestuarios, como en ambientación y atrezzo.

La serie emana una deliberada e intensa sensación de nostalgia, casi de tristeza por el tiempo pasado. Hay algo en el rostro de su protagonista, Kathryn Morris, que constituye el paradigma de la serie: un rostro envuelto en una melena rubicunda, cuya expresión normal sugiere tristeza y melancolía. Pocas veces a lo largo de la serie nos vemos libres de esa impresión, porque raras son las veces que la “detective Lilly Rush” sonríe en el curso de las investigaciones. El “teniente Stillman” (John Finn), su jefe inmediato, tiene el mismo estigma: una expresión de seriedad grave mantenida sin vacilaciones a lo largo de toda la serie. Incluso los tres policías que completan el cuatro de protagonistas (Jeremy Ratchford, Danny Pino y Tom Barry, respectivamente, interpretando al irlandés, al italiano y al negro), personajes que, aparentemente son más alegres e incluso celebran algún comentario jocoso entre ellos, finalmente, retornan siempre a la gravedad inicial propia de la serie.

Sin embargo, no se trata de una serie aburrida; nostálgica, sí, “pasadista” también; en ocasiones constituye un verdadero tratado de historia de los EEUU en los últimos 60 años. Vemos, así mismo, los destrozos que el tiempo hace en los objetos de la investigación y los testigos. En ocasiones han pasado apenas 10 años, 20, pero los personajes que fueron jóvenes parecen degastados, quemados por el paso del tiempo.

No se trata de una serie con persecuciones policiales frenéticas, tiroteos constantes o criminales escurridizos en plena forma física que escalan tapias, huyen a la carrera o, simplemente, resuelven el caso apelando a los SWAT o al CSI. Es una serie serena, sistemática tanto en su proceso creativo, como en los casos que se investigan, en donde, a diferencia de Sin rastro, la vida personal de los policías protagonistas tiene escaso relieve y en donde, contrariamente a Mentes Criminales, no se persigue a retorcidos asesinos en serie, sino a criminales ocasionales que cometieran su acción hace años (o décadas) y, en la mayoría de los casos, se sienten arrepentidos y tratar de ocultar sus responsabilidades.

Una muy buena serie, original en su concepción, amena en su desarrollo, bien interpretada y producida con rigor.