FICHA

Título original: Padre Coraje
Título en España: Padre Coraje
Temporadas: miniserie 2 episodios.
Duración episodio: 150 minutos.
Año: 2002
Temática: Miniserie.
Subgénero: crimen.
Resumen: El padre de un joven asesinado en una gasolinera se hace pasar por toxicómano para poder descubrir quiénes asesinaron a su hijo.
Protagonistas: Juan Diego, Vicente Romero, Félix Gómez, Mariana Cordero, Raquel Infantes, Antonio de la Torre, Juan Carlos Sánchez, Alberto González, Antonio Dechent, José Maya, Carlos Manuel Díaz, Juan Fernández, Ana Wagener, Manuel Morón, Manolo Caro, Macarena Gómez, Mariano Peña.
Lo mejor: Vicente Romero e su papel de “Manuel Maqueda”.
Lo peor
: La primera parte discurre algo lenta.
Lo curioso: se basa en un caso real que llamó mucho la atención de la opinión pública.
¿Cómo verlo?: En el enlace indicado.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre PADRE CORAJE

Juan Holgado era un tipo normal. Trabajaba en una gasolinera próxima a Jerez de la Frontera. Una noche, sustituyendo a otro empleado, fue asesinado por unos desconocidos. Su padre se propuso encontrar a los asesinos a la vista de la falta de eficacia policial. Consiguió hacerse pasar por toxicómano y reunió pistas suficientes para la detención de un grupo de delincuentes vinculados con el tráfico y el consumo de drogas. Y entre ellos, graba la confesión del asesino. Presenta todas las pruebas al juzgado que las descalifica “por no haber sido obtenidas de manera legal”. La justicia falla en su contra. Tal es la historia de Antonio Holgado, el padre del asesinado.

Se dirá que España es un “Estado de Derecho” y que aquí todo está sometido al “imperio de la ley”… bien, dígaselo esto a los padres de Juan Holgado, a todos los que han visto como criminales y traficantes asesinaban o intoxicaban a sus hijos y que se han ido de rositas con esto de las “garantías judiciales”. O, puestos a decir, dígaselo a todo un pueblo que no tiene dudas de que está dirigido por mangantes, pero que la justicia diferencia entre los que han sido pillados con las manos en la masa, o aquellos otros cuyas corruptelas son conocidas pero no demostrables. Habitualmente, como se dice, nos la envainamos y no nos metemos a redentores. Pero no fue el caso de Antonio Holgado tras conocer el asesinato de su hijo.

El caso de la familia Holgado conmovió a este país en los últimos años del siglo XX y en los primeros del nuevo milenio. Los que éramos padres y, además, conscientes del deterioro creciente del orden público, especialmente en algunas zonas o de que no se estaba abordando el problema del tráfico de drogas como se debía, entendimos perfectamente la actitud de los Holgado y nos solidarizamos con su dolor en tres momentos: cuando supimos que el juzgado había rechazado las pruebas presentadas por el padre, cuando supimos en 2010 que la tumba del hijo había sido profanada (con seguridad, por amigos de los delincuentes que lo asesinaron y del entorno de traficantes y toxicómanos jerezanos) y cuando no hace mucho, en 2016, el crimen estaba a punto de prescribir, la Guardia Civil identificó a unos de los presuntos autores por una huella digital encontrada en la escena del crimen. Era de un toxicómano que llevaba muerto hacia nueve años, pero, a la vista de que el asesinato de Juan Holgado fue cometido por varias personas, hubiera bastado con investigar al entorno del yonki muerto. El juzgado no lo vio así y el caso prescribió. Dicho de otra manera: algunos de los asesinos no pagarán su crimen.

De esto va la miniserie en dos entregas dirigida por Benito Zambrano y que trata minuciosamente este asunto. Conocido en su Sevilla natal como “Benito el Gamba”, se formó en Cuba y arrasó en los Goyas del 99, obteniendo cinco estatuillas por su película Solas. Ahora anda malgastando su talento pontificando sobre temas políticos. La tarea de Zambrano es sólida en esta miniserie y tan solo cabría reprocharle cierta lentitud en la primera parte (que queda compensada por la intensidad de la segunda).

De entre todos los actores que aparecen destacan sobradamente, Juan Diego, encarnando al “padre coraje” y Vicente Romero en su recreación de Manuel Maqueda, el asesino (presunto para los juzgados, confeso para el “padre coraje”). Si tales son las dos columnas sobre las que se sostiene esta miniserie, sería injusto no recomendar verla por el valor añadido que le ha dado el tiempo: en efecto, algunos actores que aparecen hoy como consagrados, estaban dando entonces (en 2002) sus primeros pasos: sorprenderá ver a Macarena Gómez o a Alex Dogherty y Antonio de la Torre con quince años menos.

Una serie recomendable en todos los sentidos, especialmente si uno alberga la menor duda de sobre lo pertinente de aquella frase que ha recorrido transversalmente nuestra democracia: “la justicia es un cachondeo”, dicha, precisamente por un antiguo Alcalde de Jerez, la zona en donde tuvo lugar el crimen.