FICHA

Título original: Sofía
Título en España: Sofía
Temporadas: miniserie 2 episodio).
Duración episodio: 70 minutos.
Año: 2011
Temática: Miniserie.
Subgénero: Política.
Resumen: Biografía de la Princesa Sofía de Grecia, entre 1961 y en el momento en el que conoce al Príncipe Juan Carlos, hasta el momento en el que contraen matrimonio.
Protagonistas: Nadia de Santiago, Yon González, Juanjo Puigcorbé, Emma Suárez, Jorge Suquet, Eduardo MacGregor, Lucina Gil, Sebastián Haro, Paloma Zavala,Miguel Ángel Valcárcel, Laura Cepeda, Marta Gutiérrez, Marta Aledo, Enrique Cazorla.
Lo mejor: la idealización de romance entre los que fueron Reyes de España.
Lo peor
: que dicha idealización llega a extremos increíbles.
Lo curioso: la serie permaneció unos meses sin emitirse.
¿Cómo verlo?: En el enlace indicado.

Puntuación: 4,5

PRESENTACIÓN DE LA SERIE

CABECER Y MÚSICA

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Lo mínimo que puede decirse sobre SOFÍA

Después del 23-F de 1981 y hasta el estallido del Caso Urdangarín en 2009, la monarquía fue la institución más valorada en España, a pesar de los pesares. Claro está que la Casa Real hubo de competir con políticos corruptos, administraciones rapaces, banqueros inmisericordes y autonomías de puro despilfarro. “Así se las ponían al Rey…” y así lo tuvo Juan Carlos I durante 28 años. El que varios de sus amigos hubieran estado situados en el ojo del huracán de escándalos económicos y corruptelas acumuladas, sus amoríos con petardas, petardillas y petardazas, el hecho de que no fuera él quien firmara las Leyes aprobadas sino un plotter que hubiera firmado que el mundo era plano si se le hubieran colocado el algoritmo para ello, sus accidentes y el hecho de que sus mensajes de fin de año fueran rutinarios o que Forbes le atribuyera un patrimonio espectacular… todo ello, lo podía digerir la población española, porque, comparado con otras instituciones, era pecata minuta. Pero en los últimos cuatro años, todo este activo se arruinó y la monarquía pasó a tener la misma consideración que el resto de instituciones del Estado. No es raro que en ese tramo final, los esfuerzos de los expertos en comunicación de la Casa Real, se concentraran en reconstruir el prestigio que rodeaba a la monarquía española. Fue así como proliferaron en unos pocos meses, miniseries apologéticas en torno a La Zarzuela: Felipe y Letizia (2010), 23-F, el día difícil del Rey (2009), El Rey (2014), Una bala para el Rey (2009), Alfonso, el príncipe maldito (2010)… Así que la Reina Sofía tuvo también su miniserie ¿Cuándo? Obviamente, en esos mismos años (2011) como parte de esta “operación apuntalamiento”.

A pesar de que, reconocemos, que la Casa Real Griega ofrece personajes mucho más interesantes que la española (la misma hermana de la hoy Reina Emérita, la Princesa Irene de Grecia y Dinamarca, es un personaje de una altura poco habitual en las actuales Casas Reales europeas con unos conocimientos, una preparación cultural y unas tareas solidarias que no son mero postureo), ésta serie no fue bien acogida por la audiencia que la dejó con un escuálido 10’6% de share en su primera entrega y un 8’6% en la segunda.

Como en el resto de productos de este tipo, no se trata, en efecto, de una serie particularmente bien realizada. Abarca un corto espacio de tiempo (entre que la pareja se conoció en la boda de los Duques de Kent y que se casan, no una sino tres veces: por el rito católico, por el rito ortodoxo y por lo civil). El objetivo evidente es aproximar la pareja de los entonces Reyes de España a la población. Y para ello se remite a algo que todos los seres humanos hemos conocido y sabemos apreciar: los amores y las ilusiones juveniles.

En la serie, como en el resto de las miniseries que acabamos de mencionar, una cosa debía quedar clara si de lo que se trataba era de revalidar el “mito Juan Carlos”: 1) Que desde muy joven, el príncipe Juan Carlos ya era un demócrata, 2) que Franco, con una maldad digna del “gran tentador”, intentó manipularlo en todo momento, a pesar de los pesares, 3) que la legitimidad de la Corona juancarlista procede de que, gracias a ella se pudo operar la transición, y 4) que, desde siempre, Juan Carlos, príncipe, rey en ejercicio o rey emérito, siempre ha sido un personaje humano y próximo. Y son estos elementos los que están presentes en esta serie.

Obviamente, a tenor de la progresiva caída en picado de la educación en España, de la proliferación de la telebasura y de lo inaccesible que parece la historia (incluso el pasado reciente) para la mayoría de la población, las miniseries de este tipo deben ser extremadamente simplistas en su concepción y desarrollo. Y solo así puede explicarse la pobreza de los diálogos de los que hace gala esta miniserie, lo básico y maniqueo de los perfiles y, sobre todo, no crear complicaciones, ni remitirse a las situaciones reales de los años 60, muchísimo más complejas que “franquistas-malos” contra “demócratas-buenos”. La historia es mucho más compleja y no permite reducciones flagrantes como las que se realizan en esta miniserie y que pervierten la percepción de la historia objetiva y real.

En general, las interpretaciones son flojas, poco creíbles: Emma Suárez se parece a Federica de Grecia como un huevo a una castaña, Pigcorbé resulta un Conde de Barcelona increíble, Nadia de Santiago, en su papel protagonista, hace lo que puede con el libreto que le han dado, Jorge Suquet parece interpretar más bien a un empleado de La Caixa que al Príncipe de España. Y así sucesivamente.

Resumamos: una serie olvidable en todos los aspectos y, lo que es peor, un mal homenaje a la Reina Emérita. Seamos más claros: en realidad, todo este tipo de miniseries para prestigiar a una institución, sobran. Son las propias instituciones las que, por sí mismas, deben ganarse el respeto y ser ejemplos para la población. La monarquía, no solo debe ser la pieza situada por encima de las fracciones políticas, de las regiones, de las clases sociales, simbolizar la unidad de la Nación, sino que además debe ser ejemplo y modelo de vida: si el rey practica el pelotazo, se va putas y se rodea de parásitos, ese será el modelo que un pueblo tendrá como aceptable; si es un personaje austero, volcado a su trabajo, con una preparación cultural, técnica y humana, excepcional, padre y marido ejemplar, eso será un ejemplo para una población que busca modelos realmente existentes. No hay otra forma de prestigiar a la monarquía que un monarca que la prestigie.