FICHA

Título original: Dinastía
Título en España: Dinastía
Temporadas: 9 (220 episodios).
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 1981-1989
Temática: Drama.
Subgénero: Saga familiar.
Resumen: Los Carrington son una familia acaudalada, residente en Denver (Colorado), a los problemas propios de toda familia de este tipo, se unirán las luchas contra los Colby, californianos y rivales.
Protagonistas: John Forsythe, Linda Evans, Joan Collins, Gordon Thomson, John James, Michael Nader, Jack Coleman, Heather Locklear, Pamela Bellwood, Pamela Sue Martin, William Beckley, Diahann Carroll, Virginia Hawkins, Emma Samms, Lee Bergere, Catherine Oxenberg, Kathleen Beller, Geoffrey Scott, Leann Hunley, Jameson Sampley, Terri Garber, Al Corley, Christopher Cazenove, Ted McGinley, Wayne Northrop, Betty Harford, Michael Praed, Jessica Player, Lloyd Bochner, Peter Mark Richman, Paul Burke.
Lo mejor: ver en acción a Joan Collins ejerciendo de víbora.
Lo peor
: la mutación de John Fortythe de bueno-buenísimo en la primera temporada a malo-malísimo en las siguientes.
Lo curioso: la serie fue un compendio de la moda femenina de los 80.
¿Cómo verlo?: Algunos episodios pueden verse en youTube y otros obtenerse mediante programas P2P. El producto completo está a la venta en DVD.

Puntuación: 6

PROMO (en inglés)

CABECER Y MÚSICA

VER SERIE

WEB OFICIAL

Comprar DVD en Amazon

Lo mínimo que puede decirse sobre DINASTÍA

Denver y Dallas no están muy alejadas, pero mientras la última pertenece al Estado de Texas (“la estrella solitaria”), Denver está en Colorado, situado en el centro de los EEUU. Si Dallas era el eje de la serie del mismo nombre, Denver será el epicentro de esta otra. Ambas series serán como dos gotas de agua, obviamente competidoras y cada una con un público devoto y entregado, cada una con sus puntos fuertes y sus problemas. En Dinastía se nos cuenta la historia de la familia Carrington, dedicados al negocio del petróleo y propietarios de la empresa Denver Carrington. Y, por supuesto, había buenazos (aquí es “Colby” que ejerce el mismo rol de “Bobby”, malvados, con esa especie de “J.R.” con faldas y wonderbra interpretada por Jan Collins. Hasta aquí se observará que la historia es completamente paralela a Dallas: familia – petróleo – empresa – personajes maniqeos. Pero a partir de ahí, las series muestran desarrollos divergentes.

Así como Dallas permanece de espaldas a las noticias de actualidad, Dinastía en cambio, es muy sensible a las innovaciones de carácter internacional y a los cambios de costumbres que sufrió la sociedad norteamericana en los 80: prueba de ello es la presencia de un hijo gay (“Steven”) o el hecho de que en los primeros episodios, “Mathew”, sea uno de los trabajadores de los Carrington secuestrados en Irán durante la revolución islámica de Jomeini. Es cierto que “Steven” fue uno de los primeros personajes gays en aparecer en televisión, si bien terminaría casándose para satisfacer a su madre con la hija de otra familia acaudalada. Por otra parte, así como “los Ewing” de Dallas eran más toscos y rurales, los personajes de Dinastía, en cambio, tienen tendencia a la sofisticación y el encanto. De hecho, el nombre mismo de la serie casi parece un esfuerzo por remitir a las monarquías europeas, aunque aureoladas por la única marca de sangre azul y distinción que puede concebir la civilización americana: la bendición de millones de dólares. Así mismo, mientras que la moda femenina en Dallas no llamó la atención de ninguna espectadora, los modelitos lucidos por Linda Evans especialmente, pero también por Joan Collins, marcaron la moda femenina de los 80: hombreras a tutiplé.

El protagonista indiscutible de la serie es “Blake Carrington” (John Forythe), ex marido de “Alexis” (Joan Collins, que aparece a partir de la segunda temporada) y casado ahora con “Krystle” (Linda Evans). “Blake” tiene cuatro hijos procedentes de su primer matrimonio: “Steven” (Al Corley, el gay, pero no completamente gay), “Fallon” (Pamela Sue Martin, la petarda de indecibles devaneos eróticos), “Amanda” (Catherine Oxenberg, personaje absurdo y mal pintado que, por cierto, se casa con el príncipe de Moldavia justo en el momento en el que un golpe de Estado derriba a la monarquía, se lía luego con el chófer de los Carrington y termina desapareciendo bruscamente) y “Adam” (Robin Sachs), primogénito, secuestrado de niño por una niñera y que aparece vente años después convertido en malvado a jornada completa).

Un personaje importante es “Jeff Colby” por dos motivos: pertenece a otra familia rival que dará lugar a un spin off (Los Colby, 1985-1987) que resultará ser un fracaso absoluto. Pero, además, “Jeff” es el bueno de la serie. Bueno para aguantar la reiterada cornamenta que le impone su vínculo matrimonial con “Fallon” y que, por si eso no fuera poco, resulta envenenado por “Adam”, abandonado por su mujer de la que, obviamente, sigue perdidamente enamorado. Por su parte, el papel de “Blake” es más ambiguo y oscila entre las altas cumbres aterciopeladas de la bondad y los abismos más retorcidos de la perversión.

En esta serie floreció un modelo de situación sin precedentes: el llamado “salto del tiburón”, consistente en personajes que aparecen y desaparecen bruscamente y sin grandes explicaciones. Al volver a reaparecer, en ocasiones, ni siquiera están representados por el mismo actor. Lo que a primera vista podría aparecer como una incoherencia (y de hecho lo es en grado extremo), apenas es advertido por el espectador que centra su atención en personajes nuevos. Es otra de las innovaciones introducidas por Dinastía en el mundo de las series. En ocasiones, estas desapariciones se debían a la caída en picado de la popularidad de algún personaje y en otras a las pretensiones económicas de sus protagonistas. Para evitar que el público advirtiera las incoherencias de guionización que inevitablemente aparecían, se optó por invitar a grandes nombres del cine: Rock Hudson, Charlon Heston, Barbara Stanwiyck, Ali Mac Graw…

Los guionistas de Dallas aprendieron a adaptar el culebrón al público norteamericano; los de Dinastía dieron un paso más allá: hicieron que cualquier absurdo argumental fuera perdonado por el espectador o pasara desapercibido. Las dos series cabalgaron juntas en los años. Los Ewig tuvieron más fortuna que los Carrington: aparecieron antes y concluyeron su andadura televisiva después. Ambas pertenecen al mismo género y están marcadas por las mismas temáticas, pero Dinastía muestra con mayor fidelidad las modas y los cabios sociales de los 80. Tal es su gran mérito.