FICHA

Título original: Dallas
Título en España: Dallas
Temporadas: 14 (357 episodios + 40 episodios del “renacimiento” en 2011-2014).
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 1978-1991
Temática: Drama.
Subgénero: Saga familiar.
Resumen: Peripecias de “los Ewing”, una familia tejana dedicada al negocio del petróleo y poderosa en el Estado de Texas, dirigida por el hijo mayor, un tipo sin escrúpulos y todo lo malvado que puede concebir la mente de un guionista: el famoso “J.R.”
Protagonistas: Barbara Bel Geddes, Jim Davis, Patrick Duffy, Linda Gray, Larry Hagman, Susan Howard, Steve Kanaly, Howard Keel, George Kennedy, Ken Kercheval, Cathy Podewell, Priscilla Beaulieu Presley, Victoria Principal, Dack Rambo, Donna Reed, Charlene Tilton, Sheree J. Wilson, Mary Crosby.
Lo mejor: estrenó una fórmula que hasta ese momento solamente se había dado en Iberoamérica.
Lo peor
: aparte del acento y la ambientación, los elementos propios del culebrón siguieron presentes
Lo curioso: fue uno de los primeros culebrones emitidos en catalán por TV3.
¿Cómo verlo?: Algunos episodios pueden verse en youTube y otros obtenerse mediante programas P2P. El producto completo está a la venta en DVD.

Puntuación: 6

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Lo mínimo que puede decirse sobre DALLAS

En 1977, cuando se ideó esta serie en los EEUU solamente habían transcurrido 15 años desde que JFK había sido asesinado precisamente en esa ciudad que había pasado a ser el símbolo de la violencia en los EEUU. Por otra parte, las grandes acumulaciones de capital procedente del negocio de la informática todavía no habían aparecido en Silicon Valley; cuando la “era Reagan” ya se auguraba en el horizonte, el paisaje norteamericano estaba compuesto por pozos de petróleo que bombeaban día y noche. Aún no se había producido la entrada masiva de población hispana, pero los “showrunners” habían descubierto la pujanza al sur de río Grande de un modelo de hacer televisión: el culebrón. La serie Dallas fue el producto de estos tres elementos: una ciudad que remitía a la violencia, un modelo de serie llegado del sur y una familia vinculada al petróleo.

Los elementos propios del culebrón latino eran inaplicables a los EEUU de finales de los 70: se daban en otro horizonte geográfica y con otros valores, así pues era necesario adaptarlo a un país calvinista, dirigido exclusivamente por WASP y en el que los impulsos primarios de la naturaleza humana debían estar presentes pero con menos lágrimas, dramatismo y sobreactuación que en una sociedad mucho más pragmática que la hispana. Los guionistas de Hollywood estaban entrenados para hacer eso: mantuvieron los arquetipos del culebrón, los esquemas maniqueos (buenos angelicales y malos luciferinos), lo interminable de las tramas (entuertos sobre entuertos, rupturas seguidas de reconciliaciones) y la intensidad de las pasiones humanas.

El resto lo puso Burt Hirschfeld y su discreta novela, Los hombres de Dallas, que sirvió para situar y caracterizar a los personajes. Una familia con fortuna procedente del petróleo: los Ewing. Una empresa: la Ewing Oil. Una mansión: South Fork. Un malvado de manual: “J.R. Ewing”. Un buenazo: “Bobby”. Unas mujeres fatales: “Pamela”, “Sue Ellen”… El círculo se completaba con los hijos, los abuelos, los habituales cuñados, los amigos, los que se aproximaban para hacer negocios con los Ewng, con funcionarios estatales, políticos, empresarios rivales, viejos conocidos y gente que pasada por Southt Fork. De la combinación de todos estos elementos surgieron los 357 episodios de la serie.

La leyenda cuenta que un guionista de Hollywood, David Jacob, quedó impresionado al ver Secretos de un matrimonio (1973) de Igmar Bergman y propuso a la CBS la realización de una saga “norteamericanizando” la trama. Obviamente, en la CBS se encargaron de llevar el proyecto por derroteros mucho más accesibles: nada de Bergman, mejor adaptar la fórmula del culebrón. Y nada de que fuera una familia media la protagonista: debían ser los arquetipos del “sueño americano”, una saga petrolera (si se hubiera hecho en los 90, la hubieran protagonizado empresarios de informática y la familia se dedicaría a la especulación bursátil o al fraking).

Había que contar con actores que no dieran problemas: nada de primeras estrellas, demasiado caras y caprichosas, mejor actores con experiencia televisiva, que cumplieran bien con su trabajo y ansiosos por trabajar. Larry Hagman que hasta ese momento había rozado la fama con Mi bella genio, bajo un sombre tejano, dio vida a “J.R.”, uno de los personajes más malvados y venenosos de la televisión. Lina Gray fue elegida como su esposa: en el casting solamente tuvo que decir cuatro líneas y, sobre todo, llorar (procedente del teatro, la volveríamos a ver en Melrose Place, 1994). El papel de “Pamela” correspondió a Victoria Principal provista de un pequeño historial como actriz de reparto en varias series con famosos, una portada de Play-Boy, una aparición en La isla de la fantasía, y poco más. Patrick Duffy había hecho poca televisión y apenas aparecido como actor de reparto en algunos largometrajes, pero daba el perfil para ser el buenazo de la saga al menos hasta 1985 cuando decidió abandonar la serie y los guionistas tuvieron que asesinarlo (luego regresaría… como personaje de los sueños de su mujer, “Pam”).

La serie, considerada en la actualidad, era mediocre en su ejecución, discreta en las interpretaciones y poco imaginativa en los contenidos. Hoy nos parece un folletín convencional del que resulta imposible pensar que lograra atraer la atención mundial durante toda una década. Sin embargo, en su momento, fue un producto innovador que marcó un antes y un después en la forma de hacer series de televisión y prolongó su influencia en lo que quedaba de milenio. Hoy, obviamente, se trata de una colección de elementos narrativos y recursos argumentales excesivamente explotados, reiterativos en la misma serie e, incluso, poco afortunados.

Sin embargo, Dallas fue el buque insignia de unos EEUU que ya no existen. Preludiaron la “era Reagan” y caminaron con ella durante todo el tiempo que se mantuvo en antena. Los tiempos en los que el sueño hegemónico norteamericano estuvo más vivo que nunca y los protagonistas de la serie eran los arquetipos modélicos con los que se identificaban los norteamericanos. La era de los tiburones de Wall Street, quizás no hubiera ocurrido si, los jóvenes no se hubieran identificado con “J.R.”. La proliferación de “solidarios” que siguió era el producto de identificarse con “Bobby”. Influyó en su tiempo e influirá mientras los jóvenes que se impregnaron por los rasgos de sus personajes favoritos sigan en puestos significativos en la sociedad.

En 2011, la Warner resucitó la serie con los mismos personajes, 20 años después de la emisión del último episodio. No era un remake, era la continuación y, como tal, se logró mantener durante 40 episodios y cuatro temporadas, pero sin volver a alcanzar el esplendor originario.