FICHA

Título original: Angel
Título en España: Angel
Temporadas: 5 (110 episodios).
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 1999-2004
Temática: Terror.
Subgénero: Vampiros.
Resumen: Un Vampiro “bueno”, ex novio de Buffy Cazavapiros, que se muda a Los Angeles para seguir combatiendo a sus hermanos y, por extensión, contra todas las fuerzas del mal.
Protagonistas: David Boreanaz, Amy Acker, Charisma Carpenter, Alexis Denisof, J. August Richards, Andy Hallett, Vincent Kartheiser, James Masters, Stephanie Romanov, Christian Kane, Julie Benz, Mercedes McNab, Elisabeth Röhm, Daniel Dae Kim, Eliza Dushku, Gina Torres, Adam Baldwin, Sarah Michelle Gellar.
Lo mejor: representa una evolución mejorada de la serie matriz.
Lo peor
: el punto de partida –un vampiro con alma- no resulta completamente asumible.
Lo curioso: la serie acabó de manera ambigua dando la posibilidad al personaje para que reapareciera en algún momento
¿Cómo verlo?: Algunos episodios pueden verse en youTube y otros obtenerse mediante programas P2P. El producto completo está a la venta en DVD.

Puntuación: 6’5

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Lo mínimo que puede decirse sobre ANGEL

Es difícil que dos series, matriz y spin-off, coincidan en una sola generación y se transformen en series de culto de tal manera que si engancha una, casi sea necesario ver su secuela. Esto es lo que les pasa a Buffy cazavampiros y a Angel, surgida de un personaje aparecido en la trama de la primera. El protagonista, “Angel”, es el vampiro con alma, una variedad que Bram Stoker jamás se le hubiera ocurrido considerar. Para eso estaba el Doctor Jeckyll y Mister Hyde, el bipolar de Robert Louis Stevenson. Un vampiro con alma es algo tan increíble como un banquero con corazón, sin embargo, a pesar de este arranque poco asumible, la serie Angel tiene su interés, especialmente para adolescentes que vibraron con los amores del personaje con Buffy cazavampiros.

Hasta aquí está claro que quien no se emocionara con la cazadora de vampiros, difícil lo tiene para apreciar la saga de su noviete. De hecho, cuando Joss Whedon, creador del personaje de “Buffy”, advirtió que la serie no daba más de sí y que ya habían aparecido más vampiros que alumnos en aquella High School, no se resignó a abandonar el género y aprovechó el personaje masculino con más tirón en la serie. Pero entre una y otra serie hay sustanciales diferencias y lo que hizo Whedon no fue más que arrimarse a las circunstancias cambiantes de la sociedad norteamericana.

Sí, porque entre el primer episodio de Buffy (10 de marzo de 1997) y el inicio de Angel como protagonista autónomo (5 de octubre de 1999) median dos años y medio en los que algo había ocurrido en EEUU: se había destapado el fenómeno del fundamentalismo cristiano, los llamados “cristianos renacidos” que creían firmemente que Jesucristo actuaba directamente en sus vidas. Si un grupo de intelectuales, trotskistas de extrema-izquierda en su juventud, constituían la élite de lo que sería la “administración Bush”, los votos procedieron en noviembre de 1999 de los “cristianos renacidos”.

El fenómeno era la tercera consecuencia del “tercer despertar religioso” de los EEUU que siguió al que tuvo lugar durante la Guerra de la Independencia contra los británicos, el segundo con posterioridad a la Guerra de Secesión, siendo el tercero el que se inició en los años 60 con la contracultura y el underground y que continuó con la New Age, para desembocar, de manera imprevista, en un nuevo fenómeno religioso evangélico que desató oleadas de histeria a finales del siglo XX y durante los dos mandatos de George W. Bush. Pues bien, eso explica las variaciones esenciales que se produjeron de Buffy cazavampiros a la serie autónoma Ángel.

En efecto, tanto Buffy como sus compañeros e incluso su mentor, el bibliotecario “Rupert”, sino se muestran como agnósticos, les falta poco: ninguno muestra particular interés en el fenómeno religioso. Simplemente, luchan contra los vampiros. Eso es todo. ¿Por qué? Porque es su “misión”. Nada más. La figura de “Ángel”, al aparecer, introduce un elemento nuevo: el vampiro de buen corazón que buscaba la redención por el amor. Sin embargo, cuando Ángel desembarca en Los Ángeles, funda una empresa destinada a investigar los casos sobrenaturales, una de cuyas funciones es tratar de restaurar la fe para los que se han extraviado y, por tanto, se han perdido en el mundo de los muertos. Los temas religiosos –como en los EEUU de aquellos momentos- que, en Buffy están completamente ausentes, permanecen a flor de piel en toda la serie. Por lo demás, si en Buffy, los vampiros de aluvión, simplemente son malvados que buscan sobrevivir, en Angel se trata más bien de instrumentos un poder diabólico. De hecho, no está muy claro si son diablos o vampiros. Lo que si se sabe es lo que pretenden: sembrar el “caos”. No, en realidad, simplemente están planeando el Apocalipsis…

El protagonista de la serie es Ángel, vampiro con la provecta edad de 200 años, que lleva bastante bien. Los gitanos que lo maldijeron tuvieron la culpa de su tránsito a personaje del inframundo. Luego recupera su alma, pero no puede retornar a su estado humano: debe expiar las culpas por todas las maldades que cometió antes. El personaje está interpretado por un juvenil David Boreanaz que apuntaba las maneras que luego hemos podido verle ejercer en otra serie de éxito y amplia difusión, Bones (2005-2017).

A lo largo de sus siete temporadas, la serie va desarrollando una complicada saga de personajes que se ubican en torno al protagonista o en su contra (su enemigo jurado es, cosa significativa, un bufete de abogados, que además del ejercicio de su profesión, son una especie de agencia de contratación diabólica). A medida que van avanzando los episodios, la saga resulta progresivamente más compleja. Los personajes tienden a aparecer y desaparecer con cierta facilidad y en los episodios siguientes se ven a nuevos personajes relacionados con ellos y con sus funciones. Boreanaz es el único personaje que aparece desde el principio hasta el final.

La serie es un producto juvenil, adaptado para jóvenes y adolescentes interesados por el cine de terror y que antes se han sentido identificados con la serie en la que apareció por primera vez el personaje protagonista.