FICHA

Título original: El caso Wanninkhof
Título en España: El caso Wanninkhof
Temporadas: miniserie en 2 episodios.
Duración episodio: 75 minutos.
Año: 2008
Temática: Crimen.
Subgénero: Investigación.
Resumen: miniserie basada en el caso de Dolores Vázquez acusada inicialmente del asesinato de Rocío Wanninkhof y que permaneció varios años en cárcel y sometida a linchamiento mediático hasta que la policía detuvo al verdadero culpable.
Protagonistas: Luisa Martín, Juanjo Puigcorbé, Belén Constenla, Valentina Burgueño, Manuel Navarro, Carla Nieto, Frank Feys, Carla Nieto, Victoria Mora.
Lo mejor: un alto grado de exactitud con los hechos reales.
Lo peor
: que recuerda lo peor de la telebasura, los juicios paralelos y los linchamientos públicos.
Lo curioso: Que el título remite a un hecho real, pero los nombres están cambiados…
¿Cómo verlo?: fue emitida por TVE1 y puede verse en el enlace indicado.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre EL CASO WANNINKHOF

Desde los años 90, en España, los juicios paralelos se han convertido en algo inevitable. Ocurrió con el “caso de la farmacéutica de Bañolas”, volvió a ocurrir con el “caso de las niñas de Alcasser” que, quizás, fue su clímax y, alcanzó su nivel extremo de gravedad en el llamado “caso Wanninkhof”. Este último es paradigmático sobre los efectos de las campañas de linchamiento y de los juicios paralelos. No solamente, desde el principio, existían serias dudas de que la detenida hubiera podido ser la asesina, sino que en el juicio la acusada fue declarada culpable, tras una breve deliberación. El crimen tuvo lugar en 1999, el juicio en 2001 y en 2003, otro caso de similares características llevó a la detención de Alexander King, un súbdito inglés, del que luego se encontraron pruebas irrefutables de que también fue el asesino de Rocío Wanninkhof. Algunos medios quisieron seguir tirando del cabo de Dolores Vázquez, tratando de demostrar que el psicópata británico era el brazo ejecutor de ésta última, amante despechada de la madre de la asesinada. Se trataba de dar a la tesis defendida con particular ahínco por la telebasura, una salida airosa. Los ecos de esta nueva infamia se extinguieron pronto y hoy nadie, absolutamente nadie, alberga la menor duda de quién fue la víctima del crimen, quién el asesino y quién la víctima mediática. Esta serie, restituye la realidad de los hechos y las responsabilidades dos años después de que Alexander King fuera declarado culpable del asesinato.

A veces hay series cuya filmación es necesaria para restituir la verdad de los hechos y para recordar lo más odioso de todo un pueblo. Sí, porque España se volvió loca con el Caso Wanninkhof. No es que este país sea particularmente visceral (que lo es), sino que durante meses, un sector de la población, habituado a la telebasura, participó en el linchamiento mediático de un “falso culpable”. Hay que recordar que la primera vez que la imagen del “falso culpable” aparece en el cine es cuando Fritz Lang, el famoso director de cine expresionista alemán, fue considerado como culpable de la muerte de su primera esposa. Cuando abandonó Alemania (en grandísima medida porque esta acusación no se había disipado) y se estableció en los EEUU, llevó este tema al cine en varias ocasiones e incluso fue el título de una de sus cintas más celebradas en su etapa norteamericana: Falso culpable (1956).

El problema de los linchamientos mediáticos es que no solamente tienen consecuencias momentáneas, sino que condicionan las deliberaciones de los jurados populares. En efecto, lo normal sería que de la misma forma que cuando se estropea un grifo llamemos al fontanero y cuando necesitamos una manzana acudamos al frutero, lo normal sería que las deliberaciones de la justicia estuvieran solamente en manos de profesionales del derecho, entrenados para algo que se escapa a la mayoría de ciudadanos: el ejercicio de la objetividad.

El destrozo mediático organizado en torno al Caso Wanninkhof se agravó todavía más porque el “jurado popular”, condicionado por la telebasura, confirmó todas las tesis de la fiscalía a la hora de condenar a Dolores Vázquez. Explíquele usted a un espectador de Sálvame de Luxe o de Hormigas Blancas, o de aquel inenarrable Mississippi, lo que significa el “in dubbio pro reo”, justo cuando ha visto un “especial informativo” sobre el caso que va a juzgar… Es como el juzgado mayoritariamente negro que juzgó (y por supuesto absolvió) a O.J. Simpson. Lo que ni siquiera funciona en el país de origen, desde luego no va a funcionar en la visceral y emotiva Celtiberia.

La serie restituye todo lo que ocurrió sin dejar cabos sueltos. Lo hace de manera digna y bien contada. Sin estridencias. Sin divagaciones inútiles. Luisa Martín realiza una extraordinaria interpretación del personaje en torno al que gira la serie. Juanjo Puigcorbé, asume el rol de abogado de Dolores Vázquez, mientras que Belén Constenla pasa a ser la madre de la víctima y Frank Feys el asesino psicópata. De los dos episodios, sin duda el primero está mejor atado y registra elementos más interesantes. En el segundo, al querer acentuar los elementos de suspense y sorpresa, se cae en la caricatura. Sin embargo, en su conjunto, la miniserie tiene un nivel aceptable y sobre todo, una serie que restituye la verdad sobre el asesinato y nos recuerda lo vulnerable que es la naturaleza humana a la visceralidad, el juicio precipitado y la subjetividad emotiva.