FICHA

Título original: Alfonso, el príncipe maldito
Título en España: Alfonso, el príncipe maldito
Temporadas: miniserie en 2 episodios.
Duración episodio: 80 minutos.
Año: 2010
Temática: Biopic.
Subgénero: Realeza.
Resumen: Biografía novelada del Príncipe Alfonso de Borbón, de su romance con Carmen Mantínez Bordiu, hasta su fallecimiento en 1989.
Protagonistas: José Luis García Pérez, Cristina Peña, Fiorella Faltoyano, Francisco Vidal, Luisa Gavasa, Aníbal Soto, Guadalupe Sancho, José Sánchez Orosa, Fernando Gil, Javier Cidoncha, Pedro Miguel Martínez, María Delgado, Eric Bonicatto, Arturo Arribas, Guillermo Casta.
Lo mejor: José Luis García Pérez y Cristina Peña como Alfonso de Berlón y Carmen Martínez Respectivamente.
Lo peor
: La contraposición implícita entre el “Borbón maldito” y el “Borbón afortunado”.
Lo curioso: Los legitimistas franceses tenían a Alfonso de Borbón –y actualmente a su hijo- como aspirante al trono de Francia.
¿Cómo verlo?: En el enlace indicado de Telecinco.

Puntuación: 5,5

FRAGMENTO

PROMO

CABECERA

MÚSICA

VER SERIE

WEB OFICIAL

Comprar DVD en Amazon

Lo mínimo que puede decirse sobre ALFONSO, EL PRÍNCIPE MALDITO

La figura de Alfonso de Borbón y Dampierre siguió siendo recordada dos décadas después de su fallecimiento en trágico accidente. Fueron veinte años en los que la prensa del corazón y la telebasura siguieron preocupándose de su figura y de la de su hijo, manteniéndola presente por mucho que ambos huyeran de la publicidad y de los focos. Era evidente que, antes o después, alguien filmaría una “miniserie” sobre los aspectos que más carnaza habían dado a los medios. En 2010, en plena crisis de la monarquía juancarlistas y como uno de los puntales del dispositivo publicitario para devolverle lustre, se emitió esta miniserie en dos entregas, que si algo puede reprochársele es que tuviera un título poco apropiado: porque Alfonso de Borbón no era un “príncipe maldito”, sino más bien un segundón desafortunado. Una cosa es tener mala suerte y afrontar una serie de percances personales y otra muy diferente ser objeto de una maldición. Pero si decimos que fue Telecinco la que encargó y emitió la serie, las cosas se entienden mucho mejor.

De Alfonso de Borbón se dijeron muchas cosas, algunas de las cuales registra esta serie de manera abusiva: que se casó con la hija de Franco para ser nombrado heredero de la Corona de España, que era un personaje frívolo y caprichoso o que estaba distanciado por una especie de odio secular contra su primo Juan Carlos de Borbón por haberle “robado” el trono de España. En realidad, Alfonso de Borbón –como su hijo en la actualidad- era aspirante legitimista a la Corona de Francia, no a la de España. Su matrimonio con Carmen Martínez Bordiu no obedeció a ningún cálculo maquiavélico, ni a lo que parece, Franco lo guardó como “opción B” por si la carta de Juan Carlos de Borbón no salía bien y, desde luego, una cosa es que Franco aprobara el matrimonio de su nieta con un miembro de la Casa de Borbón, y otra muy diferente que –como se ha insinuado- quisiera prolongar su jefatura del Estado a través de unir su linaje al de la Casa Real.

En una miniserie como ésta, lo que más atención atrajo a los guionistas, no fue ni sus estudios, ni su trabajo como miembro del Comité Olímpico Internacional, sino más bien sus devaneos amorosos, y sus desgracias personales. Y es triste que, al biografiar una vida, estos sean los aspectos más relevantes en los que se centra la trama. Así pues, hay en esta miniserie una limitación voluntaria: se trata de presentar solamente un aspecto en la vida de Don Alfonso de Borbón, no la totalidad de su vida.

Otro aspecto criticable en esta serie –y de donde dimana su intencionalidad política en 2010 cuando se emitió- es la contraposición entre “Juan Carlos, príncipe demócrata” y “Alfonso, príncipe fascistizante”. Se prestigia al primero por la vía de la atribución de un área de “maldición” al segundo. Claro está que en los momentos en los que se emitió la miniserie, el reinado de Juan Carlos I atravesaba su peor momento (Corina, el elefante de Botswuana, el inicio del Caso Noos). Esta serie figuraba dentro del dispositivo propagandístico para reconstruir la figura del monarca, presentando a Alfonso de Borbón como alguien que se casaba con la hija de Franco para, prácticamente, robarle los derechos sucesorios.

La serie se muestra rutinaria. Transmite pocas ilusiones y hay en toda ella algo de artificioso. Tapoco da la sensación de que los actores protagonistas, especialmente el muy brillante José Luis García Pérez, esté muy contento con su papel protagonista. En los momentos de mayor dramatismo y tensión es cuando, echan los restos y las interpretaciones alcanzan un clímax de calor y verosimilitud, pero resulta inevitable experimentar cierta sensación de frialdad en el resto del metraje.

La serie no fue mal acogida por el público que le deparó un 17% de atención en las dos entregas. Casi tres millones de espectadores de Telecinco vieron la serie que fue objeto de debates, artículos y resúmenes en la propia cadena.

Alfonso de Borbón, por nacimiento, fue un personaje secundario en la historia de la monarquía española (no así en el legitimismo francés). No pretendió ni un lugar en la prensa del colorín ni en la telebasura, ni disputar con nadie un lugar preeminente. Esta serie no le hubiera gustado, no tanto por su contenido, como por su existencia en sí misma. A un personaje secundario, corresponde una serie también una serie de poco relieve.