FICHA

Título original: Adolfo Suárez, el presidente
Título en España: Adolfo Suárez, el presidente
Temporadas: miniserie en 2 episodios).
Duración episodio: 78 minutos.
Año: 2011
Temática: Biopic.
Subgénero: Política.
Resumen: Biografía novelada de Adolfo Suárez desde su juventud en Avila hasta que dimitió de Presidente de Gobierno en 1981
Protagonistas: Ginés García Millán, Toni Acosta, Fernando Cayo, Jesús Noguero, Juana Acosta, Mario Pardo, Mariano Venancio, Ramón Barea, Luis Rallo, Borja Elge.
Lo mejor: la recreación que hace Ginés Gardía del protagonista
Lo peor
: pertenece a la “mitología de la transición”.
Lo curioso: La serie se reemitió dos días antes del fallecimiento del ex presidente siendo un fracaso de audiencia.
¿Cómo verlo?: En el enlace indicado de Antena 3.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre ADOLFO SUÁREZ, EL PRESIDENTE

Las miniseries en dos (máximo tres) capítulos es la fórmula que han adaptado los distintos canales para realizar una revisión de la transición y tratar biografías polémicas. Antena 3 en 2010 lanzó esta serie biográfica sobre Adolfo Suárez que volvió a reponer en 2014 cuando falleció después de una larga y cruel enfermedad. La serie no aportaba históricamente gran cosa y se limitada a reproducir la “versión oficial” sobre la transición con cierto rigor en la presentación de algunos momentos cumbre de aquel episodio ya histórico.

La mitología oficial de la transición (esto es, el atribuir al Rey el impulso decisivo para transformar sin brusquedades el franquismo y el papel de Adolfo Suárez como ejecutor de ese diseño regio) quedan registrados y justificados en esta serie. En realidad, fueron los intereses del capitalismo español que había ido desarrollándose en los años 60 y en los 70 precisaban incorporarse a Europa, los intereses estratégicos de los EEUU empeñados en que la OTAN ganara “profundidad” incorporando directamente a España, los intereses de las corporaciones financieras internacionales que veían a España como un lugar barato, que precisaba infraestructuras e inversiones, los que forzaron la transición. A Adolfo Suárez le correspondió un duro papel: hacerla tácticamente posible, pero el objetivo ni era suyo ni del monarca. Ambos no dejaban de ser funcionarios de la estructura franquista bien situados para pasar como cabezas visibles de aquel proceso dados sus instintos en supervivencia bien desarrollados.

La cosa terminó bien. Hubo libertades políticas, elecciones libres, partidos políticos, y España es hoy equiparable a cualquier otro país europeo. De no haber mediado la transición hubiéramos sido “otra cosa” diferente al núcleo central de la UE, en lugar de ser simplemente la “periferia de la UE”. Pero aquella transición distó mucho de ser pacífica y modélica: 100 muertos por terrorismo y violencia política al año lo atestiguan, una inflación galopante que en ocasiones superó el 20%, oleadas de huelgas, sensación continua de improvisación en los años en los Adolfo Suárez estuvo al frente de la presidencia y el sobresalto permanente fueron los rasgos de aquella época.

Es discutible presentarla como la contrapartida a la voluntad de Adolfo Suárez y del Rey de dar libertades políticas a la población. Los centros de poder real ni estaban en La Moncloa ni en La Zarzuela, sino más bien en rascacielos de Manhattan o en alguna oficina del Pentágono. Si se olvida esto, es imposible interpretar todo lo que ocurrió en los 40 años siguientes. La “transición” se cerró mal por mucho que Suárez pudiera decir el “misión cumplida” cuando dimitió en 1981. Ahí es precisamente donde termina esta serie. Hubiera sido deseable que, puestos a completar el biopic, se prolongara a la agonía de UCD, a la formación el Centro Democrático y Social y a su momentáneo éxito proponiendo un programa en la que lo esencial era recortar la “mili” a cuatro meses…

Si la serie se cortó en ese momento, era porque hasta ahí se respetaba la “versión oficial” de la transición, más allá, lo único que podía resaltarse es el carácter oportunista de Adolfo Suárez. Guiado siempre por ese instinto de supervivencia extremo su carrera política transcurrió desde que ingresó en Acción Católica, para pasar luego al Movimiento franquista, escalando y escalando a la sombra de Herrero Tejedor. La serie nos muestra a un Adolfo Suárez que “derrota” a la clase política franquista armado con un afán de recuperar las libertades políticas para España. Ya decíamos que la miniserie entra más en la mitología de la transición que en la verdad histórica.

Ginés García Millán, hace un buen trabajo de reconstrucción del personaje. Es creíble y hay momentos en los que casi nos creemos que es el biografiado. Algunas escenas sobre episodios que realmente existieron –el encuentro entre Suárez y Carrillo- está reconstruido primorosamente y envuelto entre las brumas del humo de los cigarrillos de ambos fumadores empedernidos- son extremadamente detallistas. El presidente nos aparece como un tipo de vida dura, próximo a los ciudadanos, honesto y carismático, trabajador y fiel cumplidor de sus compromisos, empeñado en modernizar España (en definitiva, que el personaje sale favorecido). La serie, de hecho, se apoya especialmente en el trabajo de Ginés García.

En su primera emisión por Antena 3, la serie debió competir con la final de Gran Hermano 11. Se impuso el reality de Telecinco obteniendo el doble de audiencia. A nadie le sorprendió y el resultado de un 15% de share para Antena 3 demostró que había atraído la atención del público refractario a los realitys. Curiosamente la audiencia era idéntica a la de otros productos parecidos (miniseries de trasfondo político sobre la historia reciente de España). Las críticas fueron unánimemente favorables, pero cuando se repuso a poco de fallecer Adolfo Suárez, el 21 de marzo de 2014 (cuando se dio a conocer que el ex presidente se encontraba en grave estado; fallecería dos días después) se quedó con apenas el 7’2%, a 11’4% de distancia del Sálvame de Luxe y unas décimas por detrás de Equipo de Investigación de La Sexta y de un largometraje de relleno emitido por TVE1. Una buena producción de ficción que no aporta datos nuevos sobre la transición ni sobre la gestión de Adolfo Suárez, sino que se limita a idealizarlo y elevarlo a los altares de la mitología política de este país.