FICHA

Título original: Who Lindbergh’s baby?
Título en España: Who Lindbergh’s baby?
Temporadas: 1 episodio.
Duración episodio: 53 minutos.
Año: 2013
Temática: Crimen.
Subgénero: Documental.
Resumen: El caso del secuestro del bebé del matrimonio Linbergh, revisado 85 años después del crimen
Protagonistas: testimonios personales y fragmentos de documentales.
Lo mejor: no olvidar un odioso crimen de este tipo.
Lo peor
: algunos de los testimonios son casi tan odiosos como el crimen en sí mismo.
Lo curioso: La serie no ha tenido absolutamente ninguna promoción.
¿Cómo verlo?: En Netflix.

Puntuación: 6,5

PROMO

CABECERA

MÚSICA

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Lo mínimo que puede decirse sobre WHO KILLED LINDBERGH’S BABY?

Unos antecedentes para poner al lector en situación: el 1 de marzo de 1932, fue secuestrado el hijo del famoso aviador Charles Lindbergh que cinco años antes había atravesado, por primera vez, en un pequeño aeroplano el Océano Atlántico. El pequeño tenía apenas 20 meses y su cuerpo en descomposición apareció el 1º de marzo a 8 kilómetros del domicilio de los Lindbergh en Hopewell, Nueva Jersey, después de que sus padres pagaran 50.000 dólares a los secuestradores. Casi tres años después fue detenido Bruno Richard Hauptmann, en cuyo poder se encontraron 15.000 dólares procedentes del pago efectuado por los Lindbergh y fragmentos de madera idénticos a los que se habían utilizado para construir la escalera que permitió al secuestrador llegar hasta la habitación del bebé. Blanco y en botella: Hauptman fue juzgado, condenado y ejecutado con el aplauso de toda la nación que quedó horrorizada por este crimen en la persona del hijo de un verdadero “héroe americano”. El documental Who Killed Lindbergh’s Baby?, trata de aportar nuevos elementos a la investigación.

El documental está producido  NOVA, escrito y dirigido por Laurence Klein y el copyright corresponde a la WGBH Educational Foundation. A lo largo de sus 53 minutos de duración,  se reabre este truculento caso que, después del asesinato de Lincoln y antes que el de JFK, ha sido el que más atención e interés ha acaparado del público norteamericano. Es de agradecer que alguien ofrezca la posibilidad de recordar aquel crimen histórico, pero también hubiera sido deseable que se hubiera atenido a pruebas más sólidas o a reconocer que no existían pistas nuevas. En algún momento, alguno de los entrevistados, incluso, se ha permitido lanzar acusaciones ignominiosas contra el propio Lindbergh que, por lo demás, no venían avaladas por ninguna prueba.

Lo más que se puede decir sobre el juicio contra Haptmann es que estaba viciado de partida por la emoción que despertó el crimen… pero también por las pruebas que se acumularon en su contra, la menor de las cuales era el dinero procedente del secuestro que se encontró en su poder y que justificó de manera absurda. Aunque no hubiera existido tal presión mediática y popular, Hauptmann hubiera sido, igualmente, condenado a muerte, por mucho que siempre se declarara inocente del crimen.

Las pruebas “nuevas” que intenta presentar el equipo promotor de este documental, son endebles. Hace falta recordar aquel principio de la investigación científica: “a grandes tesis, grandes demostraciones”. Y en todo el documental no hay pruebas que puedan considerarse “definitivas” como para reabrir el caso, sino que, como máximo confirman lo que todos, incluidos los investigadores del caso en 1932, sostenían: que Hauptman no actuó sólo. Sin embargo, se negó a decir los nombres de ningún cómplice a cambio de que se le conmutara la pena de muerte.

El documental registra la presencia de un “especialista” que acaba de publicar un libro sobre el caso. Explica que Lindbergh era “eugenista” (es decir, partidario de políticas eugenésicas de mejora de la raza) y que su hijo había nacido con algunos problemas físicos (lo que no es en absoluto evidente). Así pues, dado que no era “genéticamente perfecto”,  el padre aspiraba a encerrar al hijo en un sanatorio después de simular un secuestro que salió mal (al parecer, al descender por la escalera de madera, al secuestrados se le cayó el niño de las manos y murió fracturándose el cráneo)… Por otra parte, el interés de Lindbergh por la eugenesia es posterior al secuestro de su hijo (cuando inicia su amistad con el premio Nobel Alexis Carrel).

En el documental se menciona las simpatías de Linbergh por la Alemania nazi, pero no se dice el origen de tales simpatías: Bruno Richard Hauptmann era alemán de origen judío y en el proceso argumentó en su defensa que el dinero que estaba en su poder se lo había entregado otro judío, Isidor Fish… que ya había muerto. Era inevitable que estos elementos circunstanciales aproximaran a Lindbergh al Tercer Reich que le llevó a defender una posición neutralista de los EEUU ante la Segunda Guerra Mundial.

En definitiva, el documental reabre el caso del secuestro, apunta el elemento sobre el que planean dudas (si Hauptmann actuó o no en solitario), pero no aporta nada esencial para resolver el misterio. Puede verse, especialmente, si conocemos lo esencial del caso, incluso como introducción al episodio, pero no es, desde luego, un elemento “nuevo” que altere la sentencia emitida en 1937.