FICHA

Título original: Mario Conde, días de gloria
Título en España: Mario Conde, días de gloria
Temporadas: miniserie, 2 episodios.
Duración episodio: 70 minutos.
Año: 2013
Temática: Biopic.
Subgénero: Drama.
Resumen: Biografía de los años en los que Mario Conde realizó su vertiginoso ascenso en la economía y en la sociedad, tal como el interesado la describe en su libro del mismo título..
Protagonistas: Daniel Grao, Enrique Arce, Pedro Casablanc, José Chaves, Úrsula Corberó, Manuel de Blas, Jaume García Arija, Andrés Gertrúdix, Ángel Hidalgo,Francesc Orella.
Lo mejor: los actores que cumplen con nota.
Lo peor
: es la versión unilateral dada por el biografiado.
Lo curioso: De los libros escritos por Maro Conde (casi una decena), éste es el que se vendió mejor.
¿Cómo verlo?: En el enlace indicado de Telecinco.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre MARIO CONDE, LOS DÍAS DE GLORIA

Se sabe aproximadamente quién es Mario Conde y el fenomenal embrollo de Banesto. Tele 5 que, nunca dice no a una miniserie que pueda resultar polémica, emitió en 2013 Mario Conde, los días de gloria cuyo guión se había realizado en base al libro escrito por el propio interesado con ese mismo título, pero significativamente publicado por Martínez Roca, uno de los sellos editoriales de Planeta, no por la “casa madre”. El libro tuvo buenas ventas (100.000 ejemplares, tal como alegó la editorial, nos parecen excesivos, pero, en cualquier caso se vendió bien). Debo reconocer que no tengo una opinión formada en torno a Mario Conde. Solamente leí su primer libro El sistema: mi experiencia del Poder (1994) escrito cuando ya tenía que afrontar algunos problemas judiciales por el agujero patrimonial en BANESTO. Me convenció, me interesó, creo que dio algunos datos relevantes y poco conocidos sobre la estructura del poder económico, pero… (y ahí está el problema), Mario Conde fue en su época un tiburón de los negocios, especializado en dar pelotazos de los que unos salen bien y otros mal. Es difícil que alguien que ejerció el oficio de “tiburón” en aquella España del felipismo en donde los casos de corrupción se multiplicaban a velocidad vertiginosa, reconozca que la ambición y el afán de poder, pueden llevar a este tipo de situaciones.

Mario Conde dará la misma explicación que contó Jaime Peñafiel sobre Urgandarín a poco de estallar el Caso Noos: “Si todos hacen lo mismo, yo también”. Y este es el problema: un poder débil, un sistema judicial garantista creado para no dificultar excesivamente los pelotazos realizados al filo de la ley o más allá de la misma, una moral que acepta como normal el enriquecimiento ilimitado, y que en personajes como Mario Conde, une el “hambre con las gana de comer”, esto es con una ambición que en su momento no supo controlar. Aquellas aguas, trajeron los lodos que conocemos.

A Ruiz Mateos –situado en otra división, pero que también intentó llevarse bien con la Casa Real, ignorando que el juancarlismo tenía amigos pero no para sacarlos de las dificultades en las que se metían- le ocurrió algo parecido. Y en un nivel aún más bajo a Gil y Gil. Éste último representaba la baja especulación inmobiliaria, el construir pisos obteniendo ventajas de los ayuntamientos que a otros se les negaban, a base de pagar las mordidas pertinentes. Ruiz Mateos cometió el error de creer que la producción industrial tendría siempre un lugar en España y caer en la cuenta de que precisaba un banco para financiarse a sí mismo.

Y en cuanto a Mario Conde, se habrá recordado a sí mismo cuando haya visto la serie Billions: Axelrod, su protagonista, es lo que hubiera podido y, seguramente, querido ser. Los tres  tuvieron tentaciones políticas en su momento (Conde comprando al peso el CDS, Gil y Gil creando su chiringuito y Ruiz Mateos llevándose el “voto loco” en las europeas). Los tres contaron en su entorno para estas experiencias con colaboradores de poco lustre, oportunistas de corto alcance e incluso tontorrones. De los tres, Conde es el único que sobrevive y al que vemos con frecuencia en algunas tertulias opinando con cierto tino. Pero los tres fueron víctimas de sí mismos, de sus propias ambiciones y de no saber poner el pie en el freno a tiempo.

Una serie cuyo argumento está basado en la propia versión del implicado, nunca podrá ser desfavorable para éste. Lo que quiere decir es que será unilateral y evitará, especialmente en algunos temas llegar al fondo de la cuestión.

Siempre he tenido, por ejemplo, curiosidad por saber el papel de Giuliano Di Bernardo, Gran Maestre de la masonería italiana, en el pelotazo de Antiboticos SA a la Montédison, episodio que se encuentra en el arranque del fulgurante ascenso de Conde y sobre el que la serie –que recordemos- no aclara mucho. Conde, por cierto, ama el esoterismo y fue uno de los financiadores de la Logia de Investigación Duque de Warthon y de la Logia Concordia, especie de portaviones de la Gran Logia de España en Madrid. Hubiera sido de agradecer que la serie tocase de alguna manera las ideas masónicas y espiritualistas de Conde en aquellos “años de gloria”. Es lo que pasa cuando el guión lo hace el interesado: piensa en lo que él quiere decir, pero mucho menos en lo que el público preferiría saber.

El reparto es bueno y el personaje de Mario Conde que corre a cargo de Daniel Grao resulta convincente y la caracterización (a base de sobredosis de gomina) aceptable. Incluso la dinámica de la narración es lo suficientemente rápida como para que el espectador abandone la tentación de darle al mando a distancia o caer en el sopor. Salvador Calvo, que dirigió la miniserie, salió airoso de la experiencia y prosiguió su carrera repleta de productos para televisión dignos y de buena calidad

La emisión de la serie tuvo un share de un 11%, así que no puede considerarse un éxito de público. La seria no está mal construida y la versión que da, tiene pies y cabeza. Falta obviamente algo, pero lo que se ve da una idea de la España de los 80.