FICHA

Título original: 23-F, el día difícil del Rey
Título en España: 23-F, el día difícil del Rey
Temporadas: miniserie, 2 episodios.
Duración episodio: 75 minutos.
Año: 2009
Temática: Política.
Subgénero: Drama.
Resumen: Versión oficial del extraño golpe de Estado del 23-F, resaltando el supuesto papel desempeñado por el Rey.
Protagonistas: Lluís Homar, Emilio Gutiérrez Caba, Mónica López, Juan Luis Galiardo, José Sancho, Manel Barceló, Jordi Dauder, Pep Munné.
Lo mejor: muestra con extraordinario verismo una cara de la moneda.
Lo peor
: de la otra cara no hay ni rastro.
Lo curioso: Fue “producida” por la La Zona y por Wave, “presentada” por Warner Bros, con participación de TVE, Canal+, Telemadrid, AXN, con la “colaboración” del Ministerio de Cultura y la “financiación” del ICO…
¿Cómo verlo?: Fue emitida por TVE1. Sorprendentemente, en la sección de Televisión a la carta se encuentra la Web Oficial y el enlace de la película, pero cuando se pulsa aparece la nota de que “no está disponible”. Puede verse en youTube.

Puntuación: 5

PROMO

CABECERA

MÚSICA

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WEB OFICIAL

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Lo mínimo que puede decirse sobre 23-F, EL DÍA DIFÍCIL DEL REY

El llamado “cine político”, para serlo, debe realizar una síntesis de las distintas versiones sobre un episodio histórico (si quiere ser objetiva), presentar una dramatización de la “versión oficial” (lo que implicará, inevitablemente, subjetividad y corrección política) ó bien presentar una “versión alternativa” al episodio (con lo que demostrará, al menos, originalidad). Es difícil encontrar una película que sea completamente objetiva. Lo frecuente es caer en el territorio de la subjetividad y, frecuentemente, de la propaganda. Tales son los atributos de esta serie 23-F, el día difícil del Rey.

La miniserie se filmó en 2009, 28 años después de los hechos que muestra. La memoria se ha difuminado para la mayoría y muchos no habían nacido en aquella época. Si creen que van a entender algo de lo que ocurrió entonces viendo esta película, se equivocan. A pesar de que contiene errores notables a efectos de dramatización, la miniserie sigue en todo la “versión oficial” construida con posterioridad a los hechos: el Rey Juan Carlos salvó a la Democracia. Punto. El resto es secundario. Esta versión, que interesaba difundir en 1981 cuando la figura del Rey era controvertida y se le veía aún como lo que era en realidad, el sucesor de Franco y no como un demócrata. Es la que se mantiene todavía, contra viento y marea, cuando el Rey experimentó a partir del Caso Urdangarín un descrédito creciente que llevó a su abdicación.

Que la “versión oficial” es un cuento infantil, parece claro. No es raro, por ejemplo, que la miniserie eluda recordar cómo estaba España en aquel momento: con un partido de gobierno (la UCD), prácticamente deshecho interiormente, unos niveles de inflación más que preocupantes, ETA cometiendo atentados, un vacío de poder absoluto en medio de huelgas, secuestros y asesinatos políticos que llevaban a un único diagnóstico: la democracia española distaba mucho de estar consolidada. Esta es la parte que se elude recordar. De hacerlo se tiene otra visión de aquel momento y se evita la sospecha de, tomar en consideración la “versión alternativa”: el 23-F fue una operación de servicios de inteligencia, cuyo objetivo era estabilizar la monarquía y con ella el Estado. La estrategia consistió en inducir y adelantar distintas tramas golpistas y la táctica crear en Tejero la ficción de que si entraba él en el Congreso de los Diputados, el ejército saldría a la calle para imponer el orden… ante una situación que él mismo Tejero había creado.

Alguien engañó a alguien y todo induce a pensar que alguien se aprovechó de las convicciones patrióticas de Tejero para embarcarle en un aventura que detonó el verdadero golpe de Estado: una purga en el interior del ejército, el alejamiento definitivo del fantasma golpista, la salida a la superficie de las distintas tramas golpistas y la manifestación que dos días después recorrió las calles de Madrid en donde desde Carrillo hasta Fraga en primera fila, escenificaban la unidad de los demócratas para estabilizar la monarquía. ¿Y el Rey? El Rey era, simplemente, el elemento simbólico de esa unidad. Nada más. ¿Su papel en el 23-F? Tardío e irrelevante. Constitucionalmente, el Rey apenas tiene atribuciones: “reina pero no gobierna”, y de hecho, “reinar” es según la constitución del 78, equivalente a “representar”. Eso es todo.

Si hacemos caso de la riada de datos, a menudo contradictorios que van apareciendo (una operación de inteligencia de este calado no termina nunca), no se entiende nada de lo que ocurrió el 23-F. Y viendo la miniserie 23-F, el día difícil del Rey, una especie de “23-F para dummies”, o leyendo todos los libros publicados y que siguen publicándose sobre el tema, uno puede terminar creyendo que lo conoce todo sobre el 23-F y ser una víctima de la desinformación. Porqué para entender aquel episodio de nuestra historia, hay, simplemente, que utilizar el sentido común, informarse sobre la época inmediatamente anterior e inmediatamente posterior y utilizar la lógica y el sentido común. Nada más.

Esta producción que tiene muchos padres y colaboradores, no es más que la dramatización de la “versión oficial” a efectos de propaganda en un momento en el que la crisis económica asolaba España como nunca antes había ocurrido. Acababa e estallar el llamado Caso Palma Arena y el nombre de Iñaki Urdangarín, yerno del Rey, empezaba a aparecer con inusitada frecuencia. Tanto es así que el interesado y su esposa, decidieron mudarse de Barcelona a Washington. Cuando esta serie aparece, “alguien” se está adelantando a lo inevitable: que el yerno del Rey resultará procesado por un escándalo de corrupción y arrastrará un desprestigio de la monarquía. Así pues, había que realizar una campaña preventiva para prestigiar la imagen del monarca: esa campaña solamente podía basarse en el segundo elemento básico del “mito Juan Carlos”: que logró desactivar el 23-F (El primero era que Juan Carlos no debía el trono a la Ley Orgánica del Estado de 1967 y fue nombrado “príncipe heredero” por Franco). Si se ven así las cosas, se entiende el porqué de esta serie.

Se entiende, por ejemplo, la teoría oficial de las “dos Españas” que se presenta: no son ya la España rica y oligárquica a un lado, clerical y devota, de derechas, y la España pobre, anticlerical, laica y de izquierdas, sino la “España del Águila de San Juan” (la bandera “preconstitucional” siempre aparece en las escenas junto a golpistas) y la “España del escudo constitucional” (que siempre aparece cerca del Rey, aún cuando se aprobó como oficial años después), la “España golpista” (reducida a unos pocos militares reaccionarios y al llamado “búnker”) y la “España democrática” (unida bajo el símbolo del Rey)…

La operación de imagen tuvo un éxito espectacular: la serie fue vista por casi 7.000.000 de espectadores. Recibió nominaciones y premios y, desde el punto de vista de la ejecución técnica es más que aceptable. El ritmo narrativo entretenido y las actuaciones, brillantes por mucho que no terminemos de ver a Pepe Sancho como Teniente General Milans del Bosch o a Galiardo como General Armada. La serie tiene dos tipos de escenas: las propias del golpe de Estado (en el parlamento y en algunas unidades blindadas que salieron a la calle) y en el Palacio de la Zarzuela. En ambos casos se nos presenta la “versión oficial” exagerada o incluso muy exagerada.

Resulta difícil de entender el porqué, TVE1 mantiene abierta la web oficial de esta serie e incluso el enlace para verla on line, pero al intentar visualizarla aparece “Lo sentimos el contenido solicitado ya no está disponible, debido a restricciones de derechos”. La serie, puede comprarse en Amazon por 10 euracos o bien verla en una versión infame a través de youTube.