FICHA

Título original: I, Claudius
Título en España: Yo, Claudio
Temporadas: miniserie (13 episodios).
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 1976
Temática: Drama.
Subgénero: Histórico.
Resumen: El emperador Claudio, decide escribir su vida al llegar a la ancianidad y sentir que la muerte se aproxima. Rememora la vida de la cúpula del Impero Romano desde el Emperador Octavio Augusto hasta él.
Protagonistas: Derek Jacobi, Siân Phillips, John Hurt, George Baker, Brian Blessed, Margaret Tyzack, Sheila White, Patricia Quinn, Patrick Stewart, James Faulkner, Fiona Walker, Bernard Hepton, David Robb, John Castle, John Cater, Jo Rowbottom, Beth Morris, Stratford Johns, John Rhys-Davies, Barbara Young, Kevin McNally, John Paul, Norman Eshley.
Lo mejor: Una de las adaptaciones más brillantes de un clásico a la pequeña pantalla.
Lo peor
: Olvidar que es “novela histórica”, no historia a secas.
Lo curioso: en todos los episodios no aparece en ni una sola ocasión exteriores.
¿Cómo verlo?: Emitido por TVE, puede verse en el enlace indicado.

Puntuación: 9

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Lo mínimo que puede decirse sobre YO, CLAUDIO

En 1934, Robert Graves había escrito Yo, Claudio. Pasarían doce años antes de que con los derechos de autor que le había devengado esta novela pudiera instalarse en la localidad mallorquina de Deyá, ahora convertía en un museo y de la que no se movería prácticamente hasta su muerte en 1985. La novela que fue utilizada para guionizar esta serie constituye el trabajo más famoso de Graves. Se ciñó a los relatos de Suetonio (La vida de los doce césares), y optó por seguir a Tácito y Plutarco, historiadores cargados de filias y fobias y que no contemplaron realizar relatos “objetivos” según los parámetros de la historiografía moderna. Muchos de los actos atribuidos de Tiberio, Nerón o Calígula, no pueden explicarse sin tener en cuenta el contexto mítico y legendario. Doscientos años después de la muerte de Nerón, su tumba todavía se cubría de flores y en la mayor parte de su vida este Emperador fue muy apreciado. Hoy se intuye que la locura de algunos emperadores llegados a la madurez fuera el producto de la intoxicación por plomo con el que estaban hechas las cañerías que llevaban agua al palacio imperial y que transformaran sus obsesiones religiosas en locuras místicas a causa de la ingesta de aguas que contenían… Ni los historiadores romanos, ni Robert Graves tenían porqué saber esto, pero sí es cierto que en sus trabajos hay cierta hostilidad hacia la dinastía Julio-Claudio que Graves incorpora salvando relativamente a su protagonista presentado como un “tonto superviviente”.

La serie nos muestra a un Claudio que, de niño, tenía problemas físicos y, para colmo, tartamudeaba. Sus compañeros le consideran algo así como un retrasado mental, sin embargo, él, a fuerza de observar a su entorno, advirtió que esa sería su mejor estrategia de supervivencia. A medida que se van desgranando los capítulos vemos como unos emperadores suceden a otros, frecuentemente por la vía del asesinato y, con el emperador, se elimina, de paso, a toda su familia. Pero nadie se preocupa de Claudio al que todos consideran como un perfecto imbécil. Tras el asesinato de Calígula, los pretorianos lo nombraron emperador pensando que podían manipularlo fácilmente. Luego resultó que, además de cojo y tartamudo, Claudio era un excelente estudiante y resultó ser un eficaz gobernante que, por lo demás, no dudó a la hora de sentenciar a muerte a senadores y a enemigos políticos. El retrato que hace Suetonio de Claudio es recuperado por Graves e interpretado fielmente por Jacobi.

El emperador fue un prolijo escritor, cuyas obras se han perdido e introdujo (algo de lo que no se da cuenta en la novela) las llamadas “letras claudias” en el alfabeto latino (equivalentes a la W y Y actuales) que no le sobrevivieron. No fue un mal emperador y, desde luego, fue mucho mejor de cómo nos lo pinta Graves.

A pesar de que, históricamente, el relato de Graves haya sido cuestionado y en lo personal no terminemos de creérnoslo. Lo que cuenta es su coherencia interior y fluidez y las cuidadas interpretaciones. Era la primera vez que veíamos a Dereck Jacobi y a un juvenil John Hurt, debemos reconocer que ambos nos impresionaron. La escuela shakerpereana de la que proceden es un signo de distinción. En cuanto al trabajo de dirección asumido por Herbert Wise en solitario es de altura. De origen austríaco, Wise tuvo antes de 1956 actividad solamente en el teatro. Fue a partir de ese año cuando multiplicó sus trabajos para la BBC y terminó especializado en dirección de obras de Shakespeare. Esta influencia teatral se nota en la concepción de Yo, Claudio que, realmente está planteada con una escenografía casi teatral.

La serie, filmada en 1976 tardó dos años en llegar a España. Sorprendió por una calidad a la que no estábamos acostumbrados y constituyó un polo de atracción nacional, desde luego muy superior al debate constitucional que estaba teniendo en aquellos momentos. Lo sorprendente es que si esta serie se recordará siempre, es que no fue particularmente cara ni se realizó con medios extraordinarios. De hecho, todo en ella fue austero, pero la modestia quedo enmascarada por un libreto genial, unas interpretaciones inolvidables y una dirección experta. Es una de esas series de las que no se puede prescindir, aunque tampoco tengamos que tomar como historia lo que no es sino relato novelado.