FICHA

Título original: The Handmaid’s Tale.
Título en España: El cuento de la criada.
Temporadas: 1 (10 episodios).
Duración episodio: 45 minutos.
Año: 2017
Temática: Drama.
Subgénero: Distopía.
Resumen: En un tiempo futuro la sociedad está dividida entre una minoría que ejerce su dictadura sobre la mayoría y la sociedad parece sufrir un retroceso de un par o tres de siglos en relación a nuestro momento histórico. Las mujeres fértiles –una ínfima minoría- son seleccionadas y educadas para que sirvan para dar hijos y servir a parejas de privilegiados.
Protagonistas: Elisabeth Moss, Joseph Fiennes, Alexis Bledel, Max Minghella, Jordana Blake, O.T. Fagbenle, Yvonne Strahovski, Samira Wiley, Amanda Brugel, Edie Inksetter, Meghan Allen, Madeline Brewer, Jim Cummings, Ann Dowd, Gary ‘Si-Jo’ Foo, Grace Munro, Simon Northwood
Lo mejor: la actuación de Elisabeth Moss.
Lo peor
: una crítica social demasiado pedestre y de otro tiempo.
Lo curioso: en su estreno en España se ha conservado el título original en inglés por razones inexplicables, aun cuando la novela original está traducida y editada en España.
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre THE HANDMAID’S TALE

Margaret Atwood es hoy una venerable anciana canadiense, cosecha del 39, famosa por haber realizado contribuciones a la difícil teoría de la identidad canadiense, amar a los animales y mantener posiciones políticas paradójicas (se considera una “conservadora roja”), y especialmente celebrada por su novela El cuento de la criada publicada en 1987 y que cuatro años después sería objeto de una primera adaptación cinematográfica que no tuvo excesivo interés. El canal Hulu en EEUU y HBO en España han lanzado esta nueva (y más afortunada) versión para televisión.

Para el papel protagonista han contado con Elisabeth Moss (que conoció la fama en su papel de secretaria primero y creativa después en  Mad Men) que figura entre lo mejor de la serie: su rostro sereno y sugerente en la mayor parte de las escenas, bruscamente se transforma en una increíble mueca de odio y agresividad cuando lo exige el guión, comedida en su movimientos aparece también como ágil y desenvuelta luciendo esa especie de uniforme de caperucita roja propia de las criadas educadas para servir y tener hijos descrita por la Atwood.

El problema que tiene esta serie –muy bien realizada y mejor interpretada- es que el texto original es poco convincente. Nos presenta un futuro distópico en el cual se ha impuesto una teocracia alimentada por valores religiosos y modales idénticos a los de los exóticos amish: rigoristas, convencidos de ser esclavos de Dios y de quién éste disponga, una especie de secta que se ha hecho con el poder después de asesinar el presidente de los EEUU (que han dejado de existir). Hasta aquí, todo esto es, no solamente discutible, sino imposible, por tanto, falla el planteamiento de partida. En donde sí tiene más razón es en aludir a la “contaminación atmosférica” (en realidad, es a la alimentación) como responsable de la caída en picado de la natalidad. La inmensa mayoría de las mujeres son estériles y deben comprar esclavas sexuales para que sus maridos follen con ellas (con la colaboración y presencia tranquilizadora de las esposas, claro está) para poder reproducirse. Se olvida, claro está, que el descenso de la fertilidad en los varones compite con la esterilidad de las mujeres. Así que este segundo elemento, tampoco es, lo que se dice, muy oportuno. Sobre la base de ambos presupuestos (dictadura teocrático-religiosa y descenso de la natalidad) cabalga el argumento de El cuento de la criada.

Incluso en 1987, cuando fue escrita la novela, podía preverse otra evolución: en primer lugar, nuestras sociedades no caminan hacia una evolución teocrática del cristianismo, sino hacia una sociedad completamente agnóstica pero supersticiosa y la única religión que tiene visos de aspirar a una teocracia mundial no es nada parecido a los amish ni a ninguna otra confesión de matriz cristiana, sino al islam, para colmo fundamentalista. Así pues, podría acusarse a esta serie de echar balones fuera y desviar la atención del verdadero peligro: es decir, a un adversario ya vencido e impotente.

La falta de credibilidad del argumento nos parece el primer obstáculo de esta serie que técnicamente está bien realizada, con un buen trabajo del cuadro de actores, especialmente de la pareja Elisabeth Moss – Joseph Fiennes, una buena fotografía, ritmo narrativo homogéneo, ambientación cuidada, buena guionización… pero sobre la base de un libro que realiza una construcción futurista altamente increíble solo para denunciar algo que hubiera podido realizarse de manera menos surrealista: la denuncia de la hipocresía y de una sombría percepción del futuro.

Cuando en su crítica a esta serie, El Mundo decía que “será sin duda una de las series del año”, apostaba demasiado alto. Pasará desapercibida y no estamos muy seguros de que todo el que la vea sepa deslindar sus valores estéticos de su mensaje distópico. Porque una cosa es describir algo que no negamos, sino que percibimos como un sombrío futuro y otra muy distinta acertar con los rasgos de ese futuro e incluso con sus causas. El problema no está en la serie, sino en el relato de la Atwood.