FICHA

Título original: 1000 Ways to Die
Título en España: 1000 Maneras de morir
Temporadas: 4 (74 episodios).
Duración episodio: 22-30 minutos.
Año: 2008-2012
Temática: Comedia negra.
Subgénero: Hechos reales.
Resumen: Distintos casos, aparentemente sucedidos en realidad, en los que alguien ha perdido la vida de manera insólita o grotesca.
Protagonistas: Ron Perlman, Thom Beers, Khyber Zaffarkhan, Irena Murphy, Franklin Ruehl, Christine Mulhern, Jessica Hardulak, David P. Johnson, Westley Nguyen.
Lo mejor: cierto sentid del humor negro en la selección de los casos.
Lo peor
: si los casos son reales, el número de gilipollas es superior al que creíamos.
Lo curioso: la frase lapidaria que resume cada caso
¿Cómo verlo?: En España ha sido emitido por varios canales, La Sexta, Xplora, Odisea y actualmente está en el streamming de Neflix.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre 1000 MIL MANERAS DE MORIR

Hay algo de falso en esta serie “basada en casos reales” y no es precisamente las excéntricas, absurdas, estúpidas y desmadradas formas de morir que tienen algunos, sino la opinión de los “especialistas” que aparecen en pantalla. No se trata de biólogos, químicos, médicos, ingenieros, sino de tristes actores que representan papeles de especialistas. Inicialmente, se intentó pedir la opinión de expertos, pero existía un problema: su testimonio especializado era opaco para el público. Nada mejor, pues, que un actor que se limita a poner su mejor rostro de inteligencia y recita unas líneas suficientemente claras para que incluso el espectador más lerdo lo comprenda. Todo lo demás –al parecer- es cierto. Y esto es lo preocupante.

La palabra “gilipollas”, malsonante e incluso soez para determinados temperamentos, siempre ha existido en la lengua de Cervantes: indica a las personas que tienen tendencia a hacerse daño a sí mismas. Desde este punto de vista, los desgraciados protagonistas de la serie son unos perfectos “gilipollas”, sin menoscabo al respeto que se debe a todo fallecido, pero cn un ánimo de utilizar la palabra correcta que defina y describa una actitud ante la vida y ante la muerte.

Algunas de las muertes son estremecedoras por lo que tienen de improviso, pero casi siempre la víctima es alguien que ha hecho todo lo posible para morir de esa manera tan ridícula y absurda. En el primer episodio –por ejemplo- un mirón va taladrando el techo para introducir una microcámara en el lavabo de su vecina. Esta se sumerge en la bañera que se desploma sobre el mirón… ¿Qué ha ocurrido? El suelo estaba tan taladrado que ha terminado cediendo. ¿El resultado? El mirón ha quedado aplastado por el peso de la bañera, el agua y la chica… Es un caso significativo de lo que vamos a ver en esta serie.

Cada uno de los episodios está dividido en un mínimo de ocho historias de entre 3 y 4 minutos de duración. Se van sucediendo a ritmo trepidante. Casi no dan tiempo al espectador a asimilar lo que ha visto, cuando debe enfrentarse a una historia aún más abracadabrante. Hay que decir que los fallecidos, inevitablemente son considerados con desprecio por el espectador, éste no empatiza con el muerto: es más, tiende a considerar que con un gilipollas menos, el mundo no habrá perdido nada.

Hay algo de gore en esta serie, mucho humor negro y una técnica narrativa trepidante. Se ha dicho que la serie respondía a una visión moralista de la existencia: los muertos, han perecido víctimas de alguno de los pecados capitales, son, por tanto, culpables y han sido castigados. No es completamente evidente. Algunos de los muertos no son “pecadores”, son simplemente tontos de baba. Quizás la acusación que podría lanzarse contra la serie es la de ser una versión frívola de un hecho dramático. A fin de cuentas los muertos son “humanos, demasiado humanos”.

Los admiradores del gore, de los higadillos y de lo siniestro harán de esta serie un objeto de culto. Para el público más moderado, simplemente, les llamará la atención y les enganchará por el hecho de que la humanidad demuestra ser, no sólo tan estúpida como se intuía sino mucho más gilipollas de lo que se podía llegar a pensar. Eso sí: almas sensibles, abstenerse.