FICHA

Título original: Shadow of Truth
Título en España: La sombra de la verdad
Temporadas: 1 (4 episodios).
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 2017
Temática: Documental.
Subgénero: Asesinato.
Resumen: Repaso del caso de una niña cuyo cadáver se encontró horriblemente asesinado en el retrete de una escuela del Estado de Israel. El caso es controvertido y aún hoy sometido a polémica.
Protagonistas: Personajes reales.
Lo mejor: la serie presenta el caso de manera objetiva.
Lo peor
: en realidad no sabemos lo que ocurrió.
Lo curioso: el crimen tiene connotaciones siniestras que remiten a los “crímenes rituales”
¿Cómo verlo?: Emitida por Netflix.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre LA SOMBRA DE LA VERDAD

La muerte de una niña siempre es algo terrible, sea cual sea la distancia geográfica o cultural que nos separe del lugar donde se ha producido. Si se trata de un asesinato, esa sensación se transforma en horror. ¿Quién puede matar a un niño? Pero si ese horror es particularmente sangriento la sensación que nos transmite es todavía más profunda. En 2001 una niña desapareció en una pequeña población del Norte del Estado de Israel. Esa misma noche su cuerpo apareció en un cubículo de los lavabos de la escuela en la que asistía a clases de primaria. El cuerpo mostraba una carnicería que ninguno de los policías que participaron en la investigación había visto jamás. Tal es el tema de La Sobra de la verdad, un perturbador documental producido en el Estado de Israel.

Las investigaciones policiales llevaron al cabo de unas semanas a la detención de un inmigrante ucraniano que confesó el crimen y en la actualidad se encuentra encarcelado por sentencia en firme. Ahora bien… el documental nos muestra vídeos de los interrogatorios en los que se comprueba que el sujeto negó, inicialmente, el crimen, posteriormente lo reconoció, pero la policía le fue induciendo visiblemente su declaración. En la primera entrega del documental las declaraciones corresponden a los policías que investigaron el caso. Todo parece claro y cristalino: el inmigrante ucraniano cometió el crimen. ¿Y para qué las otras tres entregas si ya conocemos el rostro del monstruoso asesino?

Pues bien, en la segunda entrega, los abogados de la defensa desmontan la acusación policial. Es natural que lo hagan… a fin de cuenta son los defensores. Pero sus declaraciones tienen mucha fuerza porque las pruebas que se presentan son vídeos de los interrogatorios: en España hemos visto casos parecidos. No olvidemos que una pobre mujer resulta acusada de haber asesinado a Rocío Waninkof, firmo la declaración reconociendo el crimen y luego resultó inocente y el verdadero asesino identificado. La presión policial ejercida sobre un individuo residente en un país que no es el suyo parece haber surtido el mismo efecto: la policía le va sugiriendo lo que quiere oír y su confesión discurre por las pautas que le marcan. Luego, una vez en prisión se desdice de la historia y se declara inocente. Y, efectivamente, la versión de los abogados de la defensa parece bastante convincente hasta el punto de ser compartida por la madre de la víctima.

Ésta era una niña de diez años. Encantadora y que no parecía destinada a ser literalmente despanzurrada por un asesino que al final de la segunda entrega del documental, tenemos la convicción de que se encuentra el libertad. El caso, hay que decirlo, tuvo una extraordinaria repercusión en el Estado de Israel con “juicios paralelos” y linchamientos morales en televisión, con la misma intensidad que hemos visto en nuestras latitudes. El giro inesperado ocurre en la tercera entrega cuando algunos criminalistas independientes empiezan a sospechar que el desconocido asesino podría haber sido algún alumno del colegio en el que apareció el cadáver.

Finalmente, en la tercera entrega aparece la controvertida figura de un individuo que se había puesto en contacto con la policía para denunciar a su ex novia (con la que mantenía relaciones sadomasoquistas) y que estaba aquejada de trastornos psiquiátricos: se creía poseída por una loba y tenía necesidad de beber sangre e introducirse en las tripas de las víctimas. La chica en cuestión le contó con pelos y señales cómo había asesinado a la niña… Interrogada, rechazó las acusaciones. Poco después fue internada en una institución psiquiátrica y volvió a contar la misma historia a una compañera de habitación, la cual –antes de suicidarse- transmitió los datos a otra amiga que, a su vez, se suicidó… La fiscalía alegó que las pruebas no eran lo suficientemente sólidas como para reabrir el caso. Y en eso están.

La serie está realizada correctamente. Es un verdadero docudrama que sería similar a series que se han producido en EEUU y Canadá sobre asesinatos reales de no ser porque, por su brutalidad. Al ver el documental ha sido inevitable que recordáramos uno de los temas recurrentes de la propaganda antisemita: los “crímenes rituales judíos”, entendiendo por tales el sacrificio de niños por motivos místicos. Lo que olvidaban los antisemitas es que, en la antigüedad, durante el neolítico, estos crímenes existían realmente: incluso en los primeros tiempos del imperio romano en lugar de la “primera piedra” de las edificaciones, se colocaba el cadáver de un niño. En todas las latitudes se han producido crímenes de este tipo y hasta tiempos relativamente recientes. El antisemitismo los actualizó y los inventarió hasta el primer tercio del siglo XX, interpretándolos según su particular visión conspiranoica de la historia. Si los redactores del diario antisemita Der Sturmer hubieran conocido este crimen se hubieran lanzado en tromba a publicitarlo: en efecto, contenía todos los elementos presentes en la mitología de los crímenes rituales, incluido el hecho de la presencia de un falso culpable ajeno a la comunidad judía y la negativa a investigar a un miembro de esa comunidad.

La locura homicida también está presente en el Estado de Israel y los niños de origen judío no se ven exentos (como sostenían los antisemitas) de ser víctimas propiciatorias. Probablemente el casi un siglo de enfrentamientos continuos entre la comunidad judía y la palestina ha alterado la psicología de las jóvenes generaciones y ha posibilitado la comisión de crímenes como estos que tienen su réplica en asesinatos absurdos cometidos por palestinos. Ninguna comunidad puede vivir un siglo en un estado latente de guerra sin que su estabilidad psicológica quede alterada. Hubiera sido de agradecer que los responsables del documental contextualizaran el asesinato… que por cierto tuvo lugar en las proximidades de los Altos del Golán, una de las zonas de máxima tensión internacional.