FICHA

Título original: Bigfoot Files.
Título en España: Bigfoot Files.
Temporadas: 1 (3 episodios).
Duración episodio: 40 minutos.
Año: 2016
Temática: documental.
Subgénero: criptozoología.
Resumen: Un presentador de televisión y un genetista unen sus esfuerzos para descubrir que hay de verdad en el mito del “bigfoot” presente en EEUU, Rusia y el Himalaya. El análisis de los resultados a través del ADN es inapelable.
Protagonistas: Mark Evans, Bryan Sykes.
Lo mejor: El inapelable trabajo de desmitificación.
Lo peor
: Los testimonios y los casos son de desigual interés.
¿Cómo verlo?: En Netflix. En YouTube se encuentran los tres episodios en inglés.

Puntuación: 7,5

CABECERA Y MÚSICA

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WEB DE MARC EVANS

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Lo mínimo que puede decirse sobre BIGFOOT FILES

“Bigfoot”, “pies grandes”… un tema habitual entre cierto tipo de público: una especie de bestia, mitad humano, mitad animal, gigantesco, huidizo, acaso remoto eco de otra época, que aparece en distintas regiones: el Himalaya, los bosques el Oeste norteamericano y las inmensas llanuras siberianas. ¿Mito o realidad? Durante décadas, el tema del “bigfoot” ha hecho las delicias de la “criptozoología” (literalmente: “estudio de los animales que están ocultos”) junto con el monstruo del lago Ness, el Chupacabras, o los “gatos fantasmas”. Los “críptidos” (estas misteriosas especies que se ocultan) son serpientes del verano destinadas al consumo de un público crédulo y deseoso de emociones fuertes. Así pues, ¿por qué no utilizar los avances de las modernas técnicas de análisis de ADN para verificar si los “avistamientos” de de los “bigfoot” pueden clasificarse como “críptidos” o, más bien, especies existentes. Tal es la intención de esta serie documental producida por un presentador de televisión (con formación en veterinaria) y de un genetista de relumbrón y con todos los títulos y medios requeridos para que su opinión resulte inapelable: Marc Evans y Bryan Sykes.

En el año 1994 Mark Evans era un veterinario que aspiraba a salvar animales. Impulsó un programa de televisión en el Reino Unido para salvar mascotas y redistribuirlas. Declaró que en tres minutos de televisión podía salvar más animales que en toda su vida como veterinario. No hace mucho, sus declaraciones polémicas sobre un concurso de razas caninas a las que definió como “un festival de animales mutantes”, causaron sensación. Desde finales de los 90 se ha dedicado con bastante éxito a presentar y producir distintos programas de televisión. Hasta ahora, Bigfoot files es su último trabajo.

El programa (del que, de momento, Netflix ha difundido tres entregas) no hubiera sido posible sin el concurso de Bryan Sykes, profesor emérito de Genética Humana en la Universidad de Oxford y pionero en el análisis de ADN aplicado a restos de animales. Ha realizado innumerables análisis y reconstrucciones históricas a través del ADN mitocondrial y es autor de dos obras en las que ha divulgado esta temática: Las siete hijas de Eva y La sangre de las islas. Su capacidad científica es incuestionable.

El tándem Evas-Sykes se propusieron recoger muestras pelos que estaban en poder de personas que decían haberse topado con alguna variedad de “bigfoot”. El análisis del ADN de estos restos debería determinar si se trata de una especie diferente a cualquier otra conocida y clasificada y diría también mucho sobre la familia a la que pertenecería. Puede parecer extraño el que un científico reputado se deje embarcar en algo que parece solamente producto de la imaginación y la fantasía, pero Sykes se limita a recordar que la ciencia no “acepta”, ni “rechaza” nada, salvo que disponga de pruebas concluyentes. Y el análisis de ADN lo es.

Evans recorre el mundo en busca de estas muestras: sus viajes le llevan al macizo del Himalaya. Allí, en cada vertiente, el “bigfoot” tiene un nombre distintos: “tengmo” en Ladakh, “migou” en Bután, “yeti” en Nepal… No solo lo han visto, sino que además existen restos recogidos por “creyentes”. Algunos testimonios aportados proceden de escaladores expertos que han realizado ascensiones en aquellas zonas. Entre ellos el testimonio de Reinhold Meisser que en 1986 vio lo que parecía corresponder con un “bigfoot”. Fotografió sus huellas. Algunos datos presentados en el documental están malinterpretados: el alpinista de las SS y jefe de la expedición alemana que llegó al Tíbet en los años 30, no afirmó haber visto al yeti, ni mucho menos haber traído un ejemplar disecado.  Pero, en fin… lo que cuenta es la prueba de ADN.

En la segunda entrega de la serie documental, Evans recorre los bosques del Oeste de los EEUU recabando pistas sobre el “sasquash”, la variedad norteamericana de “bigfot”. Periplo interesante en donde conocerá a todo tipo de desequilibrados mentales, cada uno con su prueba bajo el brazo. Inenarrable. Una buena clientela para una legón de psiquiatras.

El tercer viaje de Evans es mucho más interesante y sin duda el mas curioso. Recorre Abjasia y una zona del centro siberiano. En esta última región, una familia de shors –nativos siberianos- afirma haber visto a un “bigfoot”. Un diputado de la Duma, antiguo boxeador, un tipo gigantesco de 2.13 metros, creyente en la existencia de los “almasty” (el bigfood siberiano) literalmente “hombre salvaje”, le acompaña a ver a tres niños que, no sólo han visto a una de estos seres extraños, sino que además lo han grabado con el móvil, antes de huir despavoridos.

Pero lo más interesante de este tercer capítulo es una historia recogida por criptozoólogos rusos según la cual en 1870, unos campesinos apalearon y encerraron a uno de estos “animales”. Y lo que es más sorprendente: se trataba de una hembra que tuvo hijos… Los lugareños la llamaron “Zana”. Falleció en 1890. “Zana” era la “mujer salvaje del Cáucaso”. Los criptozoólogos rusos reconstruyeron el árbol genealógico de “Zana” y Evans pudo entrevistarse con sus descendientes y extraer él mismo ADN. Un científico ruso sostenía en los años 50 que los “almasy” eran los últimos neanderthales. Bien, porque se ha podido conocer el ADN de esta especie (todos tenemos algún gen neanderthal, así que si la proporción de genes neandertales encontrados entre los descendientes de “Zana” era superior a la habitual en la raza blanca, la teoría podía darse por confirmada).

¿Y las conclusiones de todos estos análisis de ADN en tres continentes? Todos los pelos analizados eran de especies suficientemente conocidas. No había sorpresas. Ninguna. Todos los testimonios, pues, estaban equivocados, eran erróneos, o simplemente evidenciaban obsesiones y chaladuras. Ahora bien… ¿dónde está el error? Obviamente, lo único que consiguieron demostrar Evans y Sykes es que las pruebas recogidas no correspondían a ningún “críptico”, lo que no implica –como sostienen los criptozoólogos- que no existan otras pruebas en sentido contrario que no han sido recogidas ni, por tanto analizadas. A fin de cuentas, la “criptozoología” como la “ufología” son, de momento, zonas de “creyentes”. Se cree o no se cree en ellas, al margen de las pruebas…

¿Y “Zana”? ¿Qué salió del análisis del ADN mitocondrial de la “mujer salvaje del Cáucaso”? Eso es lo más sorprendente de Bigfoot files: “Zana” era 100% negra africana. Sin discusión. ¿Qué hacía una desgraciada africana en la Abjasia de 1870? La zona acababa de ser conquistada por los zares al imperio otomano. Es posible que fuera una de las muy habituales esclavas negras que vivían en territorio otomano. La imaginación popular, la falta de cultura y el no haber visto antes a ningún africano, hicieron que la desventurada “Zana” fuera confundida con un “almasy”. A veces la realidad es mucho más sorprendente que la ficción.

Tal es el recorrido que presenta este interesante documental de Mark Evans y Bryan Sykes. El hecho de que, seguramente, no convenza a los “creyentes”, o implica que no se haya realizado con rigor y honestidad suficiente como para ser un elemento desmitificador. Y por eso vale la pena verlo y seguirlo. Por lo demás, salvo algún pequeño error de información, el documental tiene un guión bien atado, acompañado por tomas espectaculares y una selección de testimonios curiosos y, sin duda, significativos. Vale la pena recordar el principio de la serie: “la ciencia no rechaza ni acepta anda… sólo busca pruebas”.