FICHA

Título original: Modern Family.
Título en España: Modern Family.
Temporadas: 8 (185 episodios).
Duración episodio: 22 minutos.
Año: 2009-hoy
Temática: sitcom.
Subgénero: cómica.
Resumen: Tres distintos modelos familiares (la pareja gay, la pareja con diferencia de edad y la pareja heterosexual) mantienen relaciones entre sí y generan situaciones que aspiran a divertir al espectador.
Protagonistas: Ed O’Neill, Sofia Vergara, Julie Bowen, Ty Burrell, Jesse Tyler Ferguson, Eric Stonestreet, Rico Rodriguez, Noland Gould, Sarah Hyland, Ariel Winter,Aubrey Anderson-Emmons, Reid Ewing, Adam DeVine, Fred Willard, Nathan Lane, Kevin Daniels, Justin Kirk, Chazz Palminteri, Elizabeth Banks, Philip Baker Hall.
Lo mejor: va dirigida a públicos muy diferentes.
Lo peor
: solo para norteamericanos pertenecientes a minorías.
¿Cómo verlo?: En Fox, en Neox TV, en Movistar+.

Puntuación: 6,5

PROMO 7ª TEMPORADA (en inglés)

CABECERAS (desde la 1ª Tem. a la 8ª)

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Lo mínimo que puede decirse sobre MODERN FAMILY

Cabe preguntarse por qué esta serie ha resultado un éxito rutilante en los EEUU y su tránsito por Europa está resultando discreto. Es de esas series que, para algunos, se nos hacen absolutamente indigeribles y que no entendemos cómo es, desde hace cinco años, la “reina de los premios Emmy”. Resulta significativo que cuando se intenta promocionar esta serie, los elogidos procedan todos de medios de comunicación norteamericanos. En Europa, por el contrario, no ha producido la misma sensación. Incluso cabría decir que si se ha salvado de recibir críticas feroces y demoledoras ha sido por su carácter de serie en la que la temática gay figura en primer plano: atacarla, podría ser malentendido como una muestra de intolerable homofobia y discriminación por razones de sexo. No caeremos, por supuesto, en esa argumentación, pero tampoco estamos obligados a elogiar algo que no lo merece. Modern Family es una comedia de situación que ha intentado renovar el género.

El arquitecto catalán Antonio Gaudí intentó superar la arquitectura gótica eliminando los esbeltos contrafuertes que caracterizaron a esta arquitectura desde el siglo XII, sustituyéndolos por la llamada bóveda parabólica. Y sí, el edificio se aguanta… pero el efecto estético es cuestionable. ¿Moraleja? Las obras maestras de la arquitectura gótica son insuperables y tratar de sustituirlas por fórmulas en las que ningún arquitecto ha caído en los últimos veinticinco siglos, es petulancia y pretenciosidad. La Catedral de Chartres seguirá siendo una obra maestra mientras que la Sagrada Familia se quedará en una pretenciosa muestra kisch del siglo XX. Esto que vale para la arquitectura puede decirse también de las comedias de situación. Recientemente estamos realizando una revisión del género desde los años 80 a través de la serie Frasier. Una comedia de situación de los años 90, que arrastra un cuarto de siglo a sus espaldas, nacida en una época en la que apenas existían móviles, Internet era un pasatiempo en escuelas de informática avanzadas y lo más parecido a un tablet era una máquina de escribir portátil, conserva hoy toda su frescura y actualidad. ¿Cuál es su secreto? Que no realizó concesiones a su tiempo, que se basó en arquetipos universales. Otro tanto podría decirse de Dos hombres y medio y, haciendo abstracción del carácter freaky de los protagonistas, lo mismo cabría decir de Big Bang Theory: comedias de situación que, como Te quiero Lucy (modelo canónico de los 50), se ven una y otra vez en plazos muy dilatados de tiempo y siguen frescas. No es algo que le vaya a ocurrir a Modern Family.

La serie nos quiere convencer de que la familia clásica está acabada (lo que está acabado es la familia burguesa y lo estaba desde los años 50) y que cualquier agrupación de dos personas, sean cuales sean sus circunstancias, gustos y afinidades, constituyen una familia como cualquier otra, con tal de que haya amor entre las partes. Si todo esto le huele a alguien a ideología del zapaterismo, tiene razón. Modern Family es una especie de cristalización de la “ideología soft” que trataba de realizar una tarea de “ingeniería social”, alterando lo que hasta ese momento habían sido los estándares de la segunda mitad del siglo XX en beneficio de soluciones y fórmulas nuevas.

Si la serie se hubiera filmado en España durante el zapaterismo, seguramente habría un actor negro y otro magrebí. Sin embargo, en EEUU, la cuestión racial está suficientemente clara como para que los “audaces” creadores de esta serie se limitaran solamente a promover nuevos modelos familiares, en aras de la “igualdad” basados en los distintos roles sexuales, pero evitaran y contornearan por todos los medios los nuevos modos de convivencia interraciales: de ahí lo rastrero de esta serie, tiene un interés desmesurado en mostrar que la pareja gay “funciona” (“Mitchell” y “Cam”), que la diferencia de edad no es un problema (“Gloria” y “Jay”) e incluso que pueden seguir existiendo parejas convencionales (“Phil” y “Claire”), con tal de que sean abiertas y tolerantes… Bien, ya tenemos todos los arquetipos de convivencia. Bien, las orientaciones sexuales no son determinantes ni de la estabilidad, ni del saneamiento de la convivencia. Bien ¿y por qué no hay un matrimonio interracial? Sabedores de que esta objeción iba a aparecer, los guionistas han introducido a un personaje no muy comprometedor: la esposa de origen colombiano… subterfugio excesivamente débil que amplía el problema al tratarse de una colombiana de piel completamente blanca que nos está diciendo que los hispanos son integrables en la sociedad norteamericana, pero que no dice nada sobre la comunidad afroamericana. Simplemente porque la sociedad norteamericana, en su “tolerancia” puede tolerar la homogeneización de los arquetipos sociales… pero no la homogeneización étnica ¡después de 60 años de leyes de integración racial!

Otro aspecto significativo de esta serie es que, a pesar de que los guionistas demuestran conocer perfectamente el ambiente gay, los gags y chistes más hilarantes corresponden a la pareja convencional (héteros y con tres hijos). La comicidad de la pareja gay se basa en arquetipos tópicos que incluso muchos gays salidos de la ebanistería rechazarían. Y en cuanto a la pareja formada por “Gloria” y “Jay”, su comicidad está muy disminuida y prácticamente reside solamente en su hijo, “Manny”.

Si el argumento de la serie es más que cuestionable y su comicidad resulta limitada, vayamos ahora a su “concepto” narrativo. Los guionistas de Modern Family, como Gaudí en arquitectura, han pretendido modificar las líneas maestras de la comedia de situación, introduciendo elementos nuevos. No estamos ante familias estilo La hora de Bill Cosby (1984-1992), Cosas de casa (1989-1997) o El príncipe de Bel-Air (series, por cierto, protagonizadas íntegramente por actores afroamericanos), ni por Los problemas crecen (1985-1992) o Cómo conocí a vuestra madre (2005-2014), Malcolm (2000-2006) (series, sorprendentemente, protagonizadas íntegramente por actores caucásicos o anglosajones), sino ante otra cosa y, por tanto, se ha intentado aplicar otra clave considerada como novedosa: cámara móvil, como si se tratara de un falso documental… pero el artificio ya se había utilizado previamente en The Office (2005-2013) y con bastante más acierto.

Los creadores de la serie han advertido que no pretendieron hacer reír a carcajadas, sino solamente presentar personajes entrañables y situaciones próximas. Error: la sit-com es algo hecho para que al acabar los 20 minutos de proyección, el espectador sienta dolor en el estómago por no haber podido reprimir las carcajadas en ningún minuto del metraje. Aquí aspiran solamente a mantener un rictus entre tierno y sonriente en el rostro. Es una opción, si bien no es la opción que corresponde a una sit-com. Si en lugar de gags efectivos se recurre a la emotividad y a la sensiblería, no estamos ante una comedia de situación sino ante una serie sentimentaloide y todo para tratar de demostrar que el concepto de “familia” es evolutivo. Para colmo, las situaciones son repetitivas: especialmente en lo que se refiere a la pareja gay y a los giros dados por los hijos de la familia hétero. Si debemos atenernos a los personajes y a su construcción cabe decir que todos los personajes de esta serie, sin excepción, son extremadamente fijos, estáticos y previsibles. Vista media docena de episodios al azar, nos sirven para intuir cómo va a ser el resto (y van por 185…).

Esta serie encontrará sus máximos admiradores en aquellos que en 2003 y 2007 votaron en España a José Luis Rodríguez Zapatero y le apoyaron en sus proyectos de “ingeniería social”. Gustará a quienes se encandilen por series de contenidos sentimentaloides. Algunos gays se sentirán abochornados por la pareja de esa tendencia, caricatura de los roles de “locaza” y “reinona”. Seamos claros: si usted se identifica con la “corrección política” esta serie le satisfará. De lo contrario, absténgase de verla: le aburrirá profundamente y la sentirá como muy ajena a su espíritu. Si usted consume habitualmente comedias de situación y le gustan, tenga presente que ésta es al mundo de las series lo que Gaudí es al mundo de la arquitectura: un esfuerzo frustrado de superar lo insuperable.