FICHA

Título original: Epitafios (1ªT).
Título en España: Epitafios (1ªT).
Temporadas: 2 (26 episodios).
Duración episodio: 47 minutos.
Año: 2004
Temática: Policiaca.
Subgénero: Crímenes.
Resumen: Un policía que ha pedido la excedencia y ejerce como taxista se ve obligado a investigar unos crímenes que parecen ser una venganza por una operación policial fracasada que protagonizó unos años antes.
Protagonistas: Julio Chávez, Paola Krum, Antonio Birabent, Cecilia Roth, Luis Luque, David Masajik, Villanueva Cosse, Daniel Fanego, Alejandro Awada, Juan Minujin, Natalia Lobo
Lo mejor: la actuación de Villanueva Cosse como padre del protagonista.
Lo peor
: la alternancia de dos directores resta unicidad a la serie.
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 7

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Lo mínimo que puede decirse sobre EPITAFIOS

Desde hace una década, la República Argentina se está convirtiendo en una potencia cinematográfica, especialmente en lo que a series televisivas se refiere. En los últimos años nos han llegado de aquel país series interesantes: La Casa del Mar, El Marginal y, especialmente, Cromo, una de las series más interesantes de los últimos tres años. Con unos técnicos aceptables, unos guionistas capaces de plasmar argumentos de interés (especialmente en el “género negro”) y unos actores con una media de calidad interpretativa muy alta, no puede extrañar que la cinematografía argentina rivalice con la mexicana y sea cada vez más admirada en España. De hecho, a pesar de que en España se produzca cuantitativamente más, el nivel media es inferior a las series que llegan desde la República Argentina. Con Epitafios estas tendencias quedan confirmadas.

Se trata de una serie cuya primera temporada se estrenó en 2004 y que estuvo en el arranque del fenómeno que comentábamos. La serie ha llegado a España a través de HBO en donde ha pasado discretamente, pero ha llamado la atención de los aficionados al género negro a este lado del Charco, hartos de ver series españolas decepcionantes, interpretadas de manera mediocre (con castings en la que el amiguismo y los rostros de moda se imponen a la calidad), dirigidas rutinariamente y con guiones planos.

Epitafio, en su primera temporada, nos cuenta la historia de un ex policía metido a taxista que abandonó el cuerpo tras el fracaso de una operación de rescate de rehenes en la que murieron cuatro alumnos del Colegio Alemán. Los fantasmas del pasado le acosan  y un buen día empiezan a produciré asesinatos que parecen ser una venganza por las víctimas de aquella masacre. Las personas que resultan asesinadas, poco antes, reciben una lápida con un epitafio que sugiere alegóricamente las causas por las que son elegidas como venganza con la masacre del Colegio. A pesar de que está retirado de la policía, el protagonista colabora con la unidad policial que investiga el caso, ayudado por su padre, un policía jubilado. El asesino resulta ser uno de los personajes secundarios que aparecen tangencialmente en los primeros episodios, constituyendo una sorpresa. Imposible revelar nada más en una serie de este tipo, so pena de restar todo interés a la trama.

La serie destaca, especialmente, por las interpretaciones. Si bien, el protagonista incuestionable de la serie es Julio Chávez (“Renzo Martínez”, el policía taxista) y en segundo lugar Paola Krum, la psiquiatra que actuó como mediadora en el episodio de la masacre del colegio (“Laura Santini”) y, a medida que avanza la serie gana protagonismo el papel interpretado por Antonio Birabent, lo cierto es que la actuación más sólida y convincente la realiza Villanueva Cosse como “Marcos Márquez”, padre del protagonista. Veterano actor uruguayo, radicado en Argentina, se encuentra en la actualidad retirado a sus 84 años tras participar en las dos temporadas de Epitafios.

¿Cuál es el problema de esta serie? Se trata de un producto interesante, pero con algunas imperfecciones. La primera de todas es la alternancia que asumieron Alberto Lechi y Jorge Nisco a la hora de dirigir los episodios. Se trata de dos estilos diferentes que influyen especialmente sobre el rol del protagonista (“Renzo”): en unos episodios aparece como un depresivo y en el siguiente como un individuo positivo, animoso y enérgico. A la serie le falta el nivel de unicidad y regularidad en todos los episodios. En segundo lugar, el guión no es perfecto: debería de haberse depurado algo más y otorgado a la policía un mayor nivel de eficacia y profesionalidad. Los personajes no están igualmente tratados y los contornos de la pareja protagonista tienen claroscuros a diferencia de la figura del malvado que ha sido descrita como la precisión que solamente podría dar un gabinete de psiquiatras argentinos. Finalmente, el protagonista está descrito con unos rasgos demasiado extremos, no resulta un personaje particularmente simpático: resulta excesivamente pedante, con demasiados cambios de humor, una arrogancia poco justificable.

La parte buena es que está muy bien interpretada, a lo largo de todos los episodios se mantiene el interés y la tensión, la fotografía es excelente y la música que acompaña las escenas, en tanto que música clásica, de gran calidad descriptiva. Gustará particularmente a los amantes del género negro (a pesar de no tratarse de un producto perfectamente depurado), a quienes tengan particular predilección y simpatía por el acento argentino y a los que deseen ver especialmente buenas interpretaciones.

SEGUNDA TEMPORADA

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Estrenada en 2009 llega a España a través de HBO con ocho años de retraso, con el título de El final tiene dos caras. Estos ocho años han sido decisivos para el mundo de las series argentino que ha perfeccionado extraordinariamente sus argumentos y la técnica de filmación (véanse Cromo o Jardín de Bronce, por ejemplo). Volvemos a encontrar al policía “Renzo Márquez” (Julio Chávez) incorporado al servicio y que, junto con la “agente Marina Segal” (Cecilia Roth), investigan a un asesino en serie obsesionado por reproducir y fotografiar crímenes que se han producido con anterioridad cometidos por otros asesinos y que considera como “obras de arte”. Los dos policías, a las órdenes del “comisario Mazzoni” (Daniel Fanego) cuentan con la ayuda de un misterioso individuo ingresado en un psiquiátrico y con capacidades paranormales (“XL”, Alejandro Awada).

Desde el principio se sabe quién es el asesino, un tipo con doble personalidad (Leonardo Sbaraglia), así que todo el interés de la trama consiste en ver cómo la pareja de policías se le van aproximando y cómo, a su vez, él se aproxima al entorno de los policías. Cabe decir, para quienes no han visto la primera temporada que esta segunda es completamente independiente, salvo por la presencia de algunos protagonistas. Parede bastante claro que esta segunda temporada resultó ser bastante inferior a la primera y que, precisamente por eso, la serie embarrancó y no ha tenido continuidad.

Las interpretaciones de esos mismos personajes resultaron más creíbles en la primera temporada. La interpretación de Cecilia Roth, por ejemplo, nos parece en esta temporada mecánica y, en algunos momentos, débil y sin convicción; quizás fuera que su personaje no estaba bien perfilado. El mismo “Renzo” dio la sensación de sentirse más cómodo en aquella primera temporada que en esta segunda. Sbaraglia cumple con su oficio, yendo, prácticamente hasta el final de los trece episodios, por delante de los policías.

Al guión le falta algo y le sobran elementos interpolados para facilitar matices a los personajes pero que luego se olvidan pronto (la Roth jugando a la ruleta rusa). Al asesino le faltan razones para matar (su doble personalidad no lo explica todo). Las escenas de lesbianismo de la policía y la psiquiatra pertenecen a ese tipo de situaciones introducidas para desviar la atención de una trama floja y poco trabajada. Las efusiones de sangre y de crueldad que vemos tampoco eran necesarias, salvo como recursos efectistas para olvidar la debilidad del conjunto.

En definitiva: a los que les gustó la primera temporada, esta segunda les parecerá mucho más floja. Quienes, por el contrario, no vieron la primera, podría considerar a esta temporada como aceptable. En cualquier caso no es una mala temporada, simplemente le faltan elementos narrativos suficientes como para llegar a la excelencia, le sobran muchos elementos, nos recuerda a estas series que hacían entonces en España y que se siguen haciendo según los mismos parámetros: extender como sea la serie la temporada a trece entregas, no preocuparse mucho del argumento y de su verosimilitud, generar situaciones puntuales de tensión no capitalizadas por un guión suficientemente coherente, y dejar al final de la serie un regusto amargo en el espectador, como de haber perdido el tiempo o que lo que le han contado podría haberse resumido en 6 u 8 episodios. La serie Bajo sospecha, en esto, es paradigmática y está al mismo nivel que la Segunda Temporada de Epitafios.