FICHA

Título original: The Leftovers.
Título en España: The Leftovers.
Temporadas: 3 (30 episodios).
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 2014-2017
Temática: Drama.
Subgénero: Sectas.
Resumen: El 2% de la población mundial desapareció sin explicaciones y sin que nadie supiera que ha ocurrido. Distintas sectas aparecieron después y todos intentan comprender, tres años después, lo que ocurrió.
Protagonistas: Justin Theroux, Amy Brenneman, Carrie Coon, Christopher Eccleston, Ann Dowd, Amanda Warren, Liv Tyler, Michael Gaston, Margaret Qualley, Emily Meade, Max Carver, Regina King, Kevin Carroll, Jovan Adepo, Charlie Carver, Annie Q., Natalie Gold, Frank Harts, Danny Flaherty, Tiffani Barbour, Inna Muratova, Janel Moloney
Lo mejor: la presencia de Liv Tyler
Lo peor
: la falta de justificación del tema principal: la desaparición masiva.
¿Cómo verlo?: En HBO.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre THE LEFTOVERS

Desde la emisión de Perdidos (2004-2010) se puso de moda lo que podría llamarse “temáticas absurdas”. Lo volvimos a ver en La cúpula (2013-2015), en Les revenants, y tantas otras, incluida la serie española Refugiados. Lo esencial de este subgénero de ficción y aventura es que se da por hecha una situación misteriosa y sin explicación posible en torno a la cual gira toda la trama. Se trata siempre de un hecho espectacular que determina los comportamientos y las acciones de los personajes. En el caso de The Leftovers se trata de la desaparición el 2% de la población mundial.

El bebé que su madre deja en el asiento trasero del coche, el conductor de un vehículo, el padre que acompañaba a su hijo al super… todos ellos y así hasta un 2% de la población mundial, desaparecen simultáneamente, incluido el Papa de Roma. La serie, ni siquiera en su tercera temporada dará una explicación a esa desaparición masiva que planeará a lo largo de toda la serie. En realidad, en este subgénero, el espectador intuye, desde el principio, que los guionistas no le van a explicar qué ha ocurrido, pero sigue viendo la serie arrastrado por la sensación de que, antes o después, podrá intuir o, como mínimo, aproximarse a lo que ha ocurrido. El desarrollo de la trama debe ser, por tanto, lo suficientemente intenso e interesante como para enganchar al espectador a un producto que, en realidad, no tiene explicación, ni los guionistas tienen la intención de molestarse en improvisarla. En el fondo, lo que ocurre, es que se da la posibilidad al espectador de que realice sus cábalas y aporte lo que no está en el guión.

El conjunto de esta serie –hay que decirlo- es deprimente: llega un momento en el que ya no sabemos quiénes han sido los más afortunados, si el 2% que ha desaparecido o el 98% que los recuerda y vive bajo su sombra. La falta de explicaciones racionales es lo que hace que la gente se arroje en manos de las sectas o, simplemente, que las excentricidades de las sectas atraigan la hostilidad de la sociedad que siempre busca culpables a cuyas espaldas cargar sus propias culpas. La novedad de nuestro momento social no es solamente que las sectas religiosas sean irracionales (todo sistema religioso y de pensamiento mágico lo es) sino que, la totalidad de la sociedad, ha asumido la irracionalidad y el absurdo. Lo que los guionistas han querido reconstruir, partiendo de historias individuales, es una situación colectiva de irracionalidad y, para lograrlo han creado el artificio de una desaparición masiva de población. El mismo efecto hubiera podido lograrse mediante argumentos más explicables, a menos que se reconozca que los absurdos por los que discurre la humanidad moderna son, en sí mismos, inexplicables.

El procedimiento es de dudoso gusto y no tenemos la menor duda de que la abundancia de productos que contemplan este tipo de planteamientos inexplicables conducirá, en breve además, al agotamiento del filón. Es lo que empieza a percibirse en The Leftovers (traducido, literalmente, como “las sobras”, “el resto” o “los sobrantes”, ¿en alusión a los desaparecidos o a los que han quedado?): vemos a los personajes evolucionar sobre una situación tan irreal como desgarradora. Pronto nos damos cuenta de que lo que se nos está contando (los vidas de aquellos a los que les ha desaparecido algún ser querido) son historias individuales, poco importantes en relación a la cuestión de fondo (una desaparición masiva), pero que tiene que ver con el estado de ánimo de la sociedad. No se nos vende la historia del 2% desaparecido, sino las vidas individuales del 98% restante.

Quizás el aspecto narrativo más interesante sea el impacto que una desaparición masiva tiene sobre algunos elementos de la sociedad: el fenómeno da lugar a la multiplicación de sectas absurdas y enfermizas en las que la gente se refugia para ocultar su nihilismo. El pastor preocupado por demostrar que los desaparecidos eran despreciables y, por tanto, habían sido castigados por “dios” con su anulación; el mesías negro que cura dando abrazos a quien le paga por ello y su pequeño círculo de admiradores, o la extraña secta de “El Remanente Culpable” que visten permanentemente de blanco, renuncian a comunicarse mediante la palabra y fuman permanentemente, difundiendo su lema “No desperdicies tu respiración” y difundiendo trípticos (en blanco) en los que exponen su fe (el vacío), forman, junto a las manadas de perros rabiosos que recorren la serie, una telaraña tejida para enredar al espectador y darle esperanzas de que, al final, todo esto, tendrá alguna explicación. Y la tiene: es el espectáculo, la aventura por la aventura, sin sentido, sin destino, sin causalidad.

La realización es convencional y no hay grandes innovaciones. Una buena cabecera, una selección musical extraordinariamente pertinente y unas actuaciones aceptables sitúan a esta serie como digna de verse. Para Justin Theroux, el protagonista, la serie supuso tres nominaciones a distintos premios prestigiosos como “mejor actor”. El reparto cuenta también con la presencia de Liv Tyler (la inolvidable “princesa Arwen” de El Señor de los Anillos). El resto de actores son poco conocidos pero cumplen con sus roles que oscilan entre lo misterioso y lo desgarrado. Cabe decir también que la idea original del guión fue extraída de la novela del mismo título escrita por Tom Perrotta que también contribuyó en la guionización del piloto.

La serie gustará a los que se enganchan con facilidad a series de las que saben por anticipado que no van a tener las explicaciones que necesitarían. Si les gustó Perdidos y otras series por el estilo, no hay motivo para que esta no surta el mismo efecto. Si usted cree que la sociedad moderna está en crisis y es capaz de analizar los motivos que han llevado hasta donde nos encontramos, esta serie no le dirá nada nuevo, incluso es posible que le aburra. Pero si, por el contrario, presencia los 30 episodios como una introducción a un estado de ánimo social depresivo y poco confiado en el futuro, le puede interesar.

Los devotos de esta serie quieren ver en ella cuestiones filosóficas y existenciales que no han estado en el ánimo de los autores plantear. No hay que ir tan lejos para elogiar The Leftovers: baste decir que, mediante el artificio de la desaparición del 2% de la población (140 millones de personas) se pasa revista a algunos aspectos de la modernidad. Si Perrotta ha utilizado un recurso tan dramático (pudiendo utilizar otros mucho más próximos y evidentes en el “aquí y ahora” de nuestra sociedad: un 2% de la población mundial son toxicómanos habituales, un 2% de la población mundial está enganchado a los videojuegos, un 2% de la población tienen trastornos psiquiátricos irreversibles, un 2% de la población mundial tiene algún tipo de adicción que hace que “estén en la sociedad” pero, en realidad, no están con nosotros, sino que andan sumergidos en un mundo irreal e imaginario) se debe a que solamente los casos extremos llaman la atención del público.