FICHA

Título original: Piratas, el tesoro perdido de Yáñez el sanguinario.
Título en España: Piratas.
Temporadas: 1 (8 episodios).
Duración episodio: 90 minutos.
Año: 2011
Temática: Aventuras.
Subgénero: Acción.
Resumen: Aventuras de Álvaro de Mondego, noble timador y mujeriego, capturado por los piratas, inicia la frenética búsqueda del tesoro el pirata Yáñez “el sanguinario”.
Actores principales: Óscar Jaenada, Pilar Rubio, Silvia Abascal, Miguel Ortiz, Aitor Mazo, Luis Iglesia, Octavi Pujades, Axel Fernández, Xenia Tostado, Luis Zahera.
Lo mejor: alguna escena de humor.
Lo peor
: las coreografías de lucha.
¿Cómo verlo?: Emitida por Telecinco, solamente puede ver el capitulo 2º.

Puntuación: 7

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CABECERA (y MÚSICA)

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Lo mínimo que puede decirse sobre PIRATAS: EL TESORO PERDIDO DE YÁÑEZ EL SANGUINARIO

A veces hay que elogiar la ingenuidad de quien cree que puede superar a un clásico y que puede hacerlo con escasos medios y aprisa y corriendo. Todo en esta serie, Piratas: el tesoro perdido de Yáñez el sanguinario, está hecho con precipitación, descuido e improvisación. Las películas “de piratas” que estuvieron de moda en los años dorados del cine de postguerra y que, a partir de La isla de las cabezas cortadas (1995) habían experimentado un bache, volvieron con Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra (2003), a partir de la que se inició un saga que, hasta ahora va por las cinco entregas. Cuando en 2011 se publicó que Penélope Cruz estaba rodando Piratas del Caribe: en mareas misteriosas (2011), Telecinco se dijo: “esta es nuestra ocasión de lanzar una serie oportunista que se apoyará en la superproducción de Hollywood”. Pero aquella entrega de Piratas del Caribe, no fue lo que se dice más que una secuela de una secuela en la que quedaba ya muy poco del espíritu de la matriz originaria. Y, como era de esperar, la serie oportunista constituyó un sonoro fracaso para la cadena.

La serie nos muestra un tesoro oculto cuya búsqueda reúne a piratas y bribones de muy distinta calaña. El protagonista es “Álvaro de Mondego” (Óscar Jaenada), un verdadero timador de guante blanco, deudor profesional y mujeriego de vocación que es capturado por un pirata y por su hija. A partir de ahí, empezarán a buscar el tesoro de “Yáñez el sanguinario”. Una serie de aventuras y de piratas. Bien, pero hay distintas formas de resolver una papeleta de este tipo: o recurriendo a la imaginación, el oficio y la artesanía del buen productor, o bien a la capuza instalada hábito. Y optaron por lo segundo.

En una miniserie de “piratas”, lo menos que puede pedirse es que las coreografías de acción estén bien resueltas. Aquí no lo están. Recordamos una escena de abordaje ante la que resulta difícil no sentir vergüenza ajena. En cuanto a los protagonistas, están dentro de sus limitaciones. Algo mejor es la ambientación propia del siglo XVII y los pocos momentos en los que la miniserie resplandece es en los que el protagonista protagonizad gags humorísticos. Se dirá que con 600.000 euros por episodio no podía hacerse nada mejor: pero eso no es excusa. Con esa misma cantidad o quizás con muchos menos, sin duda hubieran podido conseguirse mejores resultados e haber invertido más en guionización y ser más rigurosos con los castings y más realista en las posibilidades de imitar a la saga Piratas del Caribe de la pantalla grande.

Porque la serie es, a fin de cuentas, nada más que un intento oportunista de imitar a un producto de éxito (que en España tuvo menos, por cierto) de la pantalla grande. Cuando se cuenta con un presupuesto limitado, lo único que puede hacerse es fijarse objetivos limitados que sean realizables. El proyecto de hacer una serie en plan Piratas del Caribe a la española, y de “Álvaro de Mondego” una especie de “capitán Sparrow”, era, a todas luces, desmesurado, y el resultado estuvo a la altura del despropósito (la prueba es que Telecinco no la ha colocado en su sección de “Televisión a la carta”).

Las audiencias sentenciaron a la serie: después de un bombardeo promocional masivo, el primer episodio tuvo un resultado aceptable: 17,2% de audiencia y 3.454.000 espectadores. Un millón se perdieron en el camino que condujo a la segunda entrega (fue arrollada por Los misterios de Laura) y otro más cuando se llegó a la séptima. En la octava, apenas la seguían algo más de un millón de espectadores y un 10% escaso de cuota de pantalla. Por debajo de los resultados habituales de la cadena reina de la telebasura. No, decididamente, esta serie no fue memorable, sino absoluta y totalmente prescindible.