FICHA

Título original: Tristeza de amor.
Título en España: Tristeza de amor.
Temporadas: 1 (13 episodios).
Duración episodio: 50 minutos.
Año: 1986
Temática: Drama.
Subgénero: Familia.
Resumen: Un profesional de la radio de mal carácter y que ha permanecido mucho tiempo fuera de España entra a producir un programa nocturno presentado por su rival y ex novia en otro tiempo.
Actores principales: Alfredo Landa, Concha Cuetos, Eduardo Fajardo, Carlos Larrañaga, Fernando Hilbeck, Emma Suárez, Marisa Lahoz, Walter Vidarte, Nadiuska, Pilar Alcón.
Lo mejor: lección magistral de los dos protagonistas.
Lo peor
: que no se haya repuesto desde su emisión.
¿Cómo verlo?: Emitida por TVE, puede verse en el enlace indicado.

Puntuación: 8

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Lo mínimo que puede decirse sobre TRISTEZA DE AMOR

Esta serie puede considerar, sino histórica, si una de las más brillantes realizadas por TVE en los años 80. Y, desde luego, una de las mejor interpretadas. Es una de esas series que uno quisiera ver cada repuesta cada cierto tiempo en prime-time. Nos habla de las relaciones laborales, de lo que deben tragar empleados relegados a puestos secundarios siendo, como mínimo tan hábiles  como sus jefes, o de episodios del pasado que proyectan su sombra sobre el presente. Nos lo cuenta en un lenguaje que conocemos todos, pero con unos actores excepcionales y un ritmo narrativo extremadamente agradable que hace pasar volando los 50 minutos de cada episodio.

El planteamiento es excepcionalmente simple: un profesional de la radio (“Ceferino Reyes” – Alfredo Landa) que ha permanecido muchos años fuera de España, decide regresar. No hay trabajo para él, o al menos, no hay el trabajo que desea. Su mal carácter es proverbial, pero, finalmente, logra entrar en una cadena de radio de segunda fila gracias a un amigo de la infancia (“Figueras” – Carlos Larrañaga). Se le encarga producir un programa nocturno presentado por una antigua adversaria profesional (“Carlota Núñez” – Concha Cuetos) avalada por el director de la emisora (“Rivera” – Eduardo Fajardo). Al programa se sumará un locutor, inicialmente cuestionado por los dos protagonistas (“Walter Heredia” – Fernando Hilbeck) y que resultará un éxito de audiencia. Así pues, la miniserie nos muestra la intrahistoria de los programas de radio y su dinámica.

Pero estamos en los años 80: muchísimos temas que hoy están completamente integrados, entonces eran tabúes. En esta serie se habló de ellos por primera vez. El felipismo quería aplicar sus formas de ingeniería social y era preciso que la homosexualidad, el travestismo y la transexualidad o el acoso laboral, que hasta entonces apenas habían sido tratados (en la serie Anillos de Oro, se trataron pero sólo en función de la ley del divorcio). Hoy todos estos temas están superados y no llaman la atención, ni las nuevas generaciones pueden intuir lo que supuso una serie que los tratara públicamente a mediados de los 80.

Lo más destacable de la serie es el papel de los dos protagonistas. Particularmente interesante es el caso de Alfredo Landa que solamente siete años antes estaba caracterizado como “pasmado español” en las inefables películas “del destape” o, personalizándolo, del “landismo”. Landa se reinventó a sí mismo a principios de los 80 y comprobamos que teníamos a un gran actor con El crack (1981) de José Luis Garci y Los Santos inocentes (1984). La combinación entre Landa y Concha Cuetos, actriz de teatro curtida en televisión en innumerables telenovelas, Estudios 1 e Historias para no dormir, sorprendió en un papel protagonista y en un registro dramático, como cinco años después lo hará en Farmacia de Guardia con un registro completamente diferente.

Pero hay una aparición en esta serie que llama la atención y que merece recardarse. Se trata de Conchita Montes, la gran actriz de postguerra que hizo en esta serie su último trabajo televisivo (fallecería en 1994) y que en esta serie  interpreta a un papel secundario (“Regina”), esposa de “Walter” o de Nadiuska, quizás una de las más infortunadas “musas de la transición” que apareció en tres episodios, también en uno de sus últimos trabajos en TVE (solamente filmaría algún episodio e Los ladrones van a la oficina).

Una buena serie, en definitiva, que se filmó íntegramente en vídeo (fue la primera vez que se empleó este sistema en España para grabar toda una serie) y cuyo escenario era la Torre Windsor de Madrid que unos años después ardería como una tea. La serie le valió un merecio TP de Oro a Alfredo Landa.