FICHA

Título original: El Pacto.
Título en España: El Pacto.
Temporadas: miniserie (2 episodios).
Duración episodio: 75 minutos.
Año: 2010
Temática: Drama.
Subgénero: Adolescentes.
Resumen: Siete amigas que cursan estudios en el mismo colegio deciden quedarse embarazadas a la vez como acto de protesta.
Actores principales: Marina Salas, Macarena García, Diana Gómez, Vicky Luengo, Denise Maestre, Georgina Latre, Natalia Rodríguez, Gara Muñoz, José Luis Torrijos, Alicia Ramírez, Sergio Mur.
Lo mejor: las posibilidades de un producto dirigido por Fernando Colomo.
Lo peor
: guión flojo – interpretaciones flojas – ritmo flojo
¿Cómo verlo?: Emitida por Telecinco, puede verse en el enlace indicado.

Puntuación: 5,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre EL PACTO

Se cuenta que esta miniserie está basada en un “hecho real”. Se evita decir que el hecho tuvo lugar en Glucester (Massachussetts) en 2008 y que no fueron siete sino diecisiete las que se quedaron embarazadas. En el episodio real, las chicas contaron con la inestimable ayuda de un sin techo de 24 años. Al parecer, el director del instituto se dio cuenta de que la tasa de embarazos de ese año cuadruplicaba la habitual. No lo hacán para protestar, sino porque la maternidad “les daba estatus”. En realidad lo que ocurría es que la vida en aquella población de 30.000 habitantes y con mayoría de población católica, les parecía aburrida a las chicas, así que trataron de animarla en plena crisis económica. La miniserie dirigida por Colomo, El Pacto, se parece sólo remotamente a este “episodio real”.

En El Pacto, las chicas se confabulan para quedarse embarazas al unísono y lo hacen –solidarias ellas- como protesta por la expulsión de una compañera que se había quedado embarazada. Los dos episodios nos muestran la actitud de protesta, el embarazo, la comunicación a los padres y la el desarrollo de la gestación. El argumento es poco consistente y, a ratos, deslabazado e inconexo. Las situaciones son absolutamente irreales y, para colm, el pacto, ni siquiera lo es, es simplemente un proceso de imitación. Nada más.

La serie sería incomprensible sin los siete años previos en los que el zapaterismo quiso actuar como “rectificador” de la sociedad española e impuso lo que se llamó “su ingeniería social”. No hay que olvidar que el zapaterismo, salvo sacar a las tropas españolas e Iraq, meterlas en Afganistán, jamás entendió porqué crecía la economía española hasta 2007 y porque después empezó a decrecer, preocupado, especialmente en política exterior, por quimeras que hoy suscitan piadosas sonrisas o estruendosas carcajadas (recuérdese la “Alianza de Civilizaciones” o la actitud de “renuncia preventiva” ante cualquier conflicto o amenaza asumida por ZP y por el que se postulaba como sucesor (Pepe Bono). Lo esencial de aquellos años fueron reformas de leyes de tipo social: divorcio exprés, regularización masiva de inmigrantes, ley de violencia doméstica (para mujeres pero no para ancianos, niños o varones), etc. En esto ocupó el zapaterismo toda la primera legislatura sin prestar el más mínimo interés a lo que estaba sucediendo en Cataluña cuya clase política ya se veía como Estado federado con todas las ventajas de mantener un débil nexo con el resto de España, pero sin ninguna carga. No es que Zapatero volviera “más abierta” o “más libre” a la sociedad española, sino que, simplemente, contribuyó a difuminarla y debilitarla. Esta serie y lo que plantea es hija directa de esta situación ideal querida por el zapaterismo.

Nos muestra a niñas de 16 años que abandonar la casa sin que los padres se preocupen, que se quedan embarazadas y lo comunican a unos padres comprensivos y predispuestos a convertirse en abuelo por anticipado, sin que medie ni una sola bronca, ni un solo reproche, ni una actitud de censura, ni siquiera reflexiones, como máximo algún gesto de preocupación. Y tenían razón: ¿para qué discutir? A fin de cuentas el zapaterismo había sentenciado que a los 16 años las niñas ya eran libres para abortar y si eran libres para eso, también debían serlo para quedarse embarazadas por puro capricho. No solamente no queda ni sombra en la serie de autoridad paterna, sino siquiera de interés de los padres por aconsejar a sus hijas. Sin olvidar que la función de padre consiste en EDUCAR, es decir, formar. Pero en la época, la tendencia era a pensar que el sistema educativo cumplía esa función y que, aunque no la cumpliera, los adolescentes eran suficientemente “maduros” como para saber lo que era bueno o malo para ellos… Se olvidaba la realidad: que el sistema educativo llevaba dos décadas quebrado y que los adolescentes maduraban mucho más tarde que la generacón anterior.

La serie es un despropósito moral, no se sostiene en ninguno de sus aspectos (ni siquiera en la reproducción de un “hecho real”), carece todo interés, es absurda de principio a fin, con un guión y unos personajes y situaciones inverosímiles en estos tiempos de caída en picado de la natalidad, desaparición del impulso materno, contraceptivos al alcance de cualquier bolsillo y píldoras del día después. Para colmo, eso sí, con unas protagonistas de buen ver vestidas permanentemente de colegiales para mayor gozo y disfrute de fetichistas compulsivos y de pedófilos impenitentes.

Un producto así, obviamente, estaba llamado a tener un éxito limitado: sería tolerado por la clientela natural de Telecinco, especialmente por quienes habían extraviado el mando a distancia o agotado las pilas. El share estuvo por debajo de la media de la cadena y se situó en una media del 20%. La Conferencia de Padres de Alumnos pidió la retirada de la serie: error, había que verla e incluso había que animar a los jóvenes a que la vieran. Cuando antes mejor: probablemente así empezarían a distinguir lo que es la telebasura instalada en el mundo de las series. Porque uno de los elementos que se han ausentado de la escuela española es la capacidad crítica de los alumnos. Y eso sí que es urgente reponerlo.