FICHA

Título original: Qué vida más triste
Título en España: Qué vida más triste.
Temporadas: 7 (3 en Internet y 4 en televisión, 178 episodios).
Duración episodio: 22 minutos.
Año: 2008-2010
Temática: Humor.
Subgénero: Gags.
Resumen: Desventuras, fracasos, decepciones y frustraciones de Borja Pérez, un joven oriundo de Basauri que parece tener un imán para las situaciones frustantes.
Actores principales: Borja Pérez, Joseba Caballero, Santi Ugalde, Juanan Bilbao, Verónica Moral, Begoña de la Cruz, Txubio Fernández de Jáuregui, Nuria Herrera.
Lo mejor: demostración de que con escasos medios pueden conseguirse grandes efectos
Lo peor
: los dos protagonistas terminan pareciendo un par de tontos.
¿Cómo verlo?: Emitida por La Sexta, puede verse en el enlace indicado.

Puntuación: 6,5

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Lo mínimo que puede decirse sobre QUE VIDA MÁS TRISTE

Esta serie muestra dos cosas a pesar de su modestia. La primera de todas que con medios escasos pueden conseguirse efectos aceptables y lo segundo que lo que tiene éxito en Internet, antes o después, encuentra su lugar en las televisiones convencionales. Ninguna de estas dos cuestiones debería tomarse a la ligera. Frecuentemente, en televisión, medios desproporcionados han dado lugar a bodrios inaceptables. Así pues, gente que se esfuerza y que ha partido prácticamente de una forma de hacer artesanal, amparados solamente en sus ganas de triunfar, su creatividad y en un tesón incuestionable, merece ser tenido en cuenta.

Por otra parte, vale la pena recordar que, cuando empezó Internet, todos los diarios se creyeron obligados a realizar una página web que reprodujera contenidos pensando que la web era el apoyo del diario, para finalmente ocurrir lo contrario (que el diario en papel es un mero residuo y apoyo para la web que ostenta esa cabecera). Es previsible que este mismo proceso se produzca en televisión: que lo producido y difundido en Internet termine sustituyendo a las televisiones generalistas y que éstas sean, únicamente, un reflejo de los contenidos más interesantes que se producen en la red. Distintos síntomas lo dejan prever.

Pero si comentamos todo esto es porque la serie Qué vida más triste, no nació en los edificios de las grandes cadenas de televisión, sino de la mano de Rubén Oliveros. Éste tenía la idea de hacer una web con sus vídeos. Llevaba diez años haciendo pequeños clips para Internet junto a Borja Pérez, un gruísta en la vida real. Se trataba de pequeños clips de apenas un minuto que retrataban situaciones de la vida real. Borja se presentaba como el perdedor que todos, más o menos, llevamos dentro. La acción se sitúa en la localidad vasca de Basauri y las escenas se rodaban en el apartamento del protagonista. Eran clips de apenas un minuto. Y hacía decenas.

Lo que, en principio, había sido solamente un pasatiempo, mereció el interés de La Sexta y con escasas modificaciones (se siguió grabando en el apartamento de Borja Pérez), resistió cuatro temporadas en aquella cadena (a las que hay que sumar las tres que solamente se emitieron en Internet). Hay que decir que La Sexta no fue la única cadena que se interesó por la serie, pero las ofertas anteriores pretendían, simplemente, comprar la idea y realizarla con los personajes elegidos por ellas. Los protagonistas y creadores de la serie solamente aceptaron la oferta de La Sexta, cuando ésta se comprometió a respetar todos los parámetros que habían sido los propios de la serie hasta ese momento.

Así pues, si antes, Borja y Rubén hacían un clip a la semana de cinco minutos, la única variación fue que, semanalmente, La Sexta fusionaba cinco clips de casi cinco minutos, con una sola cabecera. Por lo demás, todo era idéntico: Borja y Nuria, Joseba e Izaskun, siempre atrapados entre problemas de parejas, videojuegos, problemas económicos, familiares, situaciones surrealistas…

La serie tiene un riesgo: a fuerza de ver a perdedores en acción, uno termina tomándolos por cretinos integrales. El hecho de que las situaciones sean relativamente habituales y en ello los constructores de esta serie aspiren a reflejar la frescura de lo cotidiano, no implica que las reacciones de quienes pasan por esas situaciones sean las mismas. La serie podría ser considerada como una fotografía de los perdedores de la crisis económica iniciada en 2007. Todo, incluso la factura de la serie, terminó siendo low-cost. Lo que empezó siendo un hobby para los que participaron en la serie no se modificó con el salto a La Sexta. Siguió siéndolo. Supuso una bofetada para los show-runners “imaginativos” y para aquellos directivos especializados en quemar presupuestos elevados lanzando productos carísimos con resultados mediocres o simplemente malos.

La influencia de Larry Davis y de su serie Curb your enthusiasm parece notoria. Cada gag se basa en una situación normal que, no debería de dar lugar a ninguna complicación y que, sin embargo, siempre, inevitablemente, termina complicándose. Otro aspecto interesante: la brevedad de cada episodio que contenía cinco gags de casi 4 minutos que, sumados, daban la duración de una comedia de situación norteamericana: 20-22 minutos.

Pero no magnifiquemos la serie: la relación calidad-precio era buena, mucho mejor que en la mayoría de series producidas en España. Ahora bien, la mínima inversión hacía que el nivel medio de comicidad fuera modesto, los gags y las actuaciones reiterativas y los resultados de cada uno de ellos, muy desiguales. A fuerza de ver cómo se complican situaciones bastante simples, uno termina pensando que los protagonistas son extraterrestres arrojados a un planeta hostil. Hay perdedores que lo son por simple estupidez.