FICHA

Título original: El Castigo.
Título en España: El Castigo.
Temporadas: miniserie de 2 episodios.
Duración episodio: 71 minutos.
Año: 2008
Temática: Thriller.
Subgénero: Colegio.
Resumen: Un grupo de adolescentes rebeldes es sometido a un drástico programa de reeducación estilo Guantánamo.
Actores principales: Guillermo Barrientos, Miriam Giovanelli, Joel Gómez, Esmeralda Moya, Óscar Sinela, Marta Calvó, Alfredo Villa, Ramiro Alonso.
Lo mejor: la sensación de asfixia que se alcanza en algunos momentos.
Lo peor
: el mensaje que se pretende transmitir.
¿Cómo verlo?: Emitida por Antena 3, puede verse en el enlace indicado.

Puntuación: 7,5

PROMO

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Lo mínimo que puede decirse sobre EL CASTIGO

La promoción de esta serie resaltaba que estaba basada en “hechos reales”. Eso era lo más dramático, pero también un terreno en el que Daniel Calparsoro se mueve bien. Tanto en esta miniserie, como en otras similares que ha filmado Calparsoro, la inspiración de partida es alguna noticia que ha generado alarma social, aunque su desarrollo implique ciertas dosis de imaginación y de alteración de la realidad. Inocentes, basado lejanamente en el caso de las “niñas de Alcaser”, circulaba por similares derroteros y lo mismo ocurría con La ira (tv movie, 2009) que dramatizaba el asesinado de dos jóvenes en Betanzos.

Situémonos: una serie de adolescentes caprichosos, díscolos y con todos los problemas de la edad magnificados por una educación permisiva, padres que prestan poca atención a los hijos y un sistema educativo quebrado. Tal es la fotografía de la educación en España desde hace treinta años. Algunos padres cuentan con recursos económicos suficientes como para acudir a soluciones alternativas. Los internados ya no son lo que eran. Es una fórmula prácticamente desaparecida. La enseñanza privada no logra enderezar a algunos de los adolescentes crecidos como tiranos del hogar. Pero hay una nueva fórmula educativa basada en el binomio disciplina-castigo que, a fin de cuenta, se sitúa entre Guantánamo y las Escuelas Pe-Militares para jóvenes de los EEUU. Si el alumno se porta bien y se adapta al severo régimen de disciplina, no ocurre nada, pero el más mínimo desliz que cometa le llevara a un infierno de castigos físicos y mentales. El resultado final es el esperado: unos por miedo, otros porque la disciplina estricta ha operado una mutación en su cerebro, otros porque no quieren volver a revivir aquellos castigos, el caso es que el método tiene éxito. Los pares con los mismos problemas se pasan unos a otros la dirección de la empresa que aplica estas técnicas. No les piden el consentimiento a sus hijos; éstos son, simplemente, secuestrados y llevados al centro de internamiento. A partir de ahí se desencadena el infierno educativo.

Al parecer, uno de estos centros se encontraba en las proximidades de Barcelona hace veinte años, en la sierra de Collcerola. Uno de los internos logró fugarse y denunciar a las autoridades el infierno que estaban viviendo. La policía tomó cartas en el asunto y desarticuló la institución deteniendo a los que estaban al frente. Lo que nos muestra la serie es la vida en uno de estos centros, más parecido a un campo de concentración que a una escuela, las interrelaciones entre cinco de los alumnos, con flash-backs que nos muestras sus antecedentes y las relaciones con sus padres y, cómo, finalmente, logran escapar de aquel infierno.

La serie es buena, mantiene el ritmo y quizás su único problema sea que el casting podría haberse mejorado y que no todos los actores asumen sus papeles con la misma corrección. La realización correcta. El guión, quizás, excesivamente radicalizado, pero, es cine, nadie exige que lo contado deba ser fiel a hechos reales. La longitud de la serie, la oportuna. La formula miniserie, que no se prodiga excesivamente en nuestras televisiones, suele dar buenos resultados y evitaría el cansancio de la audiencia en determinadas series. .

Lo más discutible de la serie es el mensaje que se pretende transmitir: da la impresión de que los padres sean los culpables de todos los problemas que sufren los hijos y que éstos, llevados por un legítimo afán de revuelta, se comporten hostilmente en el hogar. En realidad, se trata de una simplificación abusiva. Los factores que contribuyen a crear “niños díscolos” (a los que televisión ha dedicado algunos programas como El hermano mayor) son múltiples y resulta imposible ordenarlos por su importancia: sistema educativo, pérdida de valores, inestabilidad familiar, difuminado de la función paterna, ritmos de vida, drogas, alcohol y formas de ocio tanto para padres como para hijos… Y podríamos seguir. El resultado es que una edad ya de por sí conflictiva, la adolescencia, acentúa sus rasgos problemáticos. En la miniserie nada de todo esto es tenido en cuenta: los padres aparecen como los grandes culpables, no tienen interés por los hijos y recurren a empresas formadas por psicópatas y psicólogos conductistas extremos, situados en el filo de la ley. En realidad, el problema es mucho más complejo y es aquí en donde la serie no logra convencer.

La miniserie derrotó incluso a El Gran Hermano y arañó audiencia de CSI. El 13 de diciembre de 2008 la serie tuvo su “minuto de oro” alcanzando una audiencia máxima de 6.024.000 y un 32% de audiencia a las 23:21 horas. En su segunda éntrela El castigo obtuvo un 27’8% de audiencia, cinco puntos por delante de El Gran Hermano, superando incluso el “minuto de oro” de la primera entrega con 6.866.000 espectadores y un 36’5% de cuota. Fue, simplemente, un éxito inapelable.