FICHA

Título original: Hispania, la leyenda.
Título en España: Hispania, la leyenda.
Temporadas: 3 (20 episodios).
Duración episodio: 80 minutos.
Año: 2010-2012
Temática: Drama.
Subgénero: Acción.
Resumen: Recreación sui generis de la historia de Viriato, el rebelde que se opuso a la llegada de los romanos al frente de un pequeño grupo.
Actores principales: Roberto Enríquez, Juan José Ballesta, Lluís Homar, Manuela Vellés, Ana de Armas, Jesús Olmedo, Natalie Poza, Antonio Gil, Alfonso Bassave, Pablo Derqui, Ángela Cremonte, Hovik Keuchkerian, Luz Valdenebro, Iván Sánchez, Juana Acosta, Thais Blume, Ana Rujas, Irene Arcos.
Lo mejor: no está mal recuperar la historia de nuestra raíces.
Lo peor
: lo malo es cuando la historia se revive como caricatura.
¿Cómo verlo?: Emitida por Antena 3, puede verse en el enlace que indicamos.

Puntuación: 6

PROMO

CABECERA DE LA SERIE

MUSICA DE LA SERIE

VER SERIE ON LINE

WEB OFICIAL

Lo mínimo que puede decirse sobre HISPANIA

El 2010, el “problema catalán”, o más precisamente, el problema iniciado por los soberanistas catalanes, tras la sentencia emitida por el Tribunal Constitucional sobre la reforma el Estatuto de Cataluña, había sustituido a una ETA que había reconocido su derrota y a la que Zapatero le tendió la mano para evitar reconocer el bochorno de la derrota, como principal problema para la llamada “vertebración nacional”. En los treinta años anteriores, la organización autonómica del Estado había hecho el que en las autonomías periféricas no se enseñara una historia de España, sino apenas unos esbozos situados muy por detrás de la historia regional. En 2010, cuando sube al poder el PP, aparecen series como esta que intentaban viajar a las raíces de “lo hispano” y popularizar lo que debería de haberse realizado desde las aulas y con mayor seriedad y rigor: el examen de la historia de la península Ibérica.

Empecemos por decir que el mismo nombre de la serie era inadecuado: “Hispania”. En realidad, en el momento en el que e sitúa la trama, no cabe hablar de Hispania, sino más bien del “país del gran río”. El “gran rio” (ebero) es el Ebro y de Ebero surgió “Iberia”, nombre con el que los lugareños conocían a este lugar del planeta. Para los romanos de la época, como máximo, cabía hablar del “lejano país de las Hespérides”, cuya sílaba básica dio el nombre de “Hispania”… una vez romanizado el territorio. Los que vivía en el siglo II antes de Cristo en la Península tenía conciencia de en donde se encontraban (en el extremo occidente) y, sobre todo,  de la tribu a la que pertenecían.

Dicho lo cual, cabe recordar que, efectivamente, hubo un Viriato, nacido en Lusitania, y que es en todo similar a cualquier otro resistente contra los romanos: un héroe popular a lo Vercingétorix en Francia, a Arminius en Alemania, a Decebalo entre los dacios y a Tafarinas entre los númidas. Varios historiadores romanos, Diodoro de Sicilia, por ejemplo, lo ensalzan como a un héroe popular, sabio, generoso frugal y justo. Claro está que otros –Amiano entre ellos- lo cita como simple bandolero, una especie de Curro Jiménez del período republicano romano. Es evidente que la raíz “Vir” de su nombre, es una raíz indo-europea que indica “virilidad” en el sentido guerrero y trascendente.

La serie empezó a publicitarse afirmando que contaba con el asesoramiento de catedráticos y profesores de Historia. Sabemos lo que esto supone y garantiza: que ante una discrepancia histórica, el catedrático en cuestión dará la razón a quien le paga por utilizar su nombre. La serie, en realidad, adolecía de falta de rigor histórico. Si tenemos en cuenta que los estribos de los caballos no aparecen hasta la Edad Media, hay que preguntarse qué hacen en esta serie utilizados por unos y por otros. Uniformes y trajes que no correspondían a la época (ni a ninguna época conocida), mobiliario y armas desconocidas en el siglo II a de JC. En ese sentido, serie floja o muy floja.

Luego estaba el guión. Viriato y los pueblos que logró reunir, frente a Galba, cónsul romano y sus legiones. Unas veces ganan unos, otras, la competencia y, finalmente, la rebelión es conjurada. Maniqueismo insostenible salvo en series como Astérix: hispanos buenos – romanos malos. Y lo peor de todo: la ambientación deficiente incluso en los diálogos, parece como si a los guionistas les hubiera sido imposible reconstruir un diálogo que no remitiera al siglo XXI y a series de perfil bajo.

Si de lo que se trataba era de recrear las hazañas de un “héroe ibero” (que no hispano), el camino no era ese. Si se quería hacer de Viriato un Gladiator, un Braveheart, un Bob Roy, o un Espartaco, hubiera debido de trabajarse mucho más el guion y, sin duda, los actores protagonistas hubieran estado mucho más sembrados y cómodos en sus papeles como lo han estado en otras series.

Podríamos seguir mencionando audiencias (media del 17%) y extendernos sobre los actores. No vale la pena. De hecho, solamente hay una cosa que es pertinente: es bueno recordar la historia y tratar de sumergirnos en nuestras raíces. Pero no así. La historia nunca puede convertirse en caricatura.

 

Anuncios