FICHA

Título original: El internado.
Título en España: El internado.
Temporadas: 7 (71 episodios).
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2007-2010
Temática: Intriga.
Subgénero: Terror.
Resumen: Un internado perdido, dirigido por un profesor que cree en que la educación puede cambiar el mundo y un grupo de profesores, cada uno de los cuales es un mundo aparte, registra misterios y fenómenos extraños que afectan también a los alumnos.
Actores principales: Amparo Baró, Luis Merlo, Natalia Millán, Marta Torné, Ana de Armas, Elena Furiase, Yon González, Martiño Rivas, Carlota García, Marta Hazas, Fernando Tielve, Blanca Suárez, Daniel Retuerta, Raúl Fernández, Carlos Leal, Denisse Peña, Pedro Civera, Ismael Martínez, Javier Cidoncha, Sergio Murillo, Irene Montalá, Lola Baldrich, Javier Ríos, Alejandro Botto, Mariona Ribas, Luis Mottola, Yolanda Arestegui, Manuel de Blas, José Hervás, Adam Quintero, Alejandro Casaseca, Cristina Marcos, José Ángel Trigo, Nani Jiménez, Elisabet Gelabert
Lo mejor: Ver a Amparo Baró en un registro dramático
Lo peor
: Misterios sin resolver en un guión deslavazado.
¿Cómo verlo?: Emitida por Antena 3, puede verse en el enlace que indicamos.

Puntuación: 6

CABECERA DE LA SERIE

PROMO DE LA PRIMERA TEMPORADA

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Lo mínimo que puede decirse sobre EL INTERNADO

La serie El Internado circula por los mismos derroteros que otras que aparecieron en aquellos momentos y cuyo paradigma sería Perdidos (2004-2010) o la Cúpula (2013-2015). El recurso de guionización para mantener la atención del público consiste, simplemente, en que se parte de la existencia de un misterio que se va acrecentando con otros paralelos. Nadie tiene idea, exactamente, de qué es lo que está ocurriendo, pero esta carencia apenas se advierte porque otros misterios, más y más incomprensibles, se van superponiendo y hacer olvidar las preguntas básicas: ¿Qué hacen unos tipos perdidos en una isla? ¿De dónde diablos ha salido la cúpula que rodea a un pueblo entero? O, en este caso, ¿Cómo diablos se le puede ocurrir a alguien instalar un internado en un lugar inhóspito y lúgubre? o lo que es lo mismo, ¿a qué padre, en su sano juicio, se le ocurriría enviar a su hijo allí?

Pero, una vez embarcados en la trama, todo esto pasa a segundo plano, porque los asuntos nuevos que van arrojando los guionistas, ocultan los problemas de base. Lo necesario para que esta fórmula resulte es que en cada episodio aparezcan distintas tramas que generen, cada una en particular y todas ellas en su conjunto, una sensación de inquietud, terror y atención y que sea el mismo espectador quien imagine mientras va viendo el episodio a qué puede obedecer el nuevo elemento introducido.  Y los hemos visto en El Internado de todo tipo: desde gnomos hasta asesinos en serie, fantasmas, tesoros ocultos, virus mortales, nazis malvadísimos, inventos siniestros, fenómenos inexplicables y un largo etcétera que suceden todos en un lugar conocido como La Laguna Negra. Por si esto no fuera poco, las tramas amorosas recorrían todos los capítulos tal como viene siendo de rigor en teleseries españolas.

El problema de la trama es que, si bien es cierto que mientras dura el episodio se pasa un rato entretenido (si hacemos abstracción de una excesiva publicidad indirecta, algunos efectos especiales demasiado simples para ser admisibles, los clichés en los que se encasillan a los personajes), al final llega un momento en el que todo el conjunto resulta inexplicable y la audiencia empieza a pedir explicaciones y soluciones. En efecto, los guionistas, utilizando el mismo recurso que luego han abusado series como Mar de plástico, de mantener el interés a cambio de introducir más y más misterios, llegan a un punto en el que es imposible explicarlos coherentemente e integrarlos en el final. Esto se nota particularmente a partir de mediados de la tercera temporada y se prolonga hasta el último episodio de la séptima en la que el final apresurado, simplemente, no funciona.

Quienes si funcionan y son convincentes son dos de los protagonistas: Amparo Baró que fue tan convincente en una serie de terror como antes lo había sido en Siete vidas y Luis Merlo que dejó atrás el papel de gay que había asumido durante los años de Aquí no hay quien viva (2003-2006). El resto cumplen. Falla algo el trabajo de realización y montaje.

La audiencia acompañó a la serie en su primera temporada con un 23’8% de share y una audiencia superior a los 4.000.000 de espectadores que se habían reducido a 2.500.000 (y un 15% de share) en la última temporada. La serie pudo considerarse un éxito y se exportó a prácticamente toda la Europa del Este y en Francia se hizo una adaptación breve que se extinguió con más pena que gloria. En España, la serie recibió varios premios y suscitó encendidos comentarios (a favor y en contra) en redes sociales.