FICHA

Título original: Los hombres de Paco.
Título en España: Los hombres de Paco.
Temporadas: 9 (117 episodios).
Duración episodio: 60 minutos.
Año: 2005-2010
Temática: Tragicomedia.
Subgénero: Policiaca.
Resumen: Tres policías son trasladados a una nueva comisaría. Ninguno de ellos es eficiente sino todo lo contrario. Resuelven los casos casi por chiripa o bien de la manera más abracadabrante posible.
Actores principales: Paco Tous, Adriana Ozores, Pepón Nieto, Juan Diego, Neus Asensi, Hugo Silva, Michelle Jenner, Marián Aguilera, Clara Lago, Aitor Luna, Mario Casas, Federico Celada, Carlos Santos, Neus Sanz, Enrique Martínez, Jimmy Castro, Laura Sánchez, Álvaro Benito, Alberto Ferreiro, Fanny de Castro, Cristina Plazas, Miguel de Lira, Benjamín Vicuña, Goya Toledo, Patricia Montero, Marcos Gracia, Alex Hernández, Ángela Cremonte, Fede Celada, Asier Etxeandia.
Lo mejor: que ninguno de estos policías nos los encontraremos en ninguna comisaría
Lo peor
: que ha transmitido una imagen muy caricaturesca de la policía.
¿Cómo verlo?: Emitida por Antena 3, puede verse en el enlace que indicamos.

Puntuación: 5

CABECERA DE LA SERIE

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Lo mínimo que puede decirse sobre LOS HOMBRES DE PACO

El título de la serie, remite inevitablemente a Los hombres de Harrelson, emitida 30 años antes. “Harrelson” no era “Paco”. El primero se caracterizaba por impartir órdenes imperativas y perentorias a sus subordinados. “Paco”, en cambio, parecía ser un “desertor del arado” con menos carisma que un bidé, habituado a meter la pata hiciera lo que hiciera y rodeado de unos policías que más que detener delincuentes se dedicaban a ligar unos con otros. Los hombres de Paco, con todo, empezó mejor de lo que terminó y, desde luego, siempre estuvo demasiado sobrevalorada.

 Al principio, daba la sensación de que iba a ser una serie de policías y ladrones, estilo Canción Triste de Hill Street con algunos personajes más cómicos que otros, pero con una ponderación general en las situaciones y los casos. Luego, al poco tiempo, se empezó a percibir que todos los personajes de la serie convergían hacia el mismo modelo: el de policía metepatas. Claro está que los casos que llegaban a esa ignorada comisaría madrileña, se resolvían, pero nunca por el camino dictado por el principio de la “navaja de Ockham” (la solución más sencilla suele ser la más convincente), sino por pura chiripa. Cada protagonista terminó siendo la caricatura de los miembros del Cuerpo Nacional de Policía. Los retratos policiales y las escenas de comisaría estaban todas dominadas por la sensación de que puertas para adentro, las comisarías son refugio de chapuceros, memos, incapaces o simplemente idiotas con chapa. Y, obviamente, no es así.

Lo peor fue la simbiosis entre tragedia y comedia que se terminó dando en cada episodio: los actores estaban obligados a hacer reír repitiendo frases y muletillas de uso común, como si fueran los grandes hitos del guión, pero, al mismo tiempo, se veían implicados en situaciones y relaciones dramáticas. Ese híbrido de tragicomedia que tanto seduce a los guionistas hispanos y que parece ser el distintivo habitual de muchas de nuestras series, como si se fuera incapaz de acometer series de “géneros puro” (o tragedia o comedia; o humor o drama, pero no productos que son a la vez chicha y limoná en parecidas proporciones) es un mal nacional. Y lo peor es que la crítica no termina de entender porqué series mixtas como esta tienen éxito entre el público. No basta con decir que han sido diseñadas para un público poco exigente, que rutinariamente abre el televisor y mantiene el canal, caiga donde caiga y den lo que den. Es la falta de espíritu crítico de nuestro pueblo y treinta años de desintegración constante del sistema educativo lo que han hecho que se acepte como normal cualquier cosa que en otros países no pasarían el primer control de calidad. Lo peor es cuando una serie así concebida ni te hace reír, ni logra ser creíble en las situaciones dramáticas. Y mucho peor cuando lo uno y lo otro se alternan con diferencia de segundos.

No vamos a entrar en valorar a los actores que han participado en esta serie. En primer lugar, porque se han adaptado al guión que les han dado; de la misma forma que los pasajeros de un tren no pueden reprochar al maquinista si el paisaje por el cruzan es agradable o desértico, los espectadores no pueden acusar a los actores de carecer de unos matices que los guionistas no han sabido otorgarles. Hay papeles, literalmente, indefendibles, ante los que Sarah Bernhardt o nuestro José Bódalo, hubieran fracasado irremisiblemente. El actor no es culpable de que lo contraten para protagonizar papeles marcianos.

Tampoco vamos a enfatizar lo increíble de casi todas las situaciones y de todos los personajes que aparecen en la trama, pero sí vamos a recordar lo que, a nuestro juicio, es lo más triste: que la serie fue un completo éxito durante los cinco años que estuvo en antena.

El que fuera un éxito, no quiere decir que fuera “buena”, sino, simplemente, que enganchó con determinado tipo de público en un momento en el que todavía no existían más alternativas –salvo los programas P2P y los DVDs- para tener una televisión a la carta. La serie arrancó con un 20’5% de cuota de pantalla y 3.500.000 espectadores y en su tercera temporada alcanzó la cuota del 23% (¡casi una cuarta parte de la audiencia global). Sólo luego empezó a descender y terminó en un más que discreto 11,4% a inicios de 2010. Cuando la serie se extinguió la seguían viendo 1.827.000 espectadores.