FICHA

Titulo origina: Tierra de lobos.
Título en España: Tierra de lobos.
Temporadas: 3 (42 episodios).
Duración episodio: 70 minutos.
Año: 2010-2014
Temática: Western
Subgénero: Familiar y parapsicológica
Resumen: Unos hermanos perseguidos por la policía portuguesa vuelven a su patria chica y aspiran a iniciar un período más tranquilo en sus vías. Sin embargo, sus afanes se ven obstaculizados por el cacique del lugar.
Actores principales: Álex García, Junio Valverde, Juan Fernández, Antonio Velázquez, María Castro, Adriana Torrebejano, Dafne Fernández, Silvia Alonso, Nicolás Coronado, Jordi Rico, Eva Pedraza, Mamen Duch, Alejandro Albarracin, Sandra Blázquez, Álex González, Esmeralda Moya, Raúl Mérida, Assumpta Serna, Roberto Álvare, Carolina Bang, Sergio Péris-Mencheta
Lo mejor:
haber tenido el valor de resucitar un género olvidado y denostado
Lo peor
: haber tenido la mala idea de ubicar la trama en la frontera hispano-portuguesa.
¿Cómo verlo?: Emitida por Telecinco, puede verse en el enlace que ofrecemos.

Puntuación: 6

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Lo mínimo que puede decirse sobre TIERRA DE LOBOS

El western es un género olvidado prácticamente por las cadenas televisivas desde el primer tercio de los años 70. El mercado de las series se había ido saturando desde los años 50 con este tipo de productos, al que se sumaba una inflación de películas del mismo tema que, cuarenta años después suponen un producto barato para horarios de poca audiencia y para canales que quieran arriesgar poco. Tierra de Lobos es un western clásico, con todos los tópicos presentes en el género: cabalgadas, persecuciones, terratenientes más malos que darle un capón a la abuela, lindas damiselas indefensas y tipos bragados con el trasero amoldado a la silla del caballo, pistolas, tiros y duelos bajo el sol de plomo. Bien, todo eso es lo que encontramos en Tierra de Lobos, con la particularidad de que la trama no sucede en la frontera entre México y EEUU, ni siquiera en la nueva frontera abierta por carretas en lucha con los indios, en el lejano y salvaje Oeste. La trama tiene lugar en la frontera hispano-portuguesa. Y, más o menos, se sitúa en el mismo período en el que lo hacen la mayoría de westerns convencionales: después de la Guerra de Secesión americana (1860-1965). La trama de esta serie ocurre nueve años después, en 1874.

La serie nos muestra a dos buenas piezas, hermanos y atracadores, escaldados por el ejercicio de un oficio que registra un alto nivel de inestabilidad laboral que se ha llevado la vida de toda la banda a raíz de un atraco en el que nada salió bien. Ellos, supervivientes que han visto las orejas al lobo, cruzan la frontera, dejan atrás el Portugal de sus suplicios, hacen firme propósito de enmienda y van al terruño del que salieron como forajidos, para ser mansos corderitos en busca de vida tranquila. Lo que encontrarán será, justo lo contrario. Las tierras que dejaron están dominadas por un cacique local, de malas pulgas y peor ralea, el “Señor Lobo”. Éste vive rodeado de sus tres hijas, las únicas que logran conmoverle y teme que los dos hermanos recién llegados socaven su poder. Ocurre lo que hasta un lego en argumentos de westerns podría intuir: una de las hijas se enamora perdidamente de uno de los hermanos y no está dispuesta a casarse con el médico a quien su padre la ha comprometido. La finca de los hermanos bandoleros tiene un manantial de aguas curativas con el que el excéntrico suizo que aparece en la escena, les asegura que se podrán forrar. El pueblo está contra ellos, las circunstancias también y para colmo, el “señor Lobo” está dispuesto a realizar las mil perrerías para desembarazarse de los correosos hermanos. Tal es la trama que está a medio camino entre el western clásico y el culebrón arquetípico.

La segunda temporada se quedó a prácticamente la misma audiencia que la primera y en la tercera perdió tres puntos, quedándose con un promedio de 14,6%, lo que es indicativo suficiente de que gustó, aunque no encandiló. Entretuvo a algo más de 2.600.000 espectadores, pero no obtuvo críticas muy positivas. En general, se la consideró como una serie poco creíble, con un atrezo desastroso, unas interpretaciones poco sólidas e incluso un guión deslavazado. Muchos le reprocharon su aire de culebrón brasileiro o de spagueti-western y, sin duda, no se equivocan. Pero sus partidarios apelan con un argumento definitivo: a ellos les entretuvo.  A partir de aquí pueden plantearse una serie de cuestiones con implicaciones sociológicas y culturales: 1) ¿Existe en España creatividad suficiente para hacer productos más elaborados y de más ambiciones? Respuesta: creemos que sí. 2) ¿Por qué esas ideas no se ponen en práctica? Respuesta: porque las cadenas no quieren arriesgarse a ofrecer productos de mayores ambiciones y calidades, están persuadidos de que el público no los asimilaría. 3) ¿Creen los directivo de nuestras cadenas que su público tiene unos criterios de calidad muy bajos y que si quiere seguir contando con su apoyo, debe de satisfacerlos? Respuesta: sí, sin duda. En unos momentos en los que las plataformas de pago, Internet, los programas P2P, permiten que un público exigente se plantee ver lo que realmente le interesa (y sin insoportables cortes publicitarios), está claro que cree que quien no tiene acceso o no sabe utilizar esos recursos, no merece más que subproductos de escasa cualificación y nula creatividad que basten con ser, simplemente, “entretenidos”.