FICHA

Titulo original: Luna, el misterio de Calenda.
Título en España: Luna, el misterio de Calenda.
Temporadas: 2 (20 episodios).
Duración episodio: 75 minutos.
Año: 2012-2013
Temática: Terror
Subgénero: Licantropía.
Resumen: Una jueza con problemas personales se traslada a su nuevo destino, Calenda, junto a su hija. Inmediatamente después empiezan a producirse en el pueblo sucesos extraños que parecen ser provocados por algún “hombre lobo”.
Actores principales: Belén Rueda, Daiel Grao, Álvaro Cervante, Fran Perea, Macarena García, Lucía Guerrero, Marc Martínez, Olivia Molina, César Goldi, Belén López, María Cantuel, Carlos Cuevas, Alex Maruny, Daniel Ortiz, Boris Ruiz, Alex Hernández, Estefanía de los Santos, Alberto López, Antonio Durán, Patricia Olmedo, Álvaro de Luna, Roberto Álamo, Leonardo Sbaraglia
Lo mejor: la idea inicial.
Lo peor
: demasiadas escenas de amor y excesivos diálogos intrascendentes.
¿Cómo verlo?: Emitida por Antena 3, puede verse en el enlace que ofrecemos.

Puntuación: 6

CABECERA DE LA SERIE

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Lo mínimo que puede decirse sobre LUNA, EL MISTERIO DE CALENDA

Eran tiempos en los que lo gótico se vendía bien y encontraba en el público joven a sus principales consumidores. No hace tanto tiempo de ello, pero la saga Crepúsculo (cuatro películas proyectadas entre 2009 y 2012) en torno a los vampiros. Lo esencial de aquella saga fue el plantel de actores jóvenes. Justo cuando se estrenaba el último episodio de esta saga, Antena 3 inició la proyección de Luna, el misterio de Calenda. ¿El “elemento diferencial” entre ambas? En la serie española, planea la figura legendaria del “hombre lobo” como sustituto aventajado de los vapiros de enseñanza media de Crepúsculo. Los promotores de la serie española debieron pensar que recurriendo a los iconos juveniles a disposición de la cadena en aquel momento y a la vista del tirón de la saga hollywodiense, se podía aspirar a un buen share.

La idea no era mala, pero el desarrollo no acompañó y la cadena la liquidó en el momento en el que  se vio que las audiencias no remontarían hasta el 15% inicial. Pero el punto de partida era completamente aceptable. Una jueza busca un destino que le permita estar junto a su marido, un capitán de la Guardia Civil que sirve en Calenda. Cuando lo obtiene acude junto a su hija y, a la primera noche, su marido, simplemente, sale a dar una vuelta, y nadie vuelve a verlo. Le corresponderá a ella, en tanto que jueza, unos días después, la doble responsabilidad de levantar el cadáver de su marido y realizar la identificación del muerto que prescribe la ley. A partir de aquí,  la jueza se lo toma como algo personal llegar a esclarecer el crimen.

Desde el primer momento, los lugareños le advertirán sobre las leyendas y tradiciones que circulan en el pueblo relativas a los hombres-lobo, pero la jueza no cree en absoluto en que el crimen se deba a circunstancias sobrenaturales y está convencida de que los asesinos son mucho más reales. Luego, a medida que avance la trama, irá variando su posición y admitiendo que algo extraño está ocurriendo en pueblo y que no puede ser explicado por circunstancias racionales. A ello contribuye el que su hija se ha enamorado de un lugareño que, como no podía ser de otra manera, resulta ser un hombre-lobo.

Argumento, como puede apreciarse, de máxima tensión, de los que se desarrollan en la noche, entre puertas que chirrían, lunas llenas y crujidos en el parqué. Los elementos que deberían dar a la trama el rango de “serie de terror” están presentes, pero dispersos y carecen de suficiente intensidad como para que otros elementos narrativos, no le resten espacio. Y los diálogos de cama, la presencia de elementos románticos en cantidades industriales, generando argumentos poco interesantes, ampliando los momentos banales, redunda en detrimento de la trama central.

Los que quieran ver una serie de terror, percibirán que del segundo al quinto capítulo es una serie convencional, ecléctica, en el que por un lado los amores de la hija de la protagonista con el vecino hombre-lobo, la investigación policial realizada a trompicones, y los misterios acumulados, se comen el espacio en el los hombres lobos deberían estar despanzurrando al vecindario. Quizás sea que los guionistas no han tenido claro a quién debía ir destinado el guión: si a chicos jóvenes que aspiraban a ver una reedición de Crespúsculo con aullidos de lobo, a quienes les fascinó Al salir de clase (1997-2002) o quienes deseaban efusión de higadillos y gore, o a los que se querían ir a dormir con la sensación de haber visto a sus actores favoritos convertirse en lobos y a los menos favoritos ser devorados por ellos. Hoy, la segmentación de la audiencia, por edades, por afinidades, por preferencias de género, es algo inevitable: es muy difícil hacer una serie “para todo el mundo” porque lo que separa a este tipo de series del fracaso es una delgada línea que en este caso se rozó en la segunda temporada y que bastó para que se cancelara la serie