FICHA

Titulo original: Allá abajo.
Título en España: Allá abajo.
Temporadas: 2 (28 episodios).
Duración episodio: 70 minutos.
Año: 2015-2016
Temática: comedia.
Subgénero: regiones.
Resumen: Un mozo vasco que nunca había salido de su tierra natal termina enamorándose de una enfermera andaluza lo que da objeto para la explotación de las contradicciones, reales o supuestas, entre el norte y el sur.
Actores principales: María León, jon Plazaola, Mariano Peña, Alfonso Sánchez, Salva Reina, Maria Paz Salgado, Óscar Terol, Gorka Aguinagalde, Iber Galarza, Maribel Salas, Ane Gabarain, Santi Ugalde, Alberto López, Noei Ruiz, Alazne Etxebarria, Beatriz Cotobal, Teresa quintero, Rocio García Molina, Carmen Frigolet, Antonio Hoyos, Carmina Barrios.
Lo mejor: tratar de explotar tópicos relativamente arraigados para extraer sonrisas.
Lo peor
: habría que discutir si los estereotipos presentados existen todavía.
¿Cómo verlo?: Emitida por Antena 3, puede verse en el enlace que indicamos.

Puntuación: 6

CABECERA DE LA SERIE

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Lo mínimo que puede decirse sobre ALLA ABAJO

La serie se concibió en 2014 y se emitió un año después. Por esas fechas se habían producido dos acontecimientos que habían estado en la actualidad española de ese año: el estreno de la película Ocho apellidos vascos (14 de marzo de 2014) y el punto máximo de la tensión entre la Generalitat de Cataluña y el Gobierno de la Nación a raíz de la convocatoria ilegal de referéndum el 9 de noviembre. Lo primero había dado una pista sobre cómo afrontar los problemas de la cohesión del Estado: con humor. A fin de cuentas, ETA se había acabado y era posible ironizar sobre lo vasco sin el riesgo de la bomba o del tiro en la nuca. Y el “procés” catalán se había convertido en la noticia más insistente y reiterativa de la década que, por lo demás, no entrañaba riesgos, pero sí planteaba de nuevo de manera obsesiva la cuestión de la vertebración nacional. Estaban, pues, todos los elementos para una comedia de situación.

Resumimos la temática: si en Ocho apellidos vascos era un andaluz irredento que jamás había salido de su terruño, en esta serie, simétricamente, es un “Iñaki” sometido al matriarcado ancestral implícito de su RH y que, por lo mismo, tiene en su “peña” al único nexo que le une con la sociedad. A la madre se le ocurre viajar con el bendito Inserso a Andalucía e “Iñaki” debe acompañarlo. Allí descubrirá otro mundo, otro acento y otros colores, y querrá prolongar su estancia, especialmente a partir de que su madre sea ingresada en un hospital y el morrosko se sienta arrebatadamente enamorado de la jefa de enfermeras.

Si el elemento central del género es la unión de dos personalidades completamente diferentes dentro de un espacio reducido, los guionistas tomaron, partiendo de este principio, a las dos personalidades más extremas del “ser español”. El espacio reducido era la piel de toro y, más en concreto, Sevilla. A pesar de que los guionistas y creadores de esta serie, manifestaron por activa y por pasiva que su concepción había sido anterior a la de la película Ocho apellidos vascos y, realmente, contuviera elementos también de la francesa Bienvenidos al Norte (2008), las similitudes entre ambas temáticas saltan a la vista. Poco cambia la cosa si es un sureño el que termina entre caseríos, tocado con una txapela, o son recios euskeras los que se desplazan a la ciudad del azahar y las calores. La originalidad de la serie era, cuanto menos, cuestionable. Incluso el título parecía amputado de aquella serie inglesa Arriba y abajo (1971-1975) o de la siniestra novela de Huysmans Allá abajo.

Pero, como en todos los casos de comedias, de lo que se trataba era de si “funcionaba” (esto es, hacía reír) o no. Y esta lo hace a medio gas y amparándose siempre en tópicos y topicazos, estereotipos y esquemas que en otro tiempo pudieron ser ciertos, pero que no tienen en cuenta que en la actualidad, la globalización y la crisis, han tendido a atenuarlos. Los mismos porros se fuman en el norte y en el sur del país y tienden a reforzar el carácter apático e indiferente del “ser español”, homogeneizar rasgos diferenciales y acentuar el pasotismo. Así pues, la serie nos habla de algo que fue pero que ya es menos. Sin excluir que los tópicos de partida, además de ser hirientes, pueden incluso llegar a lo insultante, no por consideraciones “políticamente correctas”, sino de simple buen gusto.

La serie da lugar a algunos lances graciosos y a incomprensiones entre los lugares de origen que se resuelven con buena voluntad. Si la serie ha sido impuesta como traslación de la realidad política del momento, el mensaje no deja de ser buenista, ingenuo e integrador: “Vamos a llevarnos bien ya que si reímos junto unos con los otros eso es que podemos convivir juntos como país”. Al menos tal es lo que se puede deducir como mensaje de una serie que no es nada del otro mundo pero que “entró” bien en la audiencia y, en el momento de escribir estas líneas, todavía no se ha dado por definitivamente finiquitada.