FICHA

Titulo original: Badlands, Texas.
Título en España: Badlands, Texas.
Temporadas: 1 (10 episodios)
Duración episodio: 40 minutos
Año: 2015
Temática: Documental
Subgénero: drama
Resumen: En Terlingua, una localidad perdida del Sur de Texas se comete un horrible crimen que divide a la población.
Actores principales: los vecinos de Terlingua
Lo mejor: la fotografía.
Lo peor
: el lugar.
¿Cómo verlo?: en Netflix (en YouTube se encuentran los episodios en versión original.

Puntuación: 8

TRAILER EN VERSIÓN ORIGINAL

PRIMER EPISODIO EN INGLÉS

Lo mínimo que hay que saber sobre BADLANDS, TEXAS

Cuando se dice que todo está inventado en el mundo de las teleseries, es que no se ha oído hablar ni se ha visto esta miniserie extraña, anómala y diferente a cualquier cosa que usted haya podido ver. Hay series-documentales que nos hablan de crímenes cometidos sobre la base de entrevistas y escenas reales, en otras se dramatiza el episodio (ver a este respecto American crime Story) tratando de que se parezca lo más posible a la realidad, en otras se conjuga la ramatización con la entrevista al policía que llevó el caso (Real detective). Pero faltaba una en la que los vecinos que vivieron la historia, la contaran sin ningún tipo de dramatización, presentándose a sí mismos, a la víctima y al asesino, tal como fueron en realidad. Tal es uno de los méritos –pero no el único- de Badlands, Texas.

TIERRAS PERDIDAS – TIERRAS OLVIDADAS

El sur del Estado de Texas, en el condado de Brewster, existe un pequeño pueblo de apenas 60 habitantes, desperdigados en medio de un paraje desértico. Se llama Terlingua. Está a dos pasos del Río Grande y a pocos kilómetros la frontera de Texas con México. En sus mejores momentos, cuando se encontró cinabrio, llegaron a vivir 2.000 personas en una zona que, como mínimo, puede calificarse de inhóspita. Las minas de cinabrio se abandonaron y la zona tiene mucho de fantasmal.

El término inglés “badlands” quiere decir, literalmente, “malas tierras”. Allí es imposible sembrar nada. El clima se califica como “desértico suave”. Hay agua –de hecho, el asesino que nos ocupa era guía fluvial- pero nada puede florecer en una tierra extremadamente pobre. Y si algo tuviera una resistencia particular para germinar, el sol persistente la convertiría en cenizas. Y sin embargo, el censo de 2010 daba 58 habitantes en la zona: los protagonistas del documental sobre el asesinato del propietario del único pub del lugar: “La Kiva”.

Viendo aquel lugar dejado de la mano de todos los dioses, se diría que estamos en las antípodas del cosmopolitismo neoyorkino o del bullicio de San Francisco (tan próximo) o de la productividad de Sillycon Valley (a dos pasos). Terlingua (nadie sabe de dónde procede el nombre), parece estar en el Tercer Mundo y, sin embargo, es una parte de los Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo y el castillo de naipes más alto sobre el que soplan vientos incontenibles.

¿QUÉ PASÓ EN TERLINGUA?

Nos lo cuentan sus habitantes: un rudo vaquero con un parche en el ojo izquierdo, sombrero tejano que parece sacado de los cliches de cualquier western y, sin embargo, es un personaje realmente existente; nos lo cuenta un antiguo bajista de rock que cruzó la vorágine de las drogas y sobrevivió para retirarse a un lugar que, por no haber, ni siquiera hay drogas; un mendigo con aspecto de patriarca bíblico; un antiguo caza recompensas en vías de convertirse en el cacique del lugar; una fantasiosa madurita buenorra que espera que la zona se convierta algún día en destino turístico y prepara un capo de caravanas retro para albergar a los de esa especie; el sheriff del lugar; el abogado de defensor; el fiscal que representó al “pueblo”… Todos ellos nos hablan del lugar y del terrible crimen que allí sucedió.

Fue en 2014. Los 60 habitantes vivían felices. Aquello era como la legión, a nadie se le preguntaba por su vida anterior. Simplemente, personas que no coincidían en nada, todos completamente diferentes unos de otros, quizás unos con fobia social, otros sin salidas y otros porque sintieron que aquel lugar les atrapaba, fueron a parar a Terlingua. Se llevaban bien. Tenían espacio suficiente para no molestarse unos a otros. Incluso se apoyaban. Todos se conocían perfectamente. Por las noches iban a parar al único pub de la zona, una especie de barraca en donde se estaba fresco y se podía beber cerveza y whisky y escuchar música. Estaba dirigido por lo que aquí se llamaría “un fiestero”, alguien para el que solamente existía la diversión y la música. Parece que era un tipo encantador. Un buen día apareció en el parking literalmente destrozado a golpes. Costó poco encontrar al asesino: un gigantón que triplicaba en peso y envergadura a la víctima, borrachuzo y violento.

Los habitantes de Terlingua no terminaban de creerse lo que había ocurrido. Unos tomaron partido por el acusado, otros en su contra. El crimen rompió en dos mitades a la comunidad. De esto nos habla Badlands, Texas.

LAS IMÁGENES Y LA HISTORIA

Pero si la miniserie se detuviera aquí no sería nada más que uno de esas series que nos hablan de crímenes que realmente sucedieron y que traen a colación testimonios de los que vivieron o investigaron los hechos. La historia del crimen del propietario de “La Kiva” es una simple excusa para mostrarnos un lugar inhóspito en el que parece increíble que puedan vivir seres humanos. Aquella zona es desértica, está más cerca del Magreb que de los bosques pirenaicos. Su vegetación se reduce a unas cuantas variedades de cactus, su fauna está compuesta por serpientes y ratas. Poco más. Las aguas del río son turbias, los cañones profundos, el paisaje casi lunar. Y, sin embargo, la belleza está implícita a poco que nos fijemos. Tal es el principal mérito de esta serie: mostrarnos la belleza de las “malas tierras” que le dan título.

Aquellos paisajes, creados a sí mismos, por millones y millones de años de erosión se nos aparecen, como bellos en sí mismos, gracias a una fotografía y a unos encuadres realizados con tal cuidado y esmero que cada toma es una obra de arte única e irrepetible. En haber encontrado estos encuadres y en haber sabido aprovecharlos intercalándolos entre testimonios de personajes absurdos perdidos en una trama no menos irracional, consiste el mérito de esta miniserie.

VALORACIÓN

Netflix la ha ofrecido como miniserie en todas sus ediciones nacionales. Cuesta encontrar comentarios e informaciones de este producto. No se ha hecho acreedora de muchas críticas, ni siquiera está en la mayoría de bases de datos de cine. Y sin embargo, la consideramos una obra maestra, y un experimento nuevo e inédito en los que un drama que solamente, en principio, debió afectar a los 60 habitantes de Terlingua, alcanza una dimensión universal gracias a la cuidada selección de imágenes y de personajes entrevistados.

No es una serie rápida de ver, ni que puede resultar grata para quienes buscan thrillers vertiginosos o comedias enloquecidas. Hay algo de enloquecido, sí, en estos episodios: las “malas tierras” y sus habitantes, tanto como el asesino y su víctima, forman parte de lo insensato e incomprensible del mundo y de la condición humana. El guión y el montaje han sabido universalizar el episodio y convertir algo que hubiera podido ocurrir en la “España negra” o en cualquier esquina del Magreb, en una lección de estética. A través de los personajes entrevistados se muestra que lo humano, en su grandeza y en su miseria, puede estar presente allí donde no existen las mejores condiciones para su desarrollo, que la maldad está en todas partes acompañando a lo humano y que la naturaleza no necesita nada de nosotros: de ahí su grandeza. Badlands, Texas exhibe, precisamente, esa grandeza.