FICHA

Titulo original: La huella del crimen.
Título en España: La huella del crimen
Temporadas: 1 (14 episodios)
Duración episodio: 70 minutos
Año: 1985-1991
Temática: policíaca
Subgénero: investigación
Resumen: Distintos crímenes cometidos en España, presentados en formatos de mediometraje, tal como se cometieron, se investigaron, se resolvieron y se juzgaron.
Actores principales: Variaban en cada episodio.
Lo mejoruna calidad media alta.
Lo peor
: no todos los casos tuvieron la misma importancia y repercusión.
¿Cómo verlo?: Pueden verse en DVD y verse en la sección Televisión a la Carta de RTVE.

Puntuación: 8

TODOS LOS EPISODIOS EN TELEVISION A LA CARTA

PRESENTACION DE LA SERIE

Lo mínimo que hay que saber sobre LA HUELLA DEL CRIMEN

Es una serie por la temática en sí que registran todos sus episodios, pero cada entrega es completamente diferente a las demás. En todas varían los directores y actores, incluso la época. Pueden ser consideradas  como series, pero tienen la dignidad del mediometraje que en otro tiempo se hubiera proyectado en el cine acompañando a un largometraje. Sus catorce episodios figuran como lo mejor que se realizó en España en materia de género negro en la segunda mitad de los años 80.

LA ESPAÑA NEGRA

Todos los países tienen su lado escuro, y en los países latinos, de sangre caliente, emotividad elevada a la enésima potencia y reacciones bruscas, esa parte tiene un sobrecarga de violencia que frecuentemente lleva al asesinato. Cuando eso ocurre, determinados casos, por algún motivo, pasan a ser espectáculo público. La España del Jarabo en pleno franquismo o el asesinato de Carmen Broto en la postguerra barcelonesa, el caso del procurador que contrató a un sicario para matar a su esposa en el tardofranquismo, el crimen del capitán Sánchez en plena Restauración o el famoso crimen de la calle Fuencarral en los orígenes del mismo período, el cadáver descuartizado aparecido en Atocha a finales de los años 20, el famoso crimen del expreso de Andalucía o el asesinato de los marqueses de Urquijo o el secuestro de Anabel Segura, y algunos más que la serie –que nunca ha estado muerta del todo y sobre la siempre ha pesado la esperanza de una reactivación– no ha tratado, definen muy bien al aspecto pasional de la sangre latina.

Prácticamente, los crímenes que trata la serie se agrupan en tres bloques históricos completamente diferentes: el de un simulacro de democracia (la Restauración, que en realidad fue caciquismo y monarquía), el franquismo (que fue un gobierno autoritario sin más) y la democracia (que es monarquía más partitocracia). A la vista de lo diverso de estos períodos, cabe decir que el sustrato emocional de la población no se vio alterado por los distintos tipos de gobierno. En España siempre se han cometido este tipo de delitos y lo único que ha variado es el marco legal. Nada más. Quizás sea que ni España ni los españoles tenemos remedio.

Además, éste país, de apatía consuetudinaria, desinterés por las cuestiones trascendentales, incapaz de distinguir entre lo importante y lo accesorio, cuando ha fijado su interés por algún caso criminal lo ha hecho con cierta atracción morbosa: el abismo genera atracción, de la misma forma que los españoles experimentan cierta atracción insana por los crímenes más retorcidos y crueles o los misterios más insondables, con tal de que tengan un punto morboso. Se diría que el morbo es el material presente en la estructura mental de los españoles.

Esta serie y los casos elegidos en cada episodio, responden a esta realidad de la personalidad española.

LA SERIE EN SÍ MISMA

Con media hora más de metraje, cada uno de estos casos se hubiera convertido en una interesante película de género negro. La serie constituye una de las mejores muestras de que en los años 80 se podía haber en España buena televisión y reiteraba el criterio de que el género negro es el terreno en el que mejor se mueven nuestros directores y guionistas. En las décadas siguientes, presupuestos ajustados, ahorro en materia de guionización y directores poco ambiciosos, han dado lugar a productos mucho más modestos e irrelevantes. Pero cuando se filmaron las catorce historias que componen esta serie, todavía existía la ambición de realizar obras maestras para televisión qe fueran más allá del mero entretenimiento para un público cada vez menos exigente.

En cuanto a los directores, la mano izquierda Juan Antonio Bardem se percibe en el primer episodio dedicado a los crímenes “del Jarabo”. Los nombres de Pedro Olea, Ricardo Franco, Pedro Costa, Antonio Drove, Rafael Monleón, Imanol Uribe, Vicente Aranda, Fernando Camara, figuraban entre los mejores de aquel momento y están presentes en uno o varios episodios de esta serie.

En cuanto al cuadro de actores, ocurre otro tanto: no se llamó a medianías o a actores de moda, efímeros e insustanciales, sino a los mejores. Si alguien quiere conocer a los mejores intérpretes de la escena española de los años 80, no tiene nada más que ver los capítulos de esta serie: se encontrará a un Sancho Gracia convertido en José María Jarabo, un psicópata encocado y vividor; a Victora Abril, Fernendo Guillén y Maribel Verdú protagonizando El crimen del capitán Sánchez; a Carmen Maura, Paco Nieva, Rafael Alonso y al veterano Luis Escobar como protagonistas del episodio sobre el crimen de la calle Fuencarral; Terele Pavez y Susana Canales serán las envenadoras de Valencia; Juan Echanove y José Maria Pou protagonizarán el caso del cadáver descuartizado; Silvia Tortosa será Carmen Broto; Juanjo Puigcorbé el asesino de Perpignan; Emma Penella y Gabino Diego protagonizará el crimen de Don Benito y así sucesivamente.

UNA SERIE PARA DEGUSTAR Y DISFRUTAR

Cabe también elogiar la ambientación de cada episodio, la ausencia de incongruencias y arcaísmos y el que los hechos narrados se correspondieran al máximo con los episodios que realmente sucedieron.

Obviamente la serie encandilará en especial a los que sienten particular predilección por el género negro y por las producciones españolas. Como en todas las series de este tipo, unos episodios son superiores a otros y otros tendrán más interés para determinados espectadores por su ubicación espacio-temporal, pero en general cabe decir que esta es una de las series mejor acabadas de la historia de la televisión en España y que, solamente por eso, merecería verse como muestra de un tiempo en el que los castings eran rigurosos y no aparecían espontáneos favorecidos por la amistad con productores y directores, los guiones eran elaborados por expertos consagrados y no por becarios y los directores albergaban ambiciones de hacer obras perfectas y no productos excéntricos y originales o tópicos y clonados de series norteamericanas.

Fue una pena que aquel  impulso que inundó televisión española en aquellos años (cuando empezaba a registrar la competencia de las televisiones privadas) no se haya mantenido o solamente se hayan producido destellos puntuales.

Finalmente cabe elogiar la actitud de RTVE de colocar esta serie en su sección de Televisión a la Carta para hacerla accesible a cualquiera que la desee ver en cualquier momento. Y, por cierto, cabe recordar aquí, que esta sección contiene verdaderas maravillas: desde Estudio 1 a Silencio, estrenamos y desde Historias para no dormir hasta El asesinato de Prim (2014). Y lo más importante: sin cortes publicitarios.