FICHA

Titulo original: Cheyenne.
Título en España: Cheyenne
Temporadas: 7 (1o8 episodios)
Duración episodio: 48 minutos
Año: 1955-1962
Temática: western
Subgénero: acción
Resumen: Un aventurero de origen poco claro, recorre los EEUU realizando distintos trabajos y enfrentándose  todo tipo de de bandidos, delincuentes, indios, mexicanos, saliendo siempre airoso y prosiguiendo su viaje a ninguna parte.
Actores principales: Clint Walker, Clyde Howdy, Fred Carson, Chuck Hicks, Lane Chandler, Mickey Simpson, John Truax, Lane Bradford.
Lo mejorla dureza del personaje configurado como una roca.
Lo peor
: reiterativa.
¿Cómo verlo?: Es difícil verla en la actualidad. En youTube se encuentran escenas aisladas. Unos pocos episodios pueden bajarse a través de emule y, prácticamente, la única forma de verla es adquiriéndola en DVD en versión original a través de Amazon (fue reeditada entre 2006 y 2013.

Puntuación: 6,5

MUSICA Y PRESENTACIÓN

WEB OFICIAL DE CLINT WALKER

Lo mínimo que hay que saber sobre CHEYENNE

Si no fue la primera serie en formato western emitida por TVE (exceptuando a Rin Tin Tin cuyo destinatario era, sobre todo, un público infantil y juvenil). En aquellos primeros años de TVE, las series norteamericanas llegaban con alguna temporada de retraso. Recordamos haber visto Cheyenne, pero no antes de 1962, es decir, cuando ya se había filmando su última temporada. Tuvo el éxito propio de cualquier producto nuevo: los varones, habituados a haber crecido con El Guerrero del Antifaz o Roberto Alcázar y Pedrín y que ya empezaban a degustar El Capitán Trueno y el Jabato, se sintieron atraídos por un personaje que, al menos en cada entrega, se liaba un par de veces a estacazos con cualquier villano y más mujeres pudieron degustar esta serie en la que el protagonista era un macizo de mirada dura y castigadora.

CHEYENNE EN SU TIEMPO

En aquellos años, el ejército del aire español había recibido los primeros aviones a reacción F-86 y P-33. Eran de segunda mano y llegaban para sustituir a modelos de la Segunda Guerra Mundial que todavía seguían en servicio. La prensa anunció también que cuando se diera de baja al crucero Baleares como “buque insignia” de la Armada, los americanos nos cederían un portaaviones construido en 1943 para que lo acondicionáramos como portahelicópteros. Finalmente llegó en 1967.

Todo esto sirve para decir que en aquellos años, habitualmente el país se nutría de elementos de segunda mano o que llegaban después de haber cumplido su ciclo vital. Con algunos productos televisivos ocurrió otro tanto. Cheyenne, por ejemplo, se proyectó cuando ya había sido olvidada por el público norteamericano. Si tenemos en cuenta que una serie tan notable como Carnivàle debió esperar casi quince años para proyectarse en España, veremos que no todo ha cambiado. La única diferencia es que en 1960, España era un país con una televisión que todavía era incipiente y en la actualidad existen decenas de canales y una iniciativa privada que debiera ser mucho más efectiva.

Y, sin embargo, aquel país era mucho más ingenuo y alegre que la España de nuestros días. Cheyenne llegó cuando ya habíamos entrado en la senda del desarrollo. Los turistas empezaban a llegar en masa y había que contarlos por millones. Incluso se daba un precio al “turista un millón”, luego al “turista cinco millones”. Hoy ya se ha perdido la cuenta y se alude solamente a porcentajes de crecimiento. La España de aquel tiempo, todavía no estaba habituada a lo que era la televisión: aceptaba cualquier cosa que llegara mediante ondas hertzianas. Para eso se habían comprado con letras (o simplemente bajo palabra de pagar a plazos) aquellos costosos aparatos.

Cheyenne fue novedosa en muchos aspectos: no solo era la primera serie ambientada en el farwest que llegaba ideada para adultos, sino que era la de más larga duración por episodio que se había filmado hasta entonces. Los 48 minutos de proyección debían de completarse con publicidad hasta llegar a la hora de emisión. En aquellos años, TVE tenía el pudor de presentar un solo bloque central de anuncios. Se sabía que el episodio estaba en su ecuador porque aparecían los anuncios. Era el tiempo en el que se aprovechaba para ir al lavabo, realizar alguna corta llamada telefónica o comentar la jugada con la familia. No había otros canales. Ni se había inventado aún el mando a distancia. Además hasta entonces ninguna serie había sido tan longeva.

LA WARNER INNOVANDO EL ENTERTAINTMENT

La serie se inició en EEUU dentro del programa Warner Bros Presents, lo que entonces se llamaba “Wheel program” o “programas de rueda”. Consistía en que episodios de series muy diferentes se iban turnando en la misma franja horaria. Así pasó su primer año, alternándose con otras dos series olvidables sobre las que destacó. El equipo de producción cambió y, Roy Huggins logró convencer a la Warner para que emanciparan a Cheyenne y le dieran mayor solemnidad y envergadura en solitario y con franja horaria propia. Y la productora accedió.

A la Warner le convenció sobre todo el efecto generado en la audiencia: un tipo duro, grande, tirando a enorme, realzado por los tacones de las botas tejanas y el sombrero de ala ancha, corpulento, con pinta de duro, pero no de marmolillo, sino, en el fondo, un buenazo empeñado en hacer triunfar el bien y la justicia en un tiempo y en una zona en la que lo uno y lo otro estaban ausentes casi por completo. Del protagonista se sabía poco. Lo primero era justificar el nombre: “Cheyenne”. Nos enteramos en el primer capítulo de que sus padres habían sido masacrados por los indios cheyennes y él salvó la vida gracias a su corta edad y carácter indómito y cabroncete (cualidades, al parecer apreciadas por la tribu). Lo educaron y los 18 años, cuando cumplió la mayoría de edad, un buen día se despidió de ellos como amigos y padres putativos. A partir de entonces empieza su aventura yendo como una peonza de un lugar a otro del farwest, permaneciendo poco en cada lugar, pero no perdiendo ninguna posibilidad de medir sus puños con quien se terciase. Además, hablaba algún dialecto indio, lo que abría extraordinarias posibilidades narrativas nunca antes exploradas en televisión. Era como una especie de Tarzán con aspecto tejano. Nuestro hombre, por cierto, se llamaba “Cheyenne Bodie”.

CLINT WALKER ES CHEYENNE

Tras esta biografía se ocultaba el actor Clint Walker. Nacido en 1927, obviamente está retirado de la actuación, pero fue todo un fenómeno en su tiempo. Además de actor, cantaba. Country, por supuesto. Y no lo hacía mal. Sus padres eran checos. De joven, su vida se vio interrumpida por la Segunda Guerra Mundial en la que sirvió como marino mercante hacia el final del conflicto y en el Pacífico. A la vista de sus dimensiones, al terminar el conflicto, se empleó como gorila de discoteca, pero también en empleos más convencionales. En su biografía se cuenta que trabajó en un papel secundario en Los Diez Mandamientos (1956) de Cecyl B. De Mille, aunque no hemos logrado localizarlo (lo imaginamos como oficial del faraón). Esa y haber asumido el papel de Tarzán en la olvidable Jungle Gents (1954), bastaron por sí mismas para situarlo en los platós de Cheyenne asumiendo el rol protagonista. Luego, seguimos viéndolo desfilar por episodios aislados de distintas series y largometrajes que sería ocioso mencionar. Se le reconocía inmediatamente, incluso cuanto empezaba a tener una edad provecta: apareció en películas como el remake de Maverick (1994) o en la serie Kung-Fu, la leyenda continua (1993-1997), asumiendo por última vez el papel de Cheyenne Bodie.

Es un tipo afortunado porque en 2017 cumplirá los 90 años y ha sobrevivido a un accidente deportivo en 1971 cuando un esquí se le clavó en el corazón y los médicos le declararon muerto durante unos minutos. Unas semanas después, volvía a trabajar. A pesar de que cuando filmó Cheyenne su experiencia interpretativa era mínima, aprendió el oficio a lo largo de aquellos años. Era perfectamente consciente de que le faltaban tablas, pero también que podía compensar esta carencia recurriendo a su físico. En la serie, raro es el episodio en el que no aparece con el torno desnudo con cualquier excusa. En esos momentos, la serie alcanzaba el clímax. Medía 1,98 m y es de los pocos actores varones de los que se conoce también las medidas de pecho y cintura: 123 y 82 centímetros, respectivamente. Además era un tipo simpático, que caía bien a la audiencia, no solamente cuando representaba su papel sino cuando era invitado a algún show televisivo.

VALORACIÓN Y CONCLUSIONES

Pero también sabía defender lo suyo: en 1958 y 1959 se declaró en huelga para obtener mejores condiciones salariales. Fue en estos años cuando la Warner creó un clon de Cheyenne, Bronco. La serie tuvo éxito y el personaje de “Bronco Layne” se consolidó. Cuando Clint volvió a ser “Cheyenne”, las dos series coexistieron cómodamente y lo mismo ocurrió cuando se lanzó un producto muy similar, Sugarfoot (1957-1961). Pero, a largo plazo se vio que esta proliferación del mismo modelo de “héroe solitario” perdido en el farwest, iba mal para el género: el público empezó a notar a lo largo de los 60 una sensación de saturación que, finalmente, eliminó al western de sus preferencias. En los 70, solamente fue posible resucitar el género introduciendo las artes marciales en Kung-Fu. Luego ya no hubo más series con formato western.

Hoy es difícil ver esta serie salvo que compremos los DVD en versión original, reeditados recientemente. En youTube encontramos solamente selecciones de las mejores escenas y en Emule o BitTorrent algunos episodios aislados. Con eso basta para hacernos una idea de cómo fue esta serie: entretenía a un público poco exigente, su gancho, más que en los guiones, radicaba en el personaje (en España la estatura media en la época se situaba en torno a 1,60 cm y un tipo de dos metros llamaba la atención). La serie no ha podido resistir el presente, ni la competencia de los largometrajes emitidos diariamente por algunos canales en horas de baja audiencia, ni el desgaste del western televisivo del que hablábamos.

Hoy, no dice gran cosa, ni puede dársele los mismos méritos de innovación en cuanto a formato que tuvo en su momento. Sirve como dínamo para generar nostalgia de aquellos años grises en donde empezó el desarrollo y el turismo, cuando, además, existía pluriempleo y el “sueño español” era realizable. Todo eso, se ha perdido. La actualidad de esta serie, también.