FICHA

Titulo original: My name is Earl
Título en España: Me llamo Earl
Temporadas: 4 (96 episodios)
Duración episodio: 21 minutos
Año: 2005-2009
Temática: sitcom
Subgénero: humor
Resumen: Un antiguo pequeño delincuente se esfuerza por llevar una vida honesta y reparar todo el mal que recuerda haber hecho en su vida anterior. A esto le llama “equilibrar el karma”.
Actores principales: Jason Lee, Ethan Suplee, Jaime Pressly, Eddie Steeples, Nadine Velazquez, Trey Carlisle, Mike Cochrane, Doby Daenger
Lo mejor: nos muestra una América que intuíamos pero desconocíamos.
Lo peor
: no todos los episodios cumplen con la comicidad que se espera de ellos
¿Cómo verlo?: Puede comprarse en DVD, bajarse mediante programas P2P y algunos en versión original pueden verse en YouTube. Es frecuentemente repuesto.

Puntuación: 8,5

PRESENTACIÓN DE LA SERIE

TRAILER PRIMERA TEMPORADA

Lo mínimo que hay que saber sobre ME LLAMO EARL

¿Usted se ha preguntado por qué su vida es una mierda? Earl, el protagonista de esta comedia de situación sí lo ha hecho: y ha llegado a la conclusión de que el karma le ha jugado una mala pasada. Así que elabora una lista de todas aquellas malas acciones que recuerda haber hecho en su vida y se propone enmendarlas. Tal es el paradigma de esta serie, sin duda una de las más cómicas y significativas que se hayan rodado jamás.

¿LA LEY DEL KARMA?

A finales del siglo XIX y primeros del XX, dentro de lo que se dio en llamar “tercer despertar espiritual” de EEUU, acertaron a llegar los primeros predicadores hinduístas que explicaron a los norteamericanos lo que era el “karma” (la palabra karma, indica nada más que, causa-efecto). Los norteamericanos, tan pragmáticos ellos, entendieron que si las “acciones” eran buenas su destino sería bueno. A fin de cuentas, era lo mismo que habían dicho los calvinistas desde el origen de la nación americana: Dios premia los buenos comportamientos con la riqueza (por eso apareció la raza de los filántropos sobre aquellas latitudes, no para hacer el bien, sino para dar un poco de la propia riqueza… para recibir “kármikamente”, el ciento por uno. Y esa fue la idea que anidó en el subconsciente de algunos norteamericanos (y luego alcanzó Europa), idea que es la que ha asumió “Earl Hickey”, protagonista de esta serie.

La primera parte de la vida de “Earl” ha sido un desastre continuo. Hasta cumplir algo más de treinta años, no ha hecho otra cosa en su vida que, “pasar de todo”. No le ha importado convertirse en un pequeño delincuente, cometer pequeños abusos de confianza con sus amigos y conocidos, generar molestias a sus vecinos… nada grave, en realidad, una mezcla en partes proporcionales de delincuente, fumeta y gamberro. Pero un buen día compra un rasca-rasca y le tocan 100.000 dólares. Acto seguido es arrollado por un vehículo y el boleto premiado se aleja volando. Hay que añadir que el boleto ha sido comprado con el fruto de un pequeño hurto. En el hospital, envuelto en los efluvios placenteros de la morfina tiene una visión: se entera de lo que es el “karma” y decide que tiene que reparar todo el daño que ha hecho, así que empieza a elaborar una lista de maldades que ha cometido. “Si haces cosas buenas te pasan cosas buenas, si haces cosas malas, te pasan cosas malas”. ¿Y todo para qué? Para algo tan edificante como “ser una persona buena”. Este es Earl.

UNA DESCONOCIDA NORTEAMÉRICA

La serie está protagonizada por “Earl” (Jason Lee), su hermano “Randy” (Ethan Suplee), su ex esposa “Joy” (Jaime Pressly) y  “Darrell, el hombre cangrejo” (Edie Steeples). “Darrel”, un negro que regenta un chiringuito de marisco es el actual esposo de “Joy”, una rubia explosiva de belleza efímera, permanentemente malhumorada y oportunista . El hermano no es una persona my inteligente, frecuentemente va a remolque de “Earl” y en las ocasiones en las que decide volar solo, siempre, inevitablemente, se estrella. No es que a “Earl” le vaya mucho mejor, casi siempre sus intentos de reparar sus malas acciones del pasado, generan efectos inesperados, algunos de los cuales son mucho peores que el mal que pretende reparar. El único que en toda esta vorágine de situaciones cómicas y absurdas muestra un poco de sentido común es “Darrell”.

La serie no está situada en ninguna de las populosas ciudades de los EEUU. Es, en cualquier caso, una zona perdida en el Sur Este del país en donde no es progreso económico y abundancia lo que se trasluce. El entorno en el que “Earl” ha cometido sus fechorías y en donde vive, está compuesto por urbanizaciones de remolques, barrios de chabolas y en torno al umbral de la pobreza. No es la América que quiere y puede ser el país más poderoso del mundo. Sino el país con unos dirigentes más poderosos y unos sectores de población que se debaten entre la pobreza y la miseria. Es el síntoma –y las series, son un síntoma de las sociedades que las consumen- de un momento histórico en el que el pueblo americano ha dejado de creer en sí mismo y tan sólo cree en el día a día y en sobrevivir de la mejor manera posible.

SERIE DESTERNILLANTE

Greg García ideó esta serie. Tenía en su palmarés Yes Dear (2000-2006) y antes perfiló los personajes de Cosas de casa (1989-1997) y recientemente ha sido el creador de Hope (2010-2014). García no tuvo que devanarse mucho los sesos para crear esta serie: odiaba a su padrastro que, por cierto, se llamaba Earl, y que como el protagonista de esta serie, se casó con una mujer que estaba embarazada de otro hombre (el “Earl” de la comedia tiene un hijo negro). Así mismo, el padrastro ejercía actividades poco claras  más allá del filo de la ley.

Jason Lee elegido para protagonizar la serie, en principio, no estaba interesado en trabajar para la televisión. De hecho, nunca antes lo había hecho y después no se ha prodigado mucho en ese medio en el que solamente ha vuelto a protagonizar Memphis Beat (2010-2011). Su nombre quedará ligado a la serie de cuatro películas para la pantalla grande rotuladas con el nombre de Alvin y las ardillas (2007, 2009, 2011, 2015). El resto de los actores, prácticamente desconocidos en el momento de arrancar la serie, si se han prodigado en televisión al concluir ésta.

La serie arranco con una audiencia de casi 15 millones de espectadoras. La NBC pudo darse con un canto en los dientes y entre 2005 y 2008 fue la comedia de situación con más audiencia de los EEUU. El problema es que el esquema con el que había sido concebido la serie era demasiado rígido: una “mala acción” en la lista, el intento de “repararla” y las peripecias que conlleva hasta el desenlace final que no siempre era el esperado. El mismo esquema repetido una y otra vez terminó generando cansancio en la audiencia. Ni siquiera la introducción de nuevos personajes logró que al llegar la cuarta temporada se produjera un desplome que terminó con la serie: los gastos empezaban a ser mayores que los ingresos y cuando se había producido la crisis de las subprime en 2007 y el cinturón de la pobreza se iba extendiendo por los EEUU, no parecía my conveniente evidenciar esa pobreza como la cosa más natural del mundo: todos sabían que era por culpa de los bancos, las agencias de ratting y las inmobiliarias que la sociedad estaba atravesando sus peores momentos, no por el “mal karma” de los individuos que la componían. En una temporada, Me llamo Earl, pasó de los puestos de cabeza al número 59 el escalafón.

Fue un final inmerecido. De haberse emitido en unos momentos de estabilidad económico-social, la serie hubiera podido prolongarse otras dos o tres temporadas, a condición de que los nuevos personajes incorporados hubieran sido aceptados por la audiencia e introduciendo algunos elementos narrativos que evitaran la monotonía que empezó a sentirse en la tercera temporada.

BALANCE FINAL

Una muy buena serie, a pesar de sus irregularidades y de cierta monotonía en los guiones. Los gags, eso sí, siempre son nuevos y, no por esperados, producen menos efecto. Vale la pena verla e incluso si se ha visto, dejar pasar unos años para revisarla: volverá a hacernos reír (tal es la prueba del nueve para contemplar la valía de las comedias de situación).

Es imprescindible tener claro que el “karma” es algo muy diferente a la idea que tiene “Earl”. Es simplemente, la relación causa-efecto, que está presente en cada uno de nosotros: si soltamos un vaso en el vacío, éste se caerá. Tal es el karma que nuestra acción ha generado. Nada más. Así pues, los interesados en la religiosidad oriental no encontrarán en esta serie nada que les satisfaga, como no sea reír y disfrutar de situaciones absurdas y personajes no menos absurdos. Que es, en definitiva, para lo que se han ideado las comedias de situación.