FICHA

Titulo original: Scorpion
Título en España: Scorpion
Temporadas: 3 (57 episodios)
Duración episodio: 40 minutos
Año: 2014-hoy
Temática: acción
Subgénero: cerebritos
Resumen: Cuatro jóvenes de alto coeficiente intelectual son reclutados por la “seguridad nacional” de los EEUU como último recurso para casos de terrorismo o delincuencia extrema.
 Actores principales: Elyes Gabel, Katharine McPhee, Eddie Kaye Thomas, Jadyn Wong, Ari Stidham,Robert Patrick, Riley B. Smith, Brendan Hines, David Fabrizio, Camille Guaty,Daniel Zolghadri, Andy Buckley, Jamie McShane, Anthony Skordi, Emily Robinson,Kelley Jakle, Glenn Keogh, Rick Garcia, Carla Toutz, Julie Lancaster
Lo mejor: va de algo tan actual como los hackers.
Lo peor
: es absolutamente increíble
¿Cómo verlo?: A través de Netflix, del Canal Fox o de Paramount Channel.

Puntuación: 6

TRAILER EN CASTELLANO (1ª temporada)

TRAILER EN INGLÉS (3ª temporada)

WEB OFICIAL DE LA CBS

WEB OFICIAL NETFLIX

Lo mínimo que hay que saber sobre SCORPION

De esta serie se nos dice que “está basada en la vida de Walter O’Brian”. Habría que añadir “inspirado remotamente”, porque el único punto de contacto entre O’Brian y la serie Scorpion es que el nombre de la misma era el de la empresa e seguridad informática que creó en 1988. Por lo demás, estamos ante una serie completamente de ficción. Casi como de un The Big Bang Theory pero en clave de thriller.

LO QUE VA DEL O’BRIAN REAL AL SCORPIO IDEALIZADO

Hijo de 975, el auténtico O’Brian tiene hoy casi 47 años. En su biografía se insiste en que fundó en 1988 –a los 13 años- la empresa Scorpion Computer. Irlandés de origen, se mudó a los EEUU y en 1990 se graduó en la universidad. La empresa se dedica a la “inteligencia artificial” y como tal, creó un software de reconocimiento de rasgos faciales que –según cuentan- facilitó la detención del responsable del atentado de Boston (bastante extraño, por otra parte). Él mismo afirmó que cuando era un niño, logró hackear los ordenadores de la NASA. Descubierto, negoció el que no presentaran cargos contra él, a cambio de estudiar la vulnerabilidad informática de departamentos vinculados al gobierno de los EEUU. Hoy, O’Brian es un “consultor en gestión de negocios” y, lo más curioso, ejerce como productor ejecutivo de esta serie. En 2014 alegó que su empresa Scorpion, es un “laboratorio de individuos de alto cociente intelectual”.

Hasta aquí resulta claro que O’Brian, como mínimo, sabe “venderse bien”. Va de genio, acompañado por genios. No debe ser tonto, desde luego, porque en el retrato que se hace de sí mismo en la serie Scorpion sale extremadamente favorecido en todos los sentidos. De todas formas, haya en su historial real un eco de realidad o no, lo importante es que, al menos, trata de ser realista y creíble, elementos que, desde luego no tienen nada que ver con lo que nos muestra la serie.

LOS PROTAGONISTAS DE THE BIG-BANG THEORY, EN CLAVE DE THRILLER

Imagínense cuatro protagonistas, todos ellos bichos raros, incomprendidos y con un alto cociente intelectual (el del protagonista, puestos a darse autobombo, supera al de Einstein), con un líder indiscutible y acompañados por una chica que no es tan inteligente como ellos, camarera de un bar por más señas, que están casi constantemente juntos. Bien, si ahora les preguntáramos de qué serie estamos hablando, todos contestarían al unísono: “obviamente de The Big Bang Theory”. Pues bien, tales son los personajes que protagonizan esta serie (con un par de añadidos): cuatro cerebros y una chica de buen ver.

¿En que se diferencias ambas series? En el registro en el que están elaboradas: sit-com para The Big-Bang Theory y thriller para Scorpion. Eso es todo. Los elementos de partida son los mismos, solo que los protagonistas de Scorpion son mucho más increíbles que los de la sit-com. Han sido contratados para “salvar al mundo”. Este concepto se repite habitualmente en todos los thrillers de los últimos 20 años: no se trata de enfrentarse a delincuentes más o menos malvados, sino a peligrosísimos terroristas que intentan atentados que abarquen miles de miles de muertos o, como mínimo, provoquen un caos mundial de consecuencias incalculables.  Y sólo los protagonistas de Scorpion pueden lograr impedir el atentado. Al menos “Sheldon Cooper” solamente pretende obtener el Premio Nobel de Física.

EL MIEDO EN EL TRASFONDO DE LA SERIE

Hay muchas series de estas en las que el mundo es puesto en peligro por una banda de desalmados (de hecho, sobre esto va la serie de largometrajes protagonizados por 007), pero en los últimos 16-17 años, se ha convertido en una verdadera lacra. Todas las series de acción (empezando por 24 [2001-2010]) tienen la misma temática: generar un miedo absoluto sobre lo indefenso y expuesto de nuestras vidas, para, a continuación decirnos: “El Estado tiene elementos suficientes como para conjurar todos los peligros que acechan al ciudadano”.

Pero no es así: los terroristas demuestran en cada atentado que se trata solamente de un grupo de patanes fanatizados por ideas excéntricas en materia religiosa (sí, porque el único terrorismo realmente existente hoy es el de matriz yihadista) y la suerte que tienen, al menos los pueblos europeos, es que este terrorismo está protagonizado por gentes que tienen un mecanismo de pensamiento primitivo y anclado en el siglo VII… no porque existan escudos defensivos que protejan a la sociedad. De hecho, ésta está cada vez más inerme ante enemigos (unos pocos terroristas llegados del desierto y sobre todo una legión de políticos desaprensivos y corruptos que van de la mano con “señores del dinero” psicópatas).

Scorpion, como el resto de series que dan vueltas sobre el mismo tema (amenaza – seguridad), trata de alertar sobre peligros inexistentes y nos da seguridades no menos ilusorias.

¿QUÉ HACER CON SCORPION?

Este aspirante a thriller es absolutamente increíble, su argumento no tiene ni pies ni cabeza y, finalmente, se trata de una orgía de velocidad y acción en la que los protagonistas aporrean ordenadores portátiles poniendo cara de que saben lo que hacen. Eso no caracteriza, desde luego, a una buena serie, pero tampoco describe necesariamente a una mala serie. Si se tiene en cuenta todo lo dicho anteriormente, y se acepta verla, lo que asistiremos cada semana a 45 minutos de acción por la acción. Si la queremos disfrutar, no deberemos pensar ni en la coherencia del guión, ni en su posibilidad técnica, ni mucho menos en que los riesgo que vamos a ver se ciernen sobre nosotros.

La serie, por la que en su estreno nadie daba dos dólares, se ha prolongado de momento durante tres temporadas y 57 episodios. Cada vez, eso sí, se convierte en más increíble y, por tanto, para gustar a su target de público, debe extremar más y más la acción. En ella, el modesto “Walter O’Brian” (el protagonista de la serie, no el real con tendencia a la obesidad mórbida), “Paige Dineen” (la camarera rubicunda y madre de un genio autista en miniatura), “Toby Curtis” (psiquiatra especialista en lenguaje gestual), “Sylvester Dodd” (matemático y neurótico), y “Happy Qinn” (achinada y mecánica de campanillas), evolucionan entre amenazas terroristas, persecuciones y situaciones altamente improbables. Prácticamente todos estos actores son low-cost, jóvenes y desconocidos, casi becarios. No lo hacen mal. Podrían estar aquí o en una comedia juvenil de universidades, en una serie de zombies o de vampiros. Lo que haga falta. El único rostro conoció es el del “agente Cabe Gallo”, que los ha reclutado, interpretado por el veterano Robert Patrick. Viéndolo se está viendo al Terminator de 1991.

Scorpion es puro divertimento. Trata de ser un thriller juvenil protagonizado por improbables cerebros privilegiados. Tiene su público: tan solo debe preocuparse –si decide verla- de determinar si usted forma o no parte de ese público.