FICHA

Titulo original: Cagney & Lacey
Título en España: Cagney y Lacey
Temporadas: 7 (125 episodios)
Duración episodio: 45 minutos
Año: 1982-1988
Temática: Policíaca
Subgénero: Intriga
Resumen: Dos policías femeninas protagonizan una serie de episodios de investigación sobre crímenes y delitos de todo tipo.
 Actores principales: Tyne Daly, Sharon Gless, Al Waxman, Meg Foster, John Karlen, Carl Lumbly, Paul Mantee, Tony La Torre, Harvey Atkin, Martin Kove, Sidney Clute, Dick O’Neill, Alan Bendich, Robert Hegyes, Troy W. Slaten, Dan Shor, Stanley Kamel
Lo mejorVer dos policías femeninas en acción.
Lo peor: Abusar de las temáticas feministas
¿Cómo verlo?: Mediante programas P2P. En youTube están colocados algunos episodios en inglés.

Puntuación: 6

TRAILER (y tema musical)

EPISODIO PILOTO (EN INGLÉS)

Lo mínimo que hay que saber sobre CAGNEY Y LACEY

No la recordamos como una gran serie. En realidad, lo único que era diferente era la naturaleza de las dos protagonistas: mujeres y policías. Dos, una morena y una rubia. Por lo demás, se trataba de otra serie de las que fueron habituales en los 70 y la primera mitad de los 80: policías persiguen a delincuentes. Sin más aditivos. Salvo el sexo de las protagonistas.

UNA IMPOSICION DEL FEMINISMO MILITANTE

Hasta llegar a esta serie, las mujeres habían protagonizado sit-coms (Te quiero Lucy, El Show de Mary Tyler Moore [1970-1977], Embrujada [1974-1982], u otras por el estilo). Su papel en westers siempre había sido secundario. Ninguna hija de la “familia Carwrigth”, protagonista de Bonanza, por ejemplo, era mujer (si bien luego en La Casa de la Pradera [1974-1983], pensada para excitar más sentimientos de la audiencia, todas las hijas eran mujeres). Y como policías apenas se las había visto. Si en series de agentes secretos (Misión Imposible [1966-1973], Los invencibles de Némesis) y, como máximo, habían sido secretarias o auxiliares de series de abogados (Perry Mason). Poco más. En los 80 todo esto iba a cambiar.

Para el feminismo no era aceptable que uno de los papeles protagonistas de la longeva M.A.S.H. fuera el sex simbol de la serie (“Morritos Calientes”) y ni siquiera basta con que fuera coprotagonista, si bien con un rol capidisminuido (McMillan y esposa). El equilibrio ex aequo entre sexos que se dio en Hart to Hart, tampoco pareció satisfacerles. Y ¿para qué hablar de muy olvidable La chica de CIPOL [1966-1967]? Se quejaban las feministas de que había pocos protagonistas femeninos en las series y querían una en la que no hubiera lugar a dudas sobre qué género dominara: esa serie debió de llegar con Cagney y Lacey.

Cagney y Lacey supuso el triunfo del feminismo: dos mujeres rotundas, con aspecto de duras muy duras, “apatrullaban” las calles y se liaban a más y más mamporros con delincuentes. Para aumentar el dramatismo no dudaban en infiltrarse en los medios criminales, hacer de gancho vestidas de extremadas prostitutas o haciendo gala de una agresividad que hubiera hecho retroceder a los mismísimos Starsky y Hutch. Pero, a fin de cuentas, era lo que querían las organizaciones feministas de la época: protagonistas que fueran como los varones, hicieran lo que los varones y repartieran estopa como los varones.

PROTAGONISTAS DE CORTO HISTORIAL

Las protagonistas eran muy diferentes (aparte del color de pelo y de que una lo llevaba recortado “a lo garçon” y la otra llevaba media melena). “Cagney” era soltera y “Lacey” casada. “Cagney” era la rubia, y estuvo interpretada por Meg Foster. Pero al acabar la primera temporada se vio que era demasiado ruda y agresiva, corría el riesgo de ser tomada como lesbiana por parte de la audiencia. Y se trataba de reivindicar el feminismo, no de propulsar modelos lésbicos. Así que a partir de la segunda temporada fue sustituida por Sharon Gless. La primera tuvo un historial televisivo posterior que la llevó de series como Hawai Five-0 (1973-1976) a la nave Enterprise de Star Trek (1993-1999) y todavía va apareciendo en algunas películas de tanto en tanto. A pesar de haber recibido varios premios, su carrera se ha desarrollado por unos derroteros bastante modestos. Otro tanto puede decirse de Sharon Gless que, antes había participado en algunas series que no tuvieron excesiva fortuna (Ladrón sin destino [1968]) para pasar luego a esta serie, menudear intervenciones esporádicas en otras muchas series, volver a tener un papel protagonista en Los ensayos de Rosie O’Neal (1990-1992), aparecer en como co-protagonista de Burn Notice (2007-2013), en algunos episodios de Nip/Tuck (2008-2009) y esperar hasta 2009 para protagonizar una película de cine “indi”: una lesbiana en Hannah Free.

En cuanto a “Lacey”, el papel estuvo asumido desde el principio hasta el final por Tyne Daly. Para ella, la televisión fue un paréntesis en una carrera que se ha desarrollado hasta hace poco en el teatro. Sus intervenciones en el cine han sido muchas pero poco relevantes (apareció como aspirante a novia de Harry el Sucio (1976) y su trabajo no fue particularmente elogiado. De todas formas, está en posesión de cuatro Emmys y, sobre todo, se ha prodigado como actriz invitada en infinidad de series. Hoy es uno de los iconos del feminismo norteamericano y ha participado como activista en causas habitualmente relacionadas con el Partido Demócrata (se significó apoyando la candidatura de Barack Obama en 2012).

La serie intentaba dar un perfil propio a ambas mujeres. En las largas conversaciones que mantenían mientras realizaban seguimientos o cuando se desplazaban en coche, tendían a realizarse confidencias sobre sus problemas y sus vidas personales. Era una forma de marcar los contornos de las protagonistas y generar un aliciente emotivo. En la cuarta temporada, “Lacey” se queda embarazada. En 1982 la serie había sido cancelada por tener unas audiencias muy bajas. Sin embargo, las sonoras protestas feministas lograron reponerla al año siguiente (1984) fue en ese momento cuando la serie despegó.

UNA SERIE DE ÉXITO

Hoy no se explica el relativo éxito de esta serie si no es por este elemento femenino novedoso en la época. Por lo demás, la serie era exactamente igual a cualquier otra de “policías y delincuentes”. Sobre sus calidades narrativas, cabe decir que permanecían ancladas en las series de los 70. La serie despertó mucho interés, especialmente porque una de las protagonistas debería haber sido Loretta Swit (la “Morritos calientes” de M.A.S.H.) que fue quien rodó el piloto. Pero, finalmente, Meg Foster se quedó con el papel de “Chris Cagney”.

La serie obtuvo varios Emmy entre 1983 y 1988, varios Globos de Oro y dos nominaciones a los premios del Sindicato de Directores. Así pues, la serie fue apreciada y reconocida en su tiempo. Eran, no lo olvidemos, los tiempos en los que el feminismo había dejado de ser cosa de unas pocas activistas tomadas casi a broma (como lo fue en los 60), un movimiento de corto alcance (en los 70) y había adquirido la madurez. Pero la serie no ha resistido el paso del tiempo. Hoy el ver a dos mujeres armadas hace tiempo que ha dejado de ser una novedad y carece por completo de interés. Las historias que nos cuentan son de las que hemos visto decenas de veces y lo problemas de una mujer policía hoy son muy diferentes de los que podían aparecer en los 80.

Habría que ser muy feminista, casi una abnegada y devota militante, para revisar esta serie y encontrarla atractiva. Es el problema que tienen todas las series en los que aparece un trasfondo “de género”: cuando se restablece la normalidad y el género en cuestión (ayer feministas, hoy homosexuales y mañana transexuales) ha visto reconocidos todos sus derechos, la serie deja de tener interés: la pasó ayer a Cagney y Lacey y le pasará mañana a Modern Family (2009-hoy).