FICHA

Titulo original: McCloud
Título en España:  McCloud
Temporadas: 7 (45 episodios)
Duración episodio: 60 minutos
Año: 1970-1977
Temática: Policiaca
Subgénero: Crímenes
Resumen: Un policía de Nueva York con los ademanes de un sheriff tejano que resuelve crímenes a pesar de moverse allí como un pulpo en un garaje.
Actores principales: Dennis Weaver, J.D. Cannon, Terry Carter, Diana Muldaur, Ken Lynch, Sidney Clute, Ken Scott, John Finnegan
Lo mejorel planteamiento inicial.
Lo peor: que era poco para hacer una serie diferente.
¿Cómo verlo?: Puede bajarse mediante programas P2P. Algunos episodios están en YouTube en inglés.

Puntuación: 6,5

Introducción a la serie

Lo mínimo que puede decirse de McCloud

Debió competir con tantos otros “héroes solitarios” que no hubiera llamado la atención de no ser porque un vaquero a caballo, con sobrero tejano y espuelas, por la Quinta Avenida de Nueva York, estaba llamado a causar sensación. Así que el arranque de la serie fue bueno. Luego, se fue apagando y, finalmente, terminó cansando a la audiencia. Por lo demás, a finales de los 70, las series con héroe solitario que habían sustituido a las del farwest extinguidas a principios de esa década pero reinas de la pequeña pantalla en los años 50 y 60, empezaba también a declinar.

HUBO MUCHOS HÉROES Y MCCLOUD FUE UNO MÁS

McCloud gustó al público español, pero no le encandiló. La capacidad de fascinación por uno de estos curiosos protagonistas de la televisión de los 70 que ellos solos se lo guisaban y se lo comían, episodio tras episodio, resolviendo crímenes urdidos por guionistas que trabajan ofreciendo productos muy parecidos al mismo sector de audiencia, hacía que hubiera que distribuirla en la decena de productos que aparecieron en los mismos años: Cannon, Banacek, Mannix, Colombo, Baretta, Barnaby Jones, Kojak, etc.

Los guionistas se vieron obligados a atribuir a cada uno de estos personajes rasgos diferenciales muy acusados, casi caricaturescos: el loro de Baretta, los coches de Mannix, la barriga y los restaurantes de Cannon, la gabardina de Colombo, el chupetín de Kojak, y así sucesivamente. Podría decirse que McCloud llegó tarde al reparto de atributos y le tocó, acaso, uno de los más caricaturescos: ser un paleto en Nueva York. No estaba mal la idea, pero cansó al cabo de unas entregas.

Siempre, el protagonista terminaba saliendo airoso de las situaciones más increíbles gracias a su formación tejana y a sus habilidades como vaquero. Eso no ocurre en la realidad. Habitualmente, el paleto actúa como un tipo completamente desplazado, para el que la gran ciudad le resulta un arcano incomprensible y una fuente de riesgos insuperables. Con McCloud, en cambio, Nueva York, la capital del lujo, el snobismo y la ultramodernidad, ocurría lo contrario: no se arredraba, sino que salía airoso y fortalecido. Luego vendrían las películas de Cocodrilo Dandee para proseguir con esta temática, trasplantando un australiano al Bronx. El tema daba para un par de largometrajes pero era más arriesgado convertirlo en una serie con cita semanal. Aun así se intento y durante 30 episodios aguantó la competencia de series clónicas similares, hasta que por fin se vio desbordada, por el hartazgo del público y por el lanzamiento de nuevas series que llegaban con el atractivo de la novedad.

MCCLOUD EN SU SALSA

La idea fe de la NBC que debía de competir con productos similares de la ABC y de la CBS. El protagonista, “Sam McCloud”, estuvo interpretado por el actor Dennis Weaver. Nos cuenta que, inicialmente, era un sheriff del pueblo de Taos, Nuevo México, pero resultó transferido al Departamento de Policía de nueva York como “investigador especial”. El motivo del traslado es que vele por la seguridad de “Chris Coghlin”, escritora que trabaja para un periódico de la gran ciudad. En el piloto, lo que causa el envío a Nueva York es la escolta de un delincuente y, a partir de ahí, dada la capacidad demostrada para resolver crímenes, la policía de la ciudad pide tenerlo en “comisión de servicios”. Ya tenemos, pues, al “vaquero en la gran ciudad” que constituye el leit motiv central de la serie.

La serie tiene el valor añadido de permitir ver cómo era Nueva York en los 70. Se pasea por los bulevares de Manhattan ataviado con un sombrero tejano de ala ancha y un chaquetón forrado de borreguillo, botas de tacón y pantalones vaqueros. Era inevitable que llamase la atención e incluso que su presencia en determinados ambientes fuera considerado como una provocación. El “ajuar” se completaba con un Colt 45, acaso lo más convincente de su indumentaria. Su puntería era la del ojo habituado a localizar objetivos a distancia en pleno desierto.

Choca habitualmente con su jefe, “Peter D. Clifford”. Lo que más le fastidia a éste es que el tejano sea un tipo indisciplinado, habituado a actuar en solitario, casi un anarquista con chapa policial. Para él no existen ni las normas, ni las leyes, ni los procedimientos policiales o lo que hoy se llaman “protocolos”. El tipo va, simplemente, a por los malos y siempre logra su objetivo. Además, McCloud es flemático, no se inmuta ante nada. Lo peor de todo para Clifford: McCloud va de ligón por la vida..

¿Y QUIÉN ERA MCCLOUD?

El papel le fue entregado después de un casting sistemático a Willian Ennis Weaver (1925-2006). Había aparecido en episodios de algunas series (La ley del revólver [1955-1977], Alfred Hitchcock presenta) y se cuenta que figuró también en el reparto de la primera película de Spielberg para televisión, Duelo (1971) y, antes aún, lo vimos como encargado del motel en Sed de Mal (1958), una de las mejores películas de Orson Welles.

Así pues, su historial era bueno cuando se arriesgó a ser el vaquero en Nueva York. Era popular entre la profesión y, alternó su papel como McCloud con la presidencia del Sindicato de Actores entre 1973 y 1975. A pesar de que fuera presentado como un tipo duro, tejano, hábil con el revólver, en realidad era vegetariano, pacifista, estudiaba yoga y era discípulo de Yogananda, uno de los gurús de la contracultura, en sus últimos años insistió en temas ecologistas y solidarios, actividades todas ellas que le ocuparon más tiempo que el cine.

De hecho, tras concluir McCloud y, como podía esperarse, su carrera declinó y filmó solo unas pocas películas más. El personaje había vuelto a devorar al actor.

BALANCE FINAL

Ver algunos episodios de McCloud nos ilustra sobre la vida neoyorkina y sirve para familiarizarnos con los usos y costumbres vaqueras. Nada más. Los guiones son los de cualquier otra serie de este estilo –con “héroe solitario”- e incluso son transpantables a cualquier otro de los nueve “héroes” que compartieron pantalla en aquellos años. Volver a verla tiene el encanto de lo absurdo (como cualquier otra de esta serie) acaso por sus contradicciones son extremas y porque un paleto siempre tiene un punto risible. Y en Nueva York, vale la pena recordarlo, todo el que no era neoyorkino, era paleto.