FICHA

Titulo original: The High Chaparral
Título en España:  El Gran Chaparral
Temporadas: 4 (98 episodios)
Duración episodio: 60 minutos
Año: 1967-1971
Temática: Western
Subgénero: Aventura
Resumen: Una familia llega a un rancho de su propiedad justo después de un ataque de los indios. La esposa y el hijo morirán y su propietario se verá obligado a pactar o pelear con distintas fuerzas para salir adelante.
Actores principales: Leif Erickson, Cameron Mitchell, Mark Slade, Linda Cristal, Henry Darrow, Don Collier, Robert F. Hoy, Roberto Contreras, Ted Markland, Rodolfo Acosta, Jerry Summers, Frank Silvera, Rudy Ramos, Henry Wills, Michael Keep, Rico Alaniz
Lo mejormás que un western es casi una epopeya.
Lo peor: el color de la época no da la sensación de grandeza del paisaje que hoy se tendría.
¿Cómo verlo?: Puede comprarse en DVD y bajarse mediante programas P2P. Algunos episodios están en YouTube en castellano

Puntuación: 8

Edisodios en castellano

Lo mínimo que puede decirse de EL GRAN CHAPARRAL

Vaya por delante que no somos muy aficionados al western y que no lamentamos que a partir de mediados de los 70, este género cayera en desuso en las series televisivas. A decir verdad, la primera generación de los que crecimos con la televisión nos vimos afectados por una inflación de series del farwest que, a muchos nos inmunizó para siempre. Sin embargo, hubo algunas series que tuvieron personalidad propia: El Rebelde (por el carácter de su protagonista, un ex combatiente confederado), Jim West (por su concepción inédita), Bonanza (siempre familiar), Rin-Tin-Tin (la más próxima a la infancia), Daniel Boom (por la época previa a la independencia en donde se forjaba el “carácter americano”), o El Llanero solitario (por la fantasía que despertaba)… pues bien, a estas series inolvidables, se unirían otras dos que podemos definitorias de la “epopeya americana”: Caravana (1957-1965) y El Gran Chaparral (1967-1971). En la primera, los protagonistas andan en busca del paraíso perdido en la “nueva frontera”, en la segunda, lo han encontrado y es un territorio en Tejas. Moisés ha llegado a la “tierra prometida” tras vagar por el desierto.

LA CONQUISTA DEL OESTE, NARRADA EN TÉRMINOS DE EPOPEYA

Todo país necesita mitos. El mito da identidad a una nación, aglutina en torno suyo a un pueblo, le dice quién es, cómo se ha forjado y, por tanto, cuál es su destino. La crisis de nuestro país se debe a que hemos tirado por la borda la posibilidad de tener un “mito fundacional”. No es que falten, es que se ha renunciado a ellos. Sin embargo, en los EEUU siempre se ha preocupado de mantener el calor de algunas páginas de su historia: la constitución, el Motín del Té de Boston, la Guerra de la Independencia, la Declaración de Derechos, Lincoln, la Guerra de Secesión, la conquista del Oeste, El Álamo, el Maine, Earl Harbour, el “incidente de Tonkín”, el 11-S… Un mito se mantiene y se transmite a través de la enseñanza, las costumbres y, por supuesto, los medios de comunicación actúan como factor de irradiación. El cine y la televisión, en primera fila.

En 1962 se estrenó La Conquista del Oeste, una superproducción de dos horas y media elaborada por John Ford y proyectada en Cinerama (un espectacular sistema en el que tres proyectores emitían en una gigantesca pantalla unas imágenes envolventes). Eran los tiempos en los que JFK hablaba de la “nueva frontera” que los EEUU tenían que conquistar y se trataba de actualizar el mensaje de El nacimiento de una nación (1915) de Griffith. La Conquista del Oeste recordó a los norteamericanos quiénes eran (pioneros, granjeros y vaqueros) y cómo habían construido su país (luchando contra los elementos y los indios), les había dado una misión y un destino (la gran marcha hacia el “lejano Oeste”, el farwest), desplazando siempre la frontera hacia delante. Ahora, en 1962, JFK quería conquistar una “nueva frontera” y era preciso recuperar los valores y la dureza originarios.

A partir de esta película que causó un impacto extraordinario en la sociedad norteamericana, pueden entenderse la inflación de series de la misma temática. Y en este contexto nació El Gran Chaparral, Caravana, Bonanza y tantas otras.

¿QUÉ ERA “EL GRAN CHAPARRAL”?

La zona en donde transcurre la trama se sitúa en un lugar indeterminado en el Estado de Arizona (se menciona a la ciudad de Túcson) fronterizo con México y que en otro tiempo perteneció a la Corona de España. No hay lugar en aquella geografía (ni en ninguna otra) que se llame “el Chaparral”. El Diccionario, como siempre, no nos aclara mucho las cosas: Chaparral: “sitio poblado de chaparros”. Y para chaparro, la más adecuada sería la de “mata de encina o roble, de muchas ramas y poca altura”, que no es precisamente lo que nos muestra la serie (un desierto repleto de cactus enormes, erizados y rectilíneos). Pero “chaparro” es, también alguien rechoncho. Así pues, habrá que pensar que el “chaparral” es una especie de llanura agreste en la que proliferan los cactus. Hay que acudir al primer episodio de la serie para conocer su significado: la primera esposa del protagonista bautiza el rancho de varios miles de acres como “El Gran Chaparral”.

Así pues, es el nombre de una propiedad típica de los EEUU, propiedad de un hacendado y poblada por sus vaqueros. La ganadería es su negocio. Pero el lugar está determinado por su emplazamiento geográfico: por allí actúan los indios de “Cochise” y, además, hacia el sur, está un gran hacendado mexicano de mala rima, “Don Sebastián Montoya” llamado por los suyos “El León de Sonora”. El protagonista, que acaba de perder a su esposa en un ataque indio y que casi perderá a su hijo en el siguiente asalto, dice con una lógica militar implacable: “Puedo combatir a los indios, puedo combatir a Montoya, pero no a los dos al mismo tiempo”. Y se decide a pactar con el mexicano el cual para sellar la alianza le propone que se case con su hija. No le cuesta mucho porque la chica está de muy buen ver. De la familia originaria, al acabar el piloto, sólo queda el hermano del hacendado, un borrachín leal y eficiente. El resto de personajes (los vaqueros que componen su equipo, y “Victoria”, la hija de Montoya devenida “amantísima esposa” del protagonista). Tal es el arranque de la serie.

UNA SERIE CON DIÁLOGOS GENIALES Y BUENOS ACTORES

Dejando aparte que lo que nos cuenta la serie en cada episodio es llevadero, su música espectacular (tanto como la orquestada por Henri Mancini para el anuncio de cigarrillos Marlboro que se hizo emblemático en los 60) y las actuaciones de los protagonistas buenas en grado superlativo, lo más destacable de la serie son los diálogos que en algunos momentos rozan la perfección de la mejor literatura (“Soy un hombre recio, no sé amar; hasta la palabra se me atora en la garganta” dice el padre o “¿Por qué te ríes? “No lo sé, siempre río antes de pelear, me hace sentir todavía vivo” nos cuenta “Manolito Montoya”, hijo del mexicano, bribón y borrachín, o “Esta es una bella tierra, es nuestra tierra y lo será por mucho tiempo”…).

Serie atenta a los pequeños detalles (los mexicanos beben tequila, los yankees, whisky), no particularmente sectaria en relación a los mexicanos (“nuestros vecinos”), ni a los indios (“eran los propietarios de esta tierra, luchan por lo suyo”), la caballería de los EEUU no sale muy bien parada (“ustedes persiguen a los indios y los matan”), pero sí el principio patriarcal de autoridad encarnado por el protagonista, “John Cannon”, un hombre duro como el pedernal y que exige la misma dureza a los que están con él (o de otra forma no sobrevivirían), pero al mismo tiempo es comprensivo y tolerante.

Vale la pena decir algo de los tres protagonistas centrales: “John Cannon” está interpretado por Leif Erickson (1911-1986). Tenía cincuenta años cuando interpretó la serie. Había participado en distintas series, casi todas ellas westerns, como actor invitado o secundario y en los años 30 y 50 participó en películas notables y junto a actores de renombre. Cuando llegó a El Gran Chaparral era un actor consumado. Al concluir, siguió apareciendo en series televisivas de todo tipo. Era un actor de carácter y hubiera resultado difícil encontrar en la época a otro que transmitiera la sensación de padre, marido, jefe y hacendado con tanta fuerza.

Cameron Mitchel (1918-1994), habitualmente “malo” de las películas, en esta ocasión es el hermano borrachín y peleón, pero también leal y buen fajador que está siempre al lado de su hermano. También era un actor experimentado en la pantalla grande y las tablas de Broadway. Tras concluir El Gran Chaparral desplazó su carrera a Europa en Italia filmó películas de terror en Italia y spagheti-western en España.

Finalmente, la actriz Linda Cristal, nacida en la República Argentina, de rostro sereno, pelo negro en vertiginosa cascada y belleza inconmensurable, interpretaba a “Victoria”, la hija de “Montoya”, hermana de “Manolito”, convertida en “Victoria Cannon”. Sus romances en Hollywood fueron célebres: con Joe Saxo, con Cary Grant, con Rock Hudson, con Adam West (protagonista de Batman), a pesar de que no se tiene la certeza de que todos ellos fueran reales. En la actualidad, vive en Buenos Aires retirada de los escenarios. Tras El Gran Chaparral se la vio como actriz invitada en distintas series norteamericanas, incluidas Vacaciones en el mar y La isla de la fantasía.

Una serie digna de verse y que puede revisarse con facilidad (todos sus episodios están en YouTube en castellano). El emblemático es, sin duda, el primero de todos, que se prolonga por espacio de hora y media, pero que, también, nos da la medida de la serie. Apta para todos los amantes del cine del farwest y del western.