FICHA

Titulo original: The Persaders!
Título en España:  Los persuasores
Temporadas: 2 (24 episodios autoconcluidos)
Duración episodio: 50 minutos
Año: 1971-1972
Temática: Thiller
Subgénero: Aventuras
Resumen: Dos play-boys internacionales, uno norteamericano y el otro inglés, afrontan distintas aventuras resolviendo casos criminales, de espionaje y misterios
Actores principales: Tony Curtis, Roger Moore, Laurence Naismith, Juliet Harmer, Susan George, Victor Platt, Ian Hendry, Catherine Schell, Joss Ackland, Larry Storch, Joan Collins, Peter Bowles, Jennie Linden, Peter Vaughan, Andrew Keir, Kate O’Mara, Stephen Greif,Shane Rimmer, James Cosmo, Michael Sheard, Jean Marsh, Margaret Nolan
Lo mejor
el arranque de la serie.
Lo peor: protagonistas increíbles.
¿Cómo verlo?: puede conseguirse a través de programas P2P. En youTube pueden verse algunos episodios.

Puntuación: 6

EPISODIO PRIMERO (EN INGLÉS)

EPISODIO PRIMERO (EN CASTELLANO)

Lo mínimo que puede decirse de LOS PERSUASORES

En 1971 una serie protagonizada por dos actores que se encontraban en el momento álgido de sus carreras, Roger Moore y Tony Curtis, estaba, aparentemente, llamada al éxito. Y sin embargo, apenas duró una temporada, se filmaron 24 episodios y constituyó un relativo fracaso comercial: las expectativas fueron muchas, pero los resultados económicos limitados y la audiencia más baja de lo que se preveía. Moore se volcó a partir de entonces en la serie 007, mientras que la carrera de Curtis inició su declive.

DOS PLAYS BOY DE LA ÉPOCA

En los años 60 y 70 cuando a los jóvenes se les preguntaba lo qué querían ser de mayores, ya no respondían con las profesiones que acaparaban sus sueños de infancia (panadero, arquitecto, pescador), sino “play-boy”. El “play-boy”, por definición, era aquella persona que no tenía problemas económicos, le salía el dinero hasta de las orejas y se dedicaba a disfrutar de su fortuna sin dar un palo al agua. Se conocían los nombres de los “play-boys” y sus líos de faldas, pero no sus ocupaciones. Se daba por sentado que disponían de las 24 horas del día para dedicarlas al ocio. La Costa Azul era una especie de Meca de este gremio, si bien poco después, una rama pasó a Marbella.

A la vista de su popularidad de la figura del “play boy”, algunos showrunners de los 70 optaron por convertirlos en personajes de series televisivas. Los persuasores fue el primer intento y resultó frustrado. Hart to Hart, tendría más suerte. Luego, durante los 80, los culebrones de éxito, estilo Dinastía (1981-1989) o Falcon Crest (1981-1990) ocuparon ese espacio de lujo y ostentación.

En la actualidad, este tipo de series se han abandonado y la figura del “play-boy” permanece como un recuerdo de los 30 años gloriosos de la economía mundial (de 1943 a 1973) en los que la palabra “crisis” era desconocida. Desde hace un tiempo, en cambio, abundan las series para “emprendedores”, desde Mad Men (2007-2015), hasta Lost (2004-2010), en el que se prioriza las cualidades de liderazgo de los protagonistas, sobre su capacidad de ocio. No son las únicas: lujo obtenido con esfuerzo, en lugar de lujo caído del cielo

Un resto disminuido de aquella tendencia hacia la ejemplificación del “play boy” sería Castle (2009-2016) en donde el protagonista vive una vida de lujo, pero, a diferencia del “play-boy” clásico, entrega su tiempo a resolver crímenes para iluminar su senda como escritor de éxito.

LA SERIE DE ROGER MOORE Y TONY CURTIS

“Danny Wilde” (Tony Curtis) es millonario norteamericano, hecho a sí mismo, listo más que inteligente, y que apenas se defiende con unos pocos rudimentos aprendidos en la escuela; ha nacido en las calles y se hizo millonario con el negocio del petróleo. En el curso de una absurda pelea en un restaurante de la Costa Azul, es encarcelado con su oponente, “Lord Brett Sinclair” (Roberg Moore), hijo de una ilustra familia británica, estudiante aventajado de Oxford, piloto de carreras y antiguo oficial del ejército. Tras reconciliarse en el furgón policial, ambos hacen buenas migas y empiezan a colaborar gracias a que un juez les ofrece la posibilidad de conmutar la sentencia de 90 días por unos trabajos para “el juez Fulton” (Laurence Naismith). A partir de ese momento, en ocasiones por iniciativa propia y en otras como favor a “Fulton”, emprenden una serie de investigaciones y aventuras que les conducen a indecibles peripecias, líos sin fin que siempre, como podía esperarse, se resuelven felizmente para la pareja.

La serie está realizada en clave de humor, al menos en lo que se refiere a las relaciones entre los dos protagonistas. Pero se trata de un humor algo forzado. Da la sensación como si Roger Moore siguiera por inercia interpretando a El Santo, mientras que Curtis está en el mismo papel que había interpretado en La carrera del siglo (1965), muy alejado de sus grandes papeles dramátcos. El feeling entre ambos resulta forzado y ambos sobreactúan con unos diálogos que no son un dechado de ingenio.

A fin de cuentas, el humor en esta serie es el recurso esencial mucho más que la trama en sí misma. La comicidad debería estar garantizada por las contradicciones entre los rasgos otorgados por los guionistas a ambos personajes: el alocado, aventurero y echado p’alante encarnado por Curtis y el mesurado, sereno y refinado Roger Moore. Los guionistas no supieron dar con una dinámica que aprovechara estos rasgos y la serie quedó como producto brillante en grado de frustración.

EN EL CAJÓN DE LOS RECUERDOS

La serie no satisfizo los gustos del público y murió al cabo de 24 entregas sin terminar de convencer. Los años han contribuido a confirmar aquella impresión de la audiencia de los 70: se trataba de una serie limitada cuyo presupuesto se iba, sobre todo, en el pago de las nóminas de los dos protagonistas. Había sido concebida para tener éxito entre el público anglosajón (no era por casualidad que uno de los protagonistas fuera inglés y el otro norteamericano), y los países latinos quedaban fuera de su campo de aplicación. Pero ni siquiera el público para el que había sido elaborada, supo apreciarla. Tenía defectos de guionización y, más concretamente, en los diálogos pero carecían del ingenio que hubiera sido de desear en una serie concebida como comedia de acción.

Hoy se sabe que los dos protagonistas no se llevaban muy bien durante el rodaje. Se soportaban, actuaban juntos, pero nada más y, sobre todo, cuando había una estrella invitada, la rivalidad entre ambos se disparaba (si hemos de creer a Joan Collins). La seria dejó algunas deudas que la cadena ABC trató de compensar más tarde editando los 24 episodios en DVD.

Si se hace abstracción de los diálogos, la serie puede verse todavía. En ella se percibirán el lujo y las costumbres de los 70, los vehículos más codiciados, las modas y los lugares más sofisticados. Servirá para eso y será apreciada por aquellos que les interesen estos particulares, de la misma forma que será un testimonio de las actuaciones de los dos protagonistas que tienen su lugar en la historia de la cinematografía en la segunda mitad del siglo XX.