FICHA

Titulo original:  Fantasy Island
Título en España:  La isla de la fantasía
Temporadas: 7 (158 episodios)
Duración episodio: 60 minutos
Año: 1978-1988
Temática: Fantasía
Subgénero: Drama
Resumen: En un especie de parque temático llegan turistas que han comprado un “paquete de la felicidad” para hacer realidad sus sueños que a veces les llevan a problemas imprevistos pero que, siempre, terminan realizándose
Actores principales: Earl Bellamy, Leslie H. Martinson, Philip Leacock, George McCowan, Lawrence Dobkin, Rod Holcomb, Richard Benedict, George W. Brooks, Don Chaffey, Jerome Courtland, Vince Edwards, Carl Kugel, Ricardo Montalban, Gene Nelson, John Newland, Larry Stewart, Robert C. Thompson
 Lo mejorserie positiva que siempre da lugar a la esperanza.
Lo peor: increíble hasta lo siniestro.
¿Cómo verlo?: Algunos episodios pueden verse en YouTube. Puede recurrirse a programas P2P y comprarse en DVD

Puntuación: 6

PRESENTACIÓN DE LA SERIE

EPISODIO TIPO (en catellano)

Lo mínimo que hay que saber sobre LA ISLA DE LA FANTASÍA

Imaginemos un lugar en el que cualquier sueño se convierte en realidad. Es, por supuesto, un lugar caro, una especie de spa situado en una esquina privilegiada del planeta (acaso Hawai o algún lugar del pacífico). Si uno está dispuesto a pagar (y puede hacerlo), una cantidad desorbitada, podrá reclamar si sus sueños no se convierten en realidad. Así pues, el título de la serie no llama a engaño y en cada episodio un hidroavión aterriza en la isla llevando a dos pasajeros (o familias) que verán realizados sus sueños… pero sin que medie una hora de angustia, sufrimiento, tensión y se roce la tragedia. La serie La isla de la fantasía pudo prolongarse, a pesar de este extraño y excéntrico planteamiento durante diez años.

LA FELICIDAD COMO OBJETIVO

El planteamiento inicial del creador de la serie, Gene Levitt era elemental: todos queremos ser felices, raros son los seres que rechacen introducir cierto hedonismo en sus vidas, así que vamos a crear un lugar en donde la felicidad convertida en “producto” comercial, se dé a quien quiera y pueda pagar un precio en dólares. La estancia en la Isla de la Fantasía, viene a costar 5.000 dólares de los años 80 que serían en la actualidad como 30.000 de nuestro tiempo. Pero no se trataba de dar a quienes acudieran su capricho con facilidad sino que había que utilizar el tema como excusa para dar lecciones moralizadoras. Así pues, la serie estaba concebida como una tragicomedia familiar y educativa. Y salió, más o menos, como su creador se propuso.

En su orientación podía situarse entre Autopista hacia el cielo (1984-1989) que apareció en aquellos mismos años aunque algo después y la reciente The Booth at the End. En relación a la primera tiene el mismo mensaje buenista, hortera e ingenuo-felizote, sólo que en lugar de un ángel que pasa por la Tierra (Michael Landon) repartiendo paz y amor, dicha y felicidad, premios a las buenas acciones y reprimendas a los villanos, nos encontramos con una extraña pareja, el que parece propietario o gerente del hotel y su factótum, ambos vestidos de un blanco impecable y que, entre sí tienen habituales discusiones. Pero, al final, quien tiene relación con ellos así como con el angélico Landon, conocen la felicidad.

En los años 70-80 el “sueño americano” todavía era posible (lo era incluso el español: piso de propiedad, utilitario y apartamento en la playa) y series como esta lo único que hacían era introducir un elemento “providencialista” en la ecuación que animaba al americano medio a actuar para conseguirlo. Sin embargo, las distintas crisis y especialmente la que estalló en 2007, trastocaron todo esto y aquel sueño, que ya estaba muerto, fue enterrado definitivamente. Pero la gente seguía queriendo la felicidad. Y esto era lo que le proporcionaba el misterioso individuo situado en la mesa del fondo de un dinner-bar. Los sueños eran menos idealistas y mucho más prosaicos. Los tiempos habían cambiado, pero las tres series tienen algo en común: el mensaje de que una intervención ajena y providencial puede variar el curso de las cosas.

LA “EXTRAÑA PAREJA”

Los personajes fijos de la serie eran dos, un crepuscular Ricardo Montalbán y aquel actor enano que apareció en la televisión de los 80 como émulo de Felipe González respondiendo a la pregunta de Javier Gurruchaga: “¿el poder mengua?”. Se trataba de Hervé Villechaize (1943-1993), que a los tres años sufrió problemas agudos de tiroides y dejó de crecer quedándose con 122 cm. Su rostro, efectivamente, tenía un remoto parecido con el que entonces era jefe del gobierno español, mejillas y labios carnosos, ojos ladinos y pelo negro enmarcando el rostro. Era un tipo, al parecer, excepcional, que había hecho de su enfermedad la fuente de su éxito. En 1974 ya había aparecido en la serie 007 como auxiliar de “Francisco Scaramanga” (Christopher Lee), en El hombre de la pistola de oro y cuatro años después, esta serie renovó su fama. Sin embargo, era difícil en el trato, demasiado atraído por las faldas, propenso a conductas impropias con el reparto femenino y, para colmo, excesivamente exigente en lo relativo a honorarios. Todo lo cual hizo que en 1987 fuera despedido, a pesar de que era uno de los puntales de la serie. Ésta, apenas resistió un año más y fue clausurada por descenso radical en las audiencias. En La isla de la fantasía, Vellechaize (que, finalmente, se suicidó en 1993, tras problemas respiratorios y crisis alcohólicas) era “Tattoo”, un especie de encargado de mantenimiento y de las labores administrativas del complejo hotelero de la isla.

“Tattoo” y su jefe, “el señor Roarke”, vestían siempre de blanco. Este último papel era interpretado por Ricardo Montalbán (1920-2009), actor de origen mexicano e hijo de inmigrantes españoles y que gozó de fama mundial en las décadas 60-80. Aun hoy se le considera como uno de los malvados más logrados en la serie Star Trek (fue “Khan Noonien Singh”) y su papel secundario en La conquista del este (1968) dejó, así mismo, huella. La isla de la fantasía marcó el punto álgido de su carrera que se prolongó años después, esporádicamente, en series como Los Colby (1985) y Se ha escrito un crimen (1984-1996).

Si ciertamente, la americana, los pantalones, el chaleco, la camisa, la corbata y los zapatos de “Tattoo” no llamaban particularmente la atención, ver a un galán de algo más de 1,80 metros de altura provisto del mismo atuendo, con una raya en el pantalón trazada con tiralíneas y una americana absolutamente sin arrugas, parecía de lo más hortera y de un elegancia cutre y pretenciosa. Pero lo peor no era eso, sino que la “extraña pareja” destilaba una sensación siniestra: “Tattoo” demostraba ser el erotómano que realmente era, obsesionado por las faltas y siempre reprendido por su jefe. Éste, por su parte, no podía evitar, por mucho que se esforzara Montalbán (un actor, por lo demás, excepcional), esbozando una sonrisa más falsa que el relleno de un sujetador, que se percibiera en el fondo de sus ojos, esa mirada que le dio acceso a tantos papeles de malvado.

Además, los tragos por los que se hacía pasar a los ingenuos visitantes de la Isla, por moralizadores y edificantes que fueran, no dejaban de ser en su inmensa mayoría de una crueldad inaudita y de un sadismo psicológico extremadamente depurado.

VALORACIÓN DE CONJUNTO

La isla fantasía perteneció a ese género, hoy archivado definitivamente, que aspiraba a dar lecciones morales a través de fábulas en las que el elemento dramático y el cómico se mezclaran inextricablemente. Visionarlo hoy nos da una perspectiva excepcional de aquella época, e incluso es probable que nos entretenga y nos divierta, si somos capaces de aguantas las verdaderas putadas a las que se somete a los visitantes de la isla, que para colmo han pagado un platal. De todas formas, tranquilos, porque todos obtienen lo que han venido a buscar.

Serie de planteamiento ingenuo en algunos momentos y en otros, retorcido y, casi malvado, habla un lenguaje que ya ha quedado muy atrás. Hoy no se narran las historias como lo hacían en aquellos años. Si no fuera porque hoy los niños empiezan pronto a arrojarse en manos de los videojuegos cabría decir que la serie podría gustar a los que ronden entre 7 y 14 años. No más. Aunque vistas así las cosas, podría gustar también a los que aspiren a recuperar aquella ingenuidad perdida.