FICHA:

Título original: Man About the House
Título en España: Un hombre en casa
Temporadas: 6 (39 episodios autoconcluidos)
Duración episodio: 30 minutos
Año: 1973-1976
Temática: Dos chicas precisan de una tercera persona para pagar el apartamento en el que viven y aceptan compartir piso con un amigo que se ha quedado dormido en el baño después de una fiesta gracias a sus habilidades culinarias
Género: Comedia de situación
Subgénero: Vida urbana.
Actores principales: Richard O’Sullivan, LPaula Wilcox, Sally Thomsett, Brian Murphy, Yootha Joyce.
Lo mejor: estudio sociológico de la juventud de lso 70.
Lo peor: la caracterización demasiado esquemática de la morena como lista y la rubia como tonta.
¿Cómo verlo?: Algunos episodios pueden verse en youTube en versión original. Están a la venta en DVD y BlueRay dobladas en castellano. También pueden bajarse mediante programas “peer two peer”.
Puntuación: 6,5

Todo lo que hay que saber sobre UN HOMBRE EN CASA

Hay series que son importantes en sí mismas y que prolongan su éxito después de desaparecidas gracias a spin-off notables. Cheers (1982-1993), por ejemplo, no desapareció al cabo de las once temporadas, logró mantenerse a través de uno de sus personajes, Frasier (1993-2004), durante otro ciclo que, incluso, en algunos aspectos, superó la comicidad del original y, desde luego, lo actualizó. Otro tanto ocurrió con una serie británica precedente emitida por Televisión Española en los momentos más duros de la transición, entre el 11 de abril de 1978 y el 5 de enero de 1979, Un hombre en casa (1973-1976) que tuvo dos secuelas, una de ellas que superaba el original, Los Roper (1976-1979) y otra que no contó con el mismo éxito y se extinguió en apenas una temporada, El nido de Robin (1977).

UN HOMBRE EN CASA O LA FANTASÍA DEL MENAGE A TROIS

Uno de los factores del éxito de la serie en aquellos momentos (la “revolución sexual” apenas tenía 10 años en EEUU cuando empezó a filmarse esta serie y llegó tardíamente a España, coincidiendo más o menos con su emisión en nuestro país) era el “menage-a-trois”. Todo hacía pensar que, antes o después, los protagonistas de la serie, terminarían haciéndola realidad. Sin embargo, los episodios son castos y esta posibilidad que permanentemente planeaba en la lujuriosa mentalidad del espectador (y que los guionistas cultivaban en cierta medida), nunca terminaba de concretarse, pero siempre había la esperanza de que en el episodio siguiente, “algo” ocurriera. Y nada, que no. Al protagonista, “Robin”, le gustaba la morena (“Crissy”). A fin de cuentas era el personaje juicioso, moderado, enérgico y bienpensante. La rubia (“Jo”), por el contrario, más atractiva, fantasía sexy de muchos adolescentes de la época, era, literalmente, una tonta del bote. Y, para colmo, “Robin” le era completamente indiferente para la morena.

Esta correlación de fuerzas hacía que la serie, poco a poco, nos fuera pareciendo cada vez más a la obra de teatro de Jean-Paul Sarte, A puerta cerrada (en donde, el infierno son los otros), mucho más que al “menage-a-trois” esperado. Se trataba, en cualquier caso, de una comedia de situación diseñada para que el espectador se viera convulsionado semanalmente por treinta minutos de sonrisa permanente alternada con crestas de carcajadas. Cuando aparecían los créditos, los realizadores, guionistas, equipo técnico y actores, podían darse por satisfechos: la serie nunca defraudó al público.

LA JUVENTUD INGLESA DE AQUELLOS AÑOS

Los jóvenes eran así en aquella época: ya por entonces sus salarios alcanzaban difícilmente para pagar un piso, así que empezaban a verse obligados a vivir juntos tras abandonar el domicilio paterno (porque, entonces, raro era el joven que al cumplir 23 años seguía en la casa de sus padres). Especialmente a partir de 1973, cuando estalló la primera crisis económica mundial de la postguerra que ponía broche final a los “treinta años gloriosos” de la economía, los salarios se estancaron y, a partir de ese momento, fueron perdiendo, cada vez más,  poder adquisitivo, el paro aumentó y puede decirse que uno de los factores que contribuyeron al éxito de esta serie fue que respondía bastante bien a la realidad de la juventud británica de la época.

La serie es completamente diferente a la que empezó a emitirse en 1982 y que también tenía como protagonistas a “los jóvenes”. Vale la pena referirse aquí a The Young Ones (emitida en España como Los jóvenes) y que nos muestra, con menos de diez años de distancia a cuatro protagonistas en los años del thatcherismo. A diferencia de los protagonistas de Un hombre en casa, que, simplemente, buscan un lugar en la vida, ingresos que les permitan casarse y llevar una existencia, similar a la de sus padres, es decir, que tienen esperanza en el futuro y deben luchar para conquistarlo, los protagonistas de Los jóvenes, están, literalmente, hechos polvo: pertenecen a las distintas tribus urbanas en las que se había fracturado la juventud británica en los diez años que median entre ambas series. El mod, el punky, el skin, el ácrata neo-hippie, que la protagonizan, evidencian la irrupción de las “tribus urbanas”: ya no hay una forma de ser joven, sino muchas, cada una con sus reglas, sus ritos y sus constantes.

Lo que va de una serie a otra es lo que va de una juventud que se vio afectada por una crisis que no esperaba a la juventud que renunció a entender y superar esa crisis.

Otro tema importante en la serie: el modelo machista que había imperado en la concepción de la vida del joven varón, empezaba a desmoronarse. Con Un hombre en casa, el tubo catódico de la época nos permitió ver, en vivo y en directo, el comienzo del declive de la virilidad y el cambio en la percepción de lo masculino o, si se prefiere, el origen de la feminización del mundo.

LOS JÓVENES Y LOS MAYORES: LA CONTRAPARTIDA DE LOS VECINOS

Los tres protagonistas de Un hombre en casa, cada uno con su personalidad muy bien definida en la serie (“Robin” con un trabajo de cocinero y poco carácter, “Crissy” marimandona y “Jo” icono sexy), en su convivencia, sugieren que en la época, el modelo de familia burguesa británica estaba siendo cuestionado y no atraía a los jóvenes. Este modelo está representado por sus vecinos y propietarios del piso en el que viven. Es el insufrible matrimonio “Roper”. Ella es la típica mujer frustrada de la época, comprensiva pero cansada de la vida que le ha tocado en suerte; él, es un parásito cínico, vago y desaprensivo que vive de una pensión y jamás se le ocurre dar un palo al agua. Así veían los jóvenes a muchos de sus mayores.

Los “Roper” aportan mucho a esta serie. Están siempre presentes en todos los episodios. Son los tradicionales metementodo; un matrimonio mal avenido, harto uno del otro, pero incapaz de vivir uno sin el otro. Interfieren continuamente en la vida de sus jóvenes vecinos, desconfían de ellos (especialmente “George Roper”), intentan aprovecharse o buscar en ellos interlocutores válidos para compensar sus problemas familiares (habitualmente es la función de “Mildred Roper”). Pero no hay nada que hacer: cualquier diálogo es imposible. La serie nos está marcando el momento cuando, superados los 60, la “ruptura de generaciones” ya es un hecho, la brecha ya está ahí, insuperable y reconocida. En Los jóvenes, la figura de los padres, prácticamente ni aparece: son jóvenes contra jóvenes. El mundo de los adultos está ausente o, simplemente, aparece como caricatura y trasfondo. La ruptura generacional lleva a generaciones que se ignoran una a otra.

UNA SERIE PARA RECORDAR CÓMO ÉRAMOS Y CÓMO ERA NUESTRO ENTORNO

Si de lo que se trata es de reír y buscar motivos para la carcajada, esta serie nos los proporciona en todo su metraje.  Si algunos hijos de treinta años quieren conocer cómo era el mundo de sus padres hoy sesentones, esta serie les dirá mucho. Si de lo que se trata es de realizar un análisis sociológico de los efectos de la crisis económica de 1973 y de la ruptura generacional, en Un hombre en casa, pueden encontrarse algunas de las claves. Es una serie que puede satisfacer incluso a los que prefieren los ensayos sociológicos y no se prodigan mucho en el manejo del mando a distancia. Serie divertida, en cualquier caso, que tiene la virtud de enseñarnos a los mayores cómo éramos y lo que teníamos en la mente en los 70.